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El momento de la trompetilla

El momento de la trompetilla

El momento de la trompetilla
Mayo 25
21:51 2015

El existencialismo, machacón, reiterativo, hace más de medio siglo que desahució al lenguaje como medio de intercambiar ideas y sentimientos. Los existencialistas sacaron a la luz el tema de la incomunicación radical entre los hombres. No es posible –apuntaron– un real comercio de ideas y sensaciones con una moneda tan equívoca como el lenguaje. El negocio resulta siempre fraudulento. El perfil invulnerable del interlocutor -de cualquier interlocutor- desvirtúa el sentido de unas palabras que, por otra parte, a duras penas sirven para articular un pensamiento y en modo alguno para describir unas sensaciones.

La percepción de la realidad y la conciencia unívoca del yo eran, pues, fenómenos intransferibles.

Lo curioso es que el tema de la incomunicación entre los hombres ha sido perfectamente comunicado, universalmente entendido, y hoy forma parte del arsenal ideológico de cualquier ama de casa.

El diagnóstico ceñudo de los existencialistas resultó más un acicate que otra cosa. Poco a poco aquella «herramienta inútil» se fue convirtiendo en el objeto de estudio de la mayor parte de las ramas del saber humano. No arriesgamos mucho afirmando que la filosofía no es hoy otra cosa que un enfoque peculiar del lenguaje. La importancia que tuvo Saint Germain la tuvo después el Círculo de Nueva York. Sartre fue cesanteado por Chomsky.

En la literatura –los dividendos del existencialismo han ido casi siempre a parar a los bolsillos de la literatura– la «incomunicación» ha sido uno de los más felices hallazgos. Hace más de sesenta años que Brull jugueteaba con aquellas «jitanjáforas» incoherentes, pero eufónicas, que llevaban el poema hasta los límites del trabalenguas.

La novela se convirtió en campo de batalla entre la anécdota y el lenguaje. El triunfo de este último determinó que imperara en nuestras letras una suerte de barroquismo que adelgazó aún más la nómina de lectores. El gran público, incapaz de incorporarse al nuevo ritual estético, agradece infinitamente –y lo demuestra comprando miles de ejemplares– que los que acuñan valores literarios les den una oportunidad de enterarse de algo, como hicieron con esa novela tradicional y entretenida que es Cien años de soledad.

En el sector político, la lingüística contaminó al marxismo. Althusser v los marxistas estructuralistas aplicaron procedimientos del análisis lingüístico a los textos de Marx. Mientras le buscaban la lengua a Marx encontraron la de Raymond Aron, quien les zurró sin piedad en un libro estupendo: Los marxistas imaginarios (Monte Avila, 1969).

En un plano mucho más modesto, nuestra jerga ideológica se ha ido deteriorando hasta el ridículo. No hace mucho, Rojas Pinilla prometía un «socialismo a la colombiana». El engendro parece sacado de un libro de cocina (pudo decir, por ejemplo, «socialismo al coco rallado»). La izquierda, la derecha y el centro (¡qué estúpidas generalizaciones!) se han aproximado verbalmente hasta el punto en que no es posible distinguir, escuchándolo, a un abacial burgués de un feroz maoísta. Es probable que esta babélica confusión (señor, por favor, ¿es usted de los rotarios o de los tupamaros?) se haya resuelto mediante símbolos visuales. La ropa rústica, las greñas, las barbas, uniforman a las huestes izquierdistas. Lo contrario, a las de la derecha. El centro combina cautelosamente los andrajos con el desodorante (¿cómo una criatura tan idiota habrá podido llegar a la Luna?).

Por el camino que vamos, la solución será la que apuntara Ionesco en «Las sillas». ¿La recuerda el lector? Durante toda la obra, una pareja anuncia emocionada la llegada del orador. El orador trae un mensaje definitivo para la Humanidad. Al fin, en el último minuto, llega; se para frente al público, gesticula aparatosamente y lanza una sonora «trompetilla».

Tal vez ha llegado el momento de la trompetilla.

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Una versión más amplia de este texto apareció en De la literatura considerada como una forma de urticaria (1980). Cortesía http://www.elblogdemontaner.com/

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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5 comentarios

  1. Dalmau
    Dalmau Junio 01, 00:19

    Excelente articulo(como de costumbre)de Carlos Alberto.

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  2. Armando Añel
    Armando Añel Junio 02, 02:06

    un gran estilista del pensamiento…

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  3. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías Junio 02, 03:08

    Lo bueno de Carlos Alberto Montaner es que siempre tiene algo nuevo, siempre sorprende. No solo por su calidad en el lenguaje y las ideas, sino además por la lógica manera de su discurso para darnos un nuevo ángulo, asombroso, de la realidad. Gracias por el artículo.

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  4. Pedro Perez
    Pedro Perez Junio 03, 18:31

    aplausos!!!!!!!!!

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  5. Julio Benitez
    Julio Benitez Junio 07, 14:34

    Es tremendo artículo. Montaner es un hombre sabio que comparte sus conocimientos con gente como yo que gusta de enterarse de cosas que se me negaron por mucho tiempo. Gracias.

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