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El hombre, entre la bestia y el ángel

El hombre, entre la bestia y el ángel

El hombre, entre la bestia y el ángel
junio 28
14:15 2015

El surgimiento de la vida a partir de la materia inorgánica fue un salto evolutivo de gigante. El desarrollo del cerebro pensante fue otro paso donde la materia adquirió consciencia de sí misma.

¿Quién sabe, por otra parte, si la razón de nuestra existencia humana no está en nuestra existencia misma? Quizás hemos sido arrojados al azar en un punto de la superficie terrestre, sin que podamos saber el cómo y el por qué, sino solamente que debemos vivir y morir.

Desde hace aproximadamente medio millón de años, el crecimiento del cortex de los homínidos experimentó una súbita aceleración, mientras otras estructuras inferiores permanecían relativamente estabilizadas.

Así, nuestras funciones intelectuales son ejercidas por los estratos más recientes y desarrollados del cerebro, mientras nuestra vida afectiva y apetitos continúan siendo dominados por un sistema primitivo básicamente reptiliano.

Este cerebro inferior vendría a representar la sede del “ello” freudiano, el punto de origen de todos los impulsos libidinosos y agresivos que mueven desde “abajo” nuestro comportamiento.

Todos tenemos la errónea idea de que el cerebro humano es un órgano para pensar. El cerebro humano es un órgano para buscar alimentos, lo mismo que el hocico del cerdo. Es sólo una parte ensanchada de la médula espinal, cuya primera función es sentir el peligro y conservar la vida. No olvidemos que fuimos animales antes de ser pensadores.

Semejante situación explicaría la diferencia que a menudo existe entre lo que nos dice la razón y lo que nos exige el sentimiento, y en definitiva contribuiría a explicar esas contradicciones entre la “bestia” y el “ángel” que acompañan, como la sombra al cuerpo, la vida de todos nosotros.

El proceso evolutivo favorece al depredador, porque “utiliza” a la presa para que explote por él los recursos primarios. Nosotros devoramos vegetales que procesan la energía solar y los minerales y devoramos los animales que comen los vegetales.

Hay en nosotros una ley natural, un conocimiento del bien y del mal que no ha sido grabado en el corazón de los animales. Un animal hambriento divide el medio ambiente en cosas comestibles y no comestibles. Un animal en fuga ve caminos para escapar y lugares para ocultarse. En general, el objeto cambia según las necesidades del animal.

Es decir, conviven en nosotros dos mundos fundamentalmente distintos: el mundo físico del acaecer espacio-temporal y el psíquico de los fenómenos de conciencia.  No hay modo de comprender que un proceso corporal-físico provoque un proceso de conciencia, pues si bien como “proceso” tiene siempre de común con él el factor del transcurso temporal, su contenido no es espacial ni temporal. La unidad de la esencia psicofísica del hombre es totalmente metafísico e irracional.

Suponer una causalidad psicofísica que rija directamente a uno y otro lado de la línea divisoria, es una ingenuidad. Por consiguiente, su modo de determinación tiene que ser en algún sentido trans-causal como un proceso a la vez metafísico y metapsíquico.

La cultura griega fue la razón del espíritu que nos encumbró por encima de todos los demás seres, equiparándonos con la divinidad misma en una relación vedada a cualquier otro ser.

Fue el cristianismo, con sus doctrinas del dios hombre y del hombre como hijo de Dios, una nueva exaltación de nuestra conciencia, donde nos designamos una importancia cósmica y meta-cósmica que nunca el griego y el romano clásicos se hubieran atrevido a atribuirse.

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Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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