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El hombre que no paraba

El hombre que no paraba

El hombre que no paraba
marzo 20
15:05 2015

Ángel me lo advirtió y Añel lo secundó. Aquel tipo nunca paraba y, por eso, cuando esa mujer apetecible que le dice tío me llamó preguntándome por cierto cuento o sobre alguien que vivía con chorrillos, o como se diga en español estándar, sentí que era una jugada más de él. Más claro ni el agua. La cosa tiene que ver no con esa enfermedad de las tripas perforadas o el colon lleno de bolsitas que yo conozco por experiencia propia y que alguna vez, luego de comerme un burrito con chorizo y huevo, me mandó al hospital.

Bueno, pero el tío era un trol. ¿Saben qué significa eso? Como les dije, Añel me lo explicó y Ángel completó la clase. Un trol es un hijo de puta que se mete en los sitios de Internet y molesta como ladilla en los pelos del trasero. Hay troles y troles. Los jodedores que solo molestan, interrumpen y provocan, y los que están al servicio de agencias o intereses particulares, como los islamistas o cristianos fundamentalistas. Ellos me contaron de un tal Tiro Fijo en el blog “Cuba Inglesa”, ya hace unos años, y lo he comprobado también en múltiples sitios y blogs, incluso en inglés . Pero los peores son los que actúan como agente de los Viejos de la Isla. Esos son comisarios y segurosos cibernéticos y yo no sé pero casi casi estoy seguro de que Íñigo, porque así se llama el hombre, es uno de esos troles. Claro que un trol no puede existir en los sitios de la Cuba de hoy porque ni que te asomes te bloquean. Los troles existen en un ambiente de libertad solamente, y curiosamente para joder esa misma libertad que les permite serlo.

Y te voy a comentar que el susodicho se hace el buena gente y también se mete en tu vida con un falso sentimiento de modestia mientras te halaga, te pide libros y te agradece que seas su amigo. No para de comentar y chatear con maldad intencionada hasta que logra su objetivo, que a veces tiene que interrumpir porque me confesó que, así como le gusta hablar, su locuacidad se combina con una rara enfermedad. Mientras más escribe o habla más se refugia en el baño, en el toilet o el retrete, según le quieras llamar. Y la culpa la paga su trabajo, que según él es algo nómada y se mueve por todo el país, pero you know, ya nadie le cree.

Entonces, volviendo a este individuo que no para de hablar ni de cagar, pues te diré cómo se vuelve tu amigo de la noche a la mañana para luego a emponzoñarte con su veneno. Empieza con pequeñas críticas y usa el Facebook, pues ahí nos hicimos amigos. Pero puede ser que como supuesto admirador de Neo Club Press haya socializado amablemente primero y luego… bueno. Al principio son los ataques disimulados y luego pasa a la descalificación. Lo sé por experiencia y también por otros que compartimos nuestro trabajo y le creímos un tipo inteligente en algún momento. Pero coño, ¿dónde está su labor intelectual? Porque es crítico de todo y de todos pero no tiene una obra que lo respalde. Típico cubano hablanchín que necesita llamar la atención, y entonces viene lo del Trol. Si Añel publica algo, entonces arremete contra él. Si me ha dicho que soy un buen escritor, luego señala que no hay una línea mía que valga la pena. Pero lo peor son las confesiones. No es que los años lo hayan convertido en el gran cagón frustrado que necesita descalificar a todo el mundo. No. Es que está en el señor y muchos sospechamos que se conecta con los Hijos de su madre del otro lado. Y curiosamente, mientras más lo ataca la enfermedad de la diverticulitis más se vuelve agresivo, menos amable. Parece que está en todas partes y aprovecha para cambiarse el nombre usando diferentes anónimos y muchos sitios personales.

Tal vez yo no debía mencionarlo, escribir sobre él, porque pudiera reivindicar su presencia en los medios sociales, pero esa extraña combinación de incontinencia intestinal con su malintencionada aversión para cualquier cubano disidente me obliga a incluirlo en la lista de ciudadanos cubanos infames que solo saben joder y destruir. Así las cosas y pasado el tiempo que le corresponde, vuelvo a recordar a esa mujer sensual y su extraña llamada. Me aparto del recuerdo porque, al fin y al cabo, ya lo hemos borrado de nuestros contactos, y me pregunto si a esta hora estará molestando a otros con su labor de trol. O tal vez ande por un toilet en Alaska recordando cómo el filósofo Ángel Velázquez y el escritor Julio Benítez lo mandamos a la mismísima mierda. De donde nunca debió haber salido.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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