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El limbo de la muerte de Fidel Castro

El limbo de la muerte de Fidel Castro

noviembre 15
18:12 2012

0_alex_castro_fotosSiguen acumulándose las pruebas de la muerte de Fidel Castro y el exilio cubano, como buen terapista, insiste en mantenerlo vivo.

La reciente ola de represión paramilitar en varias ciudades de Cuba; el anuncio de las supuestas medidas migratorias hace unas semanas; el discurso de Raúl Castro el último 26 de julio —diciéndole a los americanos que la mesa está servida— y el brutal asesinato de Oswaldo Payá, son signos anunciadores de la llegada biológica del raulismo.

Una llegada que de inicio es casi nominal, porque el hermano menor, por ahora con miedo y desorientado, sólo se está atreviendo a seguir las tareas que el difunto Psicópata en Jefe debe haberle dejado en herencia.

Los hermanos Castro siempre tuvieron aspiraciones mafiosas. Uno de los libros de texto preferidos de esos dos canallas tiene que haber sido ese refrito de “El Príncipe” que conocemos como “El Padrino”. Hoy Raúl Castro recuerda a Michael Corleone siguiendo los consejos de su padre para proteger y garantizar los negocios de La Familia. Tom Hagen sería José Ramón Machado Ventura.

¿Por qué es importante para el raulismo mantener oculta la muerte de Fidel Castro? La respuesta es muy simple: Porque se mata, se reprime, se miente, se roba y se mueven las cuentas bancarias bajo el manto (in)moral y la supuesta responsabilidad legal de Fidel Castro, mientras se apuntala, a como dé lugar, el precario edifico raulista. Al mismo tiempo se da una falsa imagen de fortaleza; porque con el hermano mayor vivo todo lo que ha estado sucediendo en Cuba en los últimos meses podría ser visto como una prueba de fuerza del fidelismo; mientras que con el hermano mayor muerto todas esas acciones se convertirían en pruebas irrefutables de la debilidad y cobardía del raulismo.    

Imaginemos por un instante que Oswaldo Payá hubiera sido asesinado un día después del anuncio oficial de la muerte cerebral de Fidel Castro. A nadie le habría cabido la menor duda no ya de que se trata de un asesinato político —cosa que pocos humanos niegan hoy— sino que detrás del mismo estaría el pánico de Raúl  Castro a la existencia de líderes opositores capaces de nuclear, llegado ese momento, a sectores muy variados de la sociedad cubana. Marta Beatriz Roque y Yoani Sánchez están en esa lista.

Hace ya varios meses que el raulismo no quiere o no puede dar ninguna prueba real del estado de salud de Fidel Castro. Las supuestas pruebas generadas por la maquinaria de propaganda de Raúl Castro son, a todas luces, insuficientes. Las fotos escaneadas, las declaraciones de algunos asalariados y la supuesta visita a un hotel —famoso por su alta densidad de “sommeliers”— no alcanzan a despejar la idea de que algo huele a podrido en la cama de Fidel Castro.

Para muchos en el exilio, sin embargo, el miedo a estar equivocados basta para dejar que las cosas sigan como van. Simplemente no se atreven a decir que Fidel Castro podría estar muerto porque consideran que, de cometer un error, de aparecer el tirano vivito y coleando, sus sagradas imágenes sufrirían demasiado.

En realidad no se trata de decir si Fidel Castro está vivo o muerto, de lo que se trata es de exigir pruebas claras de su estado de salud o de seguir presionando, en ausencia de las mismas, hasta que aparezca la verdad. Es una de esas raras situaciones de ganar-o-ganar. Si el tirano aparece muerto, pues ya; si aparece vivo, pues se le obligó a aparecer; y si no aparece ni vivo ni muerto se pone al raulismo en evidencia y se le continúa presionando para que detenga este enroque sangriento y silencioso que estamos viviendo hoy.

Hacerlo es importante, porque podríamos estar presenciando, sin saberlo, una vasta operación de descrédito, asesinato y represión de la oposición interna, aderezada —para confundir— con contactos secretos con la administración Obama y con algunos líderes del exilio. Todo eso bajo la idea de un Fidel Castro titiritero que pudo manejar los hilos —y las responsabilidades— hasta unos minutos antes de morir, no sin antes dejarle a Raúl una situación supuestamente controlada.

De ser así,  para Cuba lo peor está por venir. La ambigua situación alrededor de la salud de Fidel Castro le permitirá al raulismo asesinar, reprimir y desacreditar a los opositores con una agresividad que, como bien ha dicho Yoani Sánchez, señala el paso hacia la paramilitarización de Cuba. El cierre de otro de los tantos círculos del retroceso castrista, ese que nos lleva de vuelta hacia los “Tigres de Masferrer”, esta vez de la mano de los “Tigres de Machado Ventura”.

Si el exilio no actúa con premura y firmeza la oposición pacífica dentro de Cuba está condenada a sufrir una ola represiva como nunca antes se ha visto. Que nadie se llame a engaño: Raúl Castro y Machado Ventura van a ir por los que cuentan; van a intentar, a como dé lugar, “neutralizar” (en el argot que ellos usan) a las figuras más importantes de esa oposición. Si no pueden matar a Yoani van a intentar hacerlo con Reinaldo Escobar; si no pueden controlar a los hijos de Payá, van a intentarlo con su viuda; si no pueden dar donde quieren, por las razones que sean, siempre van a hacerlo donde duele. Nos toca a nosotros impedirlo.

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