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El ojo del canario no tiene barba

El ojo del canario no tiene barba

Marzo 27
16:28 2011

1-jujujuTal parece que nuestras vidas están regidas por un ser superior, Fidel Castro. Desde que abrimos los ojos en la mañana hasta cuando los cerramos en la noche, Fidel parece comandar nuestras vidas.

Cada día me pregunto por qué no podemos tan siquiera disfrutar del arte sin colgarle una barba. Esa es la sensación que se siente tras un simple paseo por la “crítica” especializada.

De hecho, “El ojo del canario”, la más reciente obra del destacado cineasta cubano Fernando Pérez Valdés, parece venir como anillo al dedo. Hay escenas de hombres con barba que muestran un desprecio absoluto por la libertad, escenas de jóvenes discutiendo qué es la democracia, ¡escenas de carceleros arrepentidos! ¿Qué más se puede pedir?

Se podría pedir, por ejemplo, que se borrase de un plumazo el esquematismo que nos ahoga, de manera que pudiéramos no sólo disfrutar a plenitud sino, también, analizar objetivamente.  

Cuando hablé con Fernando la ultima vez, hace apenas dos semanas, le confesé que temía que el mensaje real de su obra pudiera extraviarse en la maraña pseudo artística de cierta critica “especializada” empeñada en encontrar fantasmas por doquier o, si no los encontrara, inventarlos.

Le conté al cineasta que cuando presento la película a mis amigos cubanos les ruego se quiten la venda de los ojos y pongan sus fobias a un lado. Esa es la única manera posible de disfrutar una obra cuyo protagonista es un ser humano lleno de virtudes y defectos, como cualquiera de nosotros.  

Por cierto, Fernando hubo de confesarme lo que ya yo sospechaba. La niñez de Martí como tema central de la película persigue como objetivo explorar las interioridades del desarrollo de la personalidad de quien es, quizá, el más grande de nuestros héroes. “Martí es un niño que observa”, me dice Fernando, de ahí esa actitud un tanto introvertida que se refleja en el filme.  

Martí es, también, un niño que crece con sólidos principios inspirados en la figura de su padre, Mariano, aunque desde posiciones políticas diferentes. Sin embargo, no es la política lo que más preocupa al director.

El mensaje está en cómo Martí y su padre entienden el rol de la familia. Martí es el inflexible patriota para el cual los principios son indoblegables. Ni tan siquiera el llanto de la madre es más importante. Mariano, el rancio español, estará al lado de su familia y de su hijo por encima de todas las cosas.  

Hay un mensaje subliminal cuando el padre, quien encarna a la familia, observa desde lo alto como Martí, quien encarna los principios, es conducido fuera del juzgado. Ambos se miran fijamente.

Juzgue usted por sí mismo, ¡pero sin barba!

Relacionado: Entrevista con Anna Assenza, compañera de Fernando Pérez por más de una década.

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