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El legado de Barack Obama

El legado de Barack Obama
octubre 06
14:24 2015

 

Al término de su mandato, en 2016, el legado del presidente Barack Obama será dejar una situación mundial convulsa, con la paz seriamente comprometida y Occidente más acorralado por el creciente empuje del Islám político y la acción desestabilizadora de naciones antidemocráticas. Su política de repliegue en los conflictos internacionales no trajo apaciguamiento, por el contrario ha reforzado el caos en los diferentes escenarios de beligerancia.

Desde su arribo a la Casa Blanca, Obama asumió como prioridad política sacar las tropas norteamericanas de Afganistán e Iraq. Esa estrategia, una de las peores del paquete, es la responsable de que hoy la presencia del Talibán en territorio afgano se multiplique y aceche con fuerza para retomar el poder. De hecho, por primera vez desde que fueron derrocados hace 14 años, tras un ataque en la ciudad de Kundus los talibanes tomaron el control, aunque a estas alturas las autoridades aseguran que la contraofensiva del ejército los ha expulsado, con la ayuda de efectivos de la OTAN.

La complejidad a la que ha derivado Iraq resulta aún peor. Parte del país cayó en manos del Califato impuesto a sangre y fuego por el grupo terrorista Estado Islámico (EI), o ISIS, que se extiende a territorios sirios. Y el gobierno chiita que dirige la nación iraquí se comporta como una marioneta del régimen fundamentalista de los ayatolas de Irán. Esto se traduce en que el sacrificio de miles de jóvenes norteamericanos, y de otras nacionalidades, que murieron luchando contra el terrorismo en Iraq, más los miles de millones de dólares destinados para la reconstrucción del país luego de que fuera derrocado el dictador Saddam Hussein, al final no tengan un resultado beneficioso para ese pueblo y la estabilidad del Medio Oriente, ni para el apoyo y la protección de los valores occidentales.

Sin dudas, la no actuación en Siria es el desastre mas significativo dentro de los fracasos en política exterior de Obama. Lo que comenzó como una sublevación del pueblo sirio contra el régimen dictatorial de Bashar al Assad, pronto escaló a una sangrienta guerra civil a la que no se le ve fin y amenaza con desmembrar la nación. El balance del suceso bélico contabiliza mas de 220 mil muertos, la mayoría civiles indefensos, 7 millones de desplazados y unos 4 millones que se han visto obligados a buscar refugio en otros países. Hay reportes que confirman genocidios perpetrados mediante el uso de la aviación y de armamento pesado por parte del ejército sirio, así como de ataques con armas químicas a manos de las tropas del gobierno y de grupos terroristas involucrados en la contienda militar.

La inacción de Obama mientras se agudizaba el problema sirio, facilitó que el bando opositor se nutriera de combatientes yihadistas de diversos grupos islámicos, que terminaron por desplazar del protagonismo al Ejército Libre Sirio (ELS). Impulsado por sus éxitos militares, el grupo radical del Estado Islámico concentró fuerzas, rompió su obediencia hacia Al-Qaeda y declaró su Califato en amplios territorios que domina en Iraq y Siria, convirtiéndose en la mayor amenaza, además, para Occidente. También los terroristas de Al-Nusra y Al-Qaeda controlan zonas sirias, junto a la presencia de otros grupos radicales islámicos que operan en el país.

En medio de su pugna con la monarquía de Arabia Saudí por la hegemonía regional, los intereses geoestratégicos motivaron al régimen de Irán a inmiscuirse en la guerra siria en defensa de Al Assad. La alianza se basa en que Irán es la potencia árabe del Medio Oriente de profesión religiosa chiita y la dinastía de Assad representa a la minoría aluita en el poder, una rama del Islam chiita. La intervención de los iraníes se enfoca en garantizar apoyo político y el aporte de importantes recursos económicos y militares. No solo enviaron al teatro de operaciones en Siria a comandos de asesores y otros efectivos de la Guardia Revolucionaria iraní, sino que son los responsables de la presencia en el terreno de miles de combatientes de la milicia libanesa Hizbola y del grupo palestino Hamas, que se enfrentan a los rebeldes opositores y a los yihadistas que combaten al régimen sirio.

La respuesta de las monarquías del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait, Bahrein, Omán) ante la expansión Persa a Siria en defensa de Assad, es brindar apoyo a los rebeldes sirios y, aunque lo niegan públicamente, han suministrado valiosos recursos económicos y militares a los grupos musulmanes extremistas, incluido Estado Islámico. Estos grupos de yihadistas comparten con las monarquías su pertenencia a la religión suní y tienen de enemigos comunes tanto al régimen sirio como a los iraníes que les auxilian.

