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El mensaje de cuatro hermosas cubanas

El mensaje de cuatro hermosas cubanas

agosto 25
23:14 2011

1-Capitolio_habanero¡Cómo no admirar a estas mujeres! ¡Cómo no amarlas! Su valentía es doble: luchan directamente contra la dictadura, a cuerpo abierto, con transparencia, con plena seguridad y firmeza; y también luchan contra el miedo de la gente: el miedo que ha venido royendo las entrañas del cubano. ¡Cuatro mujeres que de pronto se convirtieron en conciencia popular!

Porque ya la gente está respondiendo, aun cuando poco a poco, pero está respondiendo: desde la calle coreaban a su favor y después injuriaban a la policía y a los esbirros de la Seguridad. Esto no ha sido frecuente en Cuba.

Los segurosos y los policías sintieron temor. Y la alta jerarquía de los Castro debe estar temblando, claro, cuando llegan a sus casas y se encierran en sus cuartos con sus mujeres y sus hijos. Y es natural, porque ellos saben que todo termina, que si lo bueno termina, lo malo también.  Ellos están muy al día de lo que le está sucediendo a Gadafi (lo que ya pasó en Túnez y en Egipto) y cómo la rebelión se extiende como la pólvora. Ellos son los que más miedo tienen.

En Cuba también todo es impredecible. Es una lucha lenta de ambos bandos: los cubanos y la dictadura. No solamente la lucha entre ellos mismos, sino de cada uno contra su propio miedo. Pero esta ecuación temporal dice que el miedo del régimen aumentará y el de los cubanos se reducirá. La constante es el tiempo, lo difícil es el tiempo, ¿qué tiempo más durará esta patraña?

Todo parece indicar que los Castros y su cuadrilla de acólitos se morirán en sus camas, con el estómago lleno de carnes y langostas, de vinos franceses y hasta californianos, de cocteles de camarones y paellas, de whiskies y cervezas importadas. Eso es lo que quieren estos vejestorios, tiempo para morirse en sus casas, cómodamente, viendo en los noticieros de izquierda como aún se compadecen de ellos porque pronto desaparecerán, o porque están muy enfermos, y es que —claro, dirían los noticieros y la sumisa prensa— no hay que desearle mal a nadie; y así los Castro y sus acólitos estarían pasando a la Historia, y quedarían (pero si todavía quedan) muchos de izquierda que piensan que fueron “héroes” que se opusieron una vez al Imperialismo y ahora forman parte de la Historia, que hay que reconocer, dirían los siniestros, y no importa que hayan destruido a un pueblo, un modo de vida, una sociedad, porque lo que hicieron (el fin justifica los medios) fue por el “bien de la humanidad” (y no por el terror de que el pueblo se le rebelara un día).

Entonces, cuando llegue su hora final, los Castro y sus “históricos” se burlarían de todos y hasta de su propio miedo, porque ya no quedaría nada más que destruir, obvio… Y sus hijos y familiares, incapaces de mantener otra nueva dictadura, se marcharían a otros países (ya tienen las ciudadanías respectivas y sus millones de dólares y euros en otros bancos). Así los Castro y su estela imaginarían la gesta final. Pero cuidado, dentro de lo impredecible asimismo se encuentra la justicia.

Porque la vida da sus vueltas y, más tarde o más temprano, también la vida (como la tortilla) se les puede virar al revés (como ha pasado con la ex Unión Soviética, Gadafi, Mubarak et al). El tiempo se acorta y se les puede acabar el sueño y empezar la pesadilla. Y ya es tarde para arrepentimientos. La justicia cae inexorable.

Y cuando desaparezcan todos (aun cuando por muerte natural) su recuerdo será trágico. Será como la mancha más grande de oprobio que ha tenido la Historia de Cuba. Y las futuras generaciones de los cubanos —espero, es mi ilusión— sabrán ubicar este período de la Historia como la infamia más larga del mundo, que no hay que repetir.

En fin, este es el mensaje que nos dieron esas cuatro hermosas cubanas en el Capitolio de La Habana.

http://palabrabierta.com/

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