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El mar de Georgia

El mar de Georgia

El mar de Georgia
octubre 09
03:51 2014

Amanece y vengo a meditar al mar. Dejo el coche a un centenar de metros de la costa y camino por el angosto muelle que se abre en forma de T con una punta mirando la noche y la otra al croquis de un día por nacer. Hace un poco de frío tras el último chubasco que lame los mástiles de cansados pesqueros que vuelven a casa con las bodegas llenas de insomnio. Estoy solo viendo caer la lluvia que no toca la piel del abrigo que me cubre. Entonces, sin humanos testigos y únicamente acompañado de gaviotas, comienzo el viaje por los paisajes interiores.

Cierro los ojos y siento el mar, no preciso verle, sé que está ahí, tremendo, azul, profundo, inquieto y lleno de mensajes. Le doy las gracias por acogerme en su húmeda frontera y sincronizo la respiración al golpe de olas contra pilares del muelle.

Ahora percibo el viento, abro mis ventanas, bienvenida su sal, su sabor de algas.

A él entrego los miedos y preocupaciones, las tensiones y otras prisas que ya no necesito, no las quiero.

Relajo lentamente músculos y pensamientos. No hay peligro. Nada me apura, todo está bien. Sea bienvenida la calma, la más eficaz reparadora de emociones y cacharros mentales en este instante a solas conmigo mismo, respirando lentamente, bajando la velocidad de imágenes rebeldes hasta detenerlas y guardarlas en un remoto cajón.

Entonces ocurre el milagro de fundirme con los elementos, desgranar y comprender el sentido de las cosas, mi sitio en la vida, el propósito que acompaña las huellas de los pasos. Y allí quedo no se cuánto tiempo en el país de los relojes detenidos convertido en aire, piedra y agua. Reactivando la conexión con todo lo que hay encima de mí, empalmo los cables rotos que me unen a la tierra.

Al volver alguien ha encendido el sol y acodados sobre baranda de madera los pescadores tempraneros miran el agua con cara de preocupados zahoríes, calculan mareas, escudriñan las alas de las aves, escogen anzuelos y carnadas ajenos a mí.

Inicio mi día desde la paz de quien deja lastre en el camino. Con el ego bajo llave, la autoestima desatada y muchas ganas de continuar trabajando en mi singular laboratorio creativo, donde mezclo música celta con punto guajiro, jazz con feeling, samba-son y soul georgiano con cubano danzón.

Sé que me hago viejo, pero en mañanas como estas vibro como un niño abierto a la magia del asombro y la esperanza. No le pido mucho a la vida; sólo un poco de paz para seguir abriendo el corazón agradecido a todo el bien que recibo en un ciclo que mantiene las ganas engrasadas y operativas. Un ciclo de abundancia de dones anunciando que, luego de tanto dar, ya también es hora de recibir lo que con amor fue sembrado.

Sobre el autor

José Antonio Quesada

José Antonio Quesada

José Antonio Quesada nació en Camagüey en agosto de 1960. Comenzó a componer canciones a los doce años. Es también guitarrista y ha estudiado canto y técnica teatral. Canciones suyas como “Hoy mi Habana” y “Mirarse por dentro” se cuentan entre los temas emblemáticos de la trova cubana contemporánea. Dejó Cuba en 1994 rumbo a Europa, donde se radicó. Actualmente reside y trabaja en Miami.

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