Turquía no se queda fuera del ajiaco y resulta un firme opositor a las pretensiones de Bashar al Assad de mantenerse en el poder. Su razón es contener el peligro que le representa la legitimación y reconocimiento internacional que ganan sus rivales kurdos por el relevante enfrentamiento y éxitos militares ante los grupos terroristas en Iraq y Siria. La condición de miembro de la OTAN de Turquía no ha sido impedimento para que su país se haya utilizado de trampolín por los miles de jóvenes extranjeros que viajan a Siria con intención de unirse a las tropas radicales del Estado Islámico. También se oponen a que EEUU apoye con armamento a las guerrillas kurdas, por temor a que las actuales circunstancias contribuyan a la independencia de esa etnia sin Estado, por el viejo reclamo que los enfrenta de crear el Kurdistán con la asociación de las poblaciones kurdas distribuidas por los territorios turco, iraquí, sirio, iraní y armenio.

La única democracia del Medio Oriente, Israel, de igual modo se ve afectada por los sucesos en Siria. La persistencia de Assad en el poder implica una amenaza para su seguridad nacional, principalmente por el traspaso de recursos y armamentos que pone en manos de Hizbola y Hamas, jurados enemigos de los israelíes. También los tentáculos de Irán en Siria representan un peligro adicional por la política que promueve de barrer de la faz de la tierra al Estado hebreo. Esta situación hace que, a pesar de la tradicional alianza judía con EEUU, no se involucre de modo más determinante en la lucha contra los grupos terroristas que enfrentan al régimen sirio.

El presidente ruso, Vladimir Putin, le puso la tapa al pomo ordenando la entrada de escuadrones de su aviación militar en el campo de operaciones en Siria. Esta acción constituye una afrenta para Occidente y para Obama un total bochorno. Contrario a la agenda de los gobiernos occidentales, las acciones bélicas de Rusia se dirigen a sostener a Bashar al Assad en el poder, más allá de combatir al terrorismo islámico. Lo prueba el hecho de que hasta ahora los bombardeos rusos se focalizan en áreas controladas por facciones rebeldes moderadas, de las que algunas reciben apoyo de EEUU, en Idelb, Hama y Homs, donde no hay presencia de yihadistas del Estado Islámico. Y es que Rusia defiende en Siria la conexión que le queda con el Medio Oriente y la única base militar con que cuenta su Armada en el Mar Mediterráneo, ubicada en la ciudad costera de Tartus.

La realidad es que mientras Siria colapsa como nación a consecuencia de la guerra entre lo que queda del régimen de Bashar al Assad, los grupos extremistas islámicos y las facciones opositoras de militares moderados, la coyuntura ha devenido en la presencia operativa de dos coaliciones que, aunque definen sus acciones como combate al terrorismo, se proyectan motivados por intereses divergentes. El bloque que tiene a Rusia a la cabeza se compone de Irán, Iraq, el régimen sirio, más las milicias de Hizbola y Hamas. Tienen su centro de coordinación en Bagdad y presionan por derrotar a los islamistas y buscar una salida al conflicto bélico imponiendo la permanencia de Bashar al Assad como presidente de su país. En el bando capitaneado por EEUU, se incluyen sus aliados occidentales, Israel, las monarquías del Golfo Pérsico y Turquía. Acá la diferencia es que exigen que la solución en Siria incluya la salida de Assad del poder.

Lastimosamente las circunstancias vuelven a confirmar que el abandono de las responsabilidades internacionales por un país primordial, como es EEUU en la salvaguarda y promoción de la paz y el desarrollo de la humanidad, siempre trae consigo una estela de consecuencias perjudiciales de impacto significativo. El precio a pagar por la ineptitud en el manejo de la política exterior de Obama, es que cada día se debilita el peso geopolítico de los EEUU en los asuntos globales, mientras se expande de modo proporcional la amenaza del terrorismo islámico y la influencia de naciones antidemocráticas como Rusia e Irán, que representan todo lo contrario a los valores occidentales. El republicano o demócrata que releve en la Casa Blanca al actual mandatario tendrá la obligación de sortear muchos obstáculos para reorientar el curso de la hoy cuestionada potencia hegemónica mundial.

Sobre el autor

Darsi Ferret

Darsi Ferret

Darsi Ferret es periodista, médico y activista. Fue declarado en el año 2010 “Preso de Conciencia” por Amnistía Internacional, y recibió ese mismo año la “Mención Honorífica” del galardón Defensores de la Libertad 2009, del Departamento de Estado de Estados Unidos. Ensayos y artículos suyos aparecen con frecuencia en medios impresos y digitales de todo el mundo.

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