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El Partido Comunista de Cuba

El Partido Comunista de Cuba

El Partido Comunista de Cuba
noviembre 20
22:40 2013

El Buró Político del PCC, que oficialmente es la mayor instancia de poder en Cuba, tiene actualmente 13 miembros, luego de la defenestración de Ricardo Alarcón el 2 de julio pasado (2013). Pero sólo cuentan realmente  los ocho militares, incluyendo al dictador, que son quienes deciden y “cortan el bacalao”. Los otros cinco  escuchan, opinan si los dejan, y  votan disciplinadamente lo que deciden los jefes.

Lo mismo ocurre en el Comité Central del Partido, de 118  miembros, cuyos plenos y  reuniones periódicas sirven para dar por aprobado lo ya decidido “arriba”.

En cuanto al Partido Comunista de Cuba, como institución hay que  precisar que  no se trata de un partido político propiamente, sino de una organización paramilitar-estatal-administrativa,  de carácter represivo, cuya misión es mantener la “lealtad revolucionaria” del pueblo.

Un Partido Comunista (PC) es un partido político sólo cuando está en la oposición. Si llega al poder se transforma totalmente y de hecho sustituye al Estado.  Se autoproclama poseedor de la verdad absoluta –que Marx afirmaba no existe–, se hace cargo de los poderes públicos, de toda la economía nacional, las fuerzas armadas, los medios de comunicación, la educación, la salud, la cultura, y hasta de la vida privada de los ciudadanos.

“El PCC constituye la expresión estatal civil de la dictadura. Y no es, por supuesto, un partido político. Ese es el gato que Cuba le da al mundo como liebre”.

Es más, en la práctica cada Partido Comunista gobernante repite la frase del rey Luis XIV de Francia: “L’Etat, c’est moi (“El Estado soy yo”).  Si las “polis” en la antigua Grecia eran Ciudades-Estado, y las hubo 2,500 años antes en Mesopotamia (como hoy el Vaticano, o Mónaco), en los tiempos modernos existe el Partido-Estado en las naciones comunistas.

Algo que no se conoce bien en Occidente es que cuando  un Partido Comunista asume el poder ya sus militantes no se dan cita en locales regionales, provinciales o nacionales para debatir ideas y tomar acuerdos como hacen los partidos políticos en el mundo “normal”, sino en cada centro laboral.

En Cuba los militantes del  PCC  se reúnen en cada fábrica, empresa, escuela, comercio, hospital, unidad militar, teatro, obra en construcción, medio de comunicación, etc.  Hay un “núcleo del partido” en cada centro de trabajo, donde reciben instrucciones de meter miedo, controlar y administrarlo todo.

Imaginémonos “núcleos” del Partido Demócrata –gobierna ahora en EE.UU– en las fábricas de General Motors, en McDonald’s, el Yankee Stadium, The  Washington Post, el Pentágono,  la NASA, Wall Street,  o en Disneyland, con órdenes de Obama de decirle a cada jefe cómo debe hacer su trabajo.

Paradojas

Lo paradójico es que si bien la cúpula partidista es muy poderosa, la masa de militantes de base no lo es. Esta obedece órdenes y no tiene ni la capacidad ni las vías para cuestionar lo que con fuerza de dogma “baja” de las instancias superiores, sobre todo de la oficina de Machado Ventura, encargado de “disciplinar” a la militancia para que no se salga del plato. Porque la cúspide partidista  es consciente de que, dada la magnitud de la crisis que asfixia al país, ya los militantes de a pie se dan cuenta de que el socialismo es inviable y que su “actualización” es un disparate.

Por miedo, que conduce a la hipocresía social (la “doble moral”) generalizada en el país, los militantes no lo dicen en sus núcleos, pero muchos de ellos (son 762,000) ya no se perciben a sí mismos como marxistas. Y  comentan con sus familias la necesidad de reformas profundas, liberar las fuerzas productivas y captar inversiones extranjeras en grande.

Los jefes de los ministros

No obstante, adherido a la fuerza militar, el PCC desde las altas esferas hasta el nivel municipal controla totalmente todos los estamentos de la sociedad cubana. Tanto, que los  jefes de Departamento y de Sección en el aparato burocrático del Comité Central  son quienes dirigen a los ministros y a todos los directores de organismos centrales.  Y la política exterior no se traza en el Ministerio de Relaciones Exteriores, sino en el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central. Y así ocurre con todas las ramas del gobierno.

Pregúntele a cualquier ciudadano común el nombre del  presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular (el gobernador) y probablemente no lo sabe. Pregúntele por el Primer Secretario del PCC en la provincia, o el municipio, y le dirá el nombre al instante.  Sabe que el gobernador no tiene poder alguno y que el jerarca partidista lo puede todo en el territorio.

Sin embargo, la base  del PCC está cada vez más  permeada por la crisis terminal nacional y va convirtiéndose en un cascarón hueco que eventualmente podría desaparecer sin dejar rastro.  De haber cambios radicales muchos militantes botarían o quemarían  sus carnets sin “conflicto de conciencia” alguno.

Pero por ahora, con los hermanos Castro al frente, el poder militar-represivo y la cúpula partidista están fundidos institucionalmente, y el PCC constituye la expresión estatal civil de la dictadura. Y no es, por supuesto, un partido político. Ese es el gato que Cuba le da al mundo como liebre.

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Sobre el autor

Roberto Álvarez Quiñones

Roberto Álvarez Quiñones

Roberto Álvarez Quiñones es periodista, economista e historiador cubano. Autor de siete libros de temas históricos, económicos y sociales. Trabajó como editor y columnista del diario La Opinión de Los Ángeles de 1996 a 2008. Ex profesor universitario. Ex analista económico de la TV hispana en Estados Unidos. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en países de Europa y Latinoamérica. Ha recibido 11 premios de periodismo. Reside en el sur de California.

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