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El lujo como demanda

El lujo como demanda

El lujo como demanda
noviembre 10
16:08 2015

 

Decía Tocqueville que la envidia era la principal característica de las sociedades plutocráticas, y quien mejor lo expresa es ese personaje balzaciano que la celebra a su favor:

“Que mis enemigos queden sin resuello y que mis amigos aúllen/ mientras a lo largo de las atestadas calles/ de tu coche nupcial/ ruedan las ruedas de cegadores radios”.

El personaje disfruta de la envidia real o la que supone le tienen los otros. El lujo y el placer se mezclan con la exhibición.

Se trata en este caso de una envidia social, superficial, y no la que conduce al mysterium-iniquitatis del que hablan los teólogos –Melville la pone en escena en Billy Budd— y que tiene consecuencias devastadoras para el que la padece y para los otros.

No es el caso de Keats ni el de Wordsworth, que aíslan al principio de placer para transformarlo en un principio único y lo vinculan a la dignidad del hombre y a una creencia ingenua en la naturaleza. Para Keats, las mujeres son lujo: aquel suave lujo/ que tuvo entre sus brazos”: La luxury en los sonetos de Shakespeare, que va más lejos que todos, coexiste a veces con el horror. El principio de placer comienza a tambalear como si coexistiera y se mezclara con thanatos.

El mismo Keats lo reconoce en uno de sus sonetos, donde habla de “The bitter- sweet of this Shakesperian fruit”, y el placer como el lujo y la belleza vinculada a la verdad en su estética entran en crisis en su lectura del Rey Lear:

Once again, the fierce dispute…

Ante el agridulce sabor del fruto shakesperiano, Keats ruega a Shakespeare que lo proteja de la desolación y, si es consumido por el fuego, que lo resucite como el Ave Fénix.

El vínculo del lujo y el placer se remonta a los orígenes del capitalismo y ha sido estudiado por Werner Sombart en Lujo y capitalismo. Para Sombart, las grandes acumulaciones de capital fueron logradas por el comercio de mercancías de lujo y a consecuencia de la creciente demanda de placeres, comodidades, suntuosidad y elegancia que se dieron en Europa entre la Edad Media y el siglo XVIII, y se originó en las cortes principescas, donde fue fundamental la influencia ejercida por las mujeres. Este excedente lujoso no ha sido tenido en cuenta por Marx en su concepción de la acumulación originaria, limitándola a la necesidad.

Ya existía ayer la demanda de estos bienes suntuosos, que ha crecido considerablemente en el universo de los intangibles y lo inmaterial, al extremo que la demanda es que los Estados mismos faciliten la buena vida y la felicidad a sus protegidos, sin tener en cuenta que el amargo fruto shakesperiano insista, del lado oscuro del deseo, en el deseable juego transparente de la oferta y la demanda.

Sobre el autor

Luis Thonis

Luis Thonis

Luis Thonis (Buenos Aires, 1949) es poeta, escritor, crítico y narrador. Sus notas y ensayos han aparecido en numerosas revistas literarias nacionales e internacionales. Ha publicado, entre otros libros, “Siglo de manos y la criatura”, (poesía, 1989), “Eunoe” (poesía, 1991), “Cuerpos inéditos” (poesía, 1995), “Estado y ficción en Juan B. Alberdi” (ensayo, 2000), “No vienen avispas” (poesía, 2012), “Milagro infame” (relatos, 2012) y la novela “Viento agrio” (2014). Reside en Argentina.

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