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El paso del tiempo en la poesía de José Abreu Felippe

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El paso del tiempo en la poesía de José Abreu Felippe

José Abreu Felippe y Luis de la Paz durante la presentación en el V Festival Vista de Miami

El paso del tiempo en la poesía de  José Abreu Felippe
diciembre 14
13:13 2016

 

En El tiempo sometido (Neo Club Ediciones, 2016), el poeta, narrador y dramaturgo cubano José Abreu Felippe (La Habana, 1947), agrupa la poesía que ha escrito entre 1973 y el 2016, es decir, el año en curso. Este conjunto poético le facilita al lector, y al estudioso, quizás, de forma reunida, las claves esenciales que se repiten a lo largo de toda su obra: la familia, el amor, la muerte y el paso del tiempo… un tiempo que cruza arrasante por sobre esa familia (que el tiempo dispersa); el amor (que el tiempo hace cambiar); la muerte (que el tiempo va consignando solo a la memoria personal) y el paso del tiempo como tal (que es el grosero tiempo mismo). Quizás por ello, el escritor desdibuja las variantes del tiempo que todo lo somete para desplazarse a través del mejor y más permanente escenario posible, la poesía y la creación literaria. Todo este marco, que alimenta la totalidad de la vida y la poética de José Abreu Felippe cruza, atraviesa y enfrenta, al tiempo.

Hago aquí una oportuna salvedad. No es justo referirnos sólo a la poesía. La obra de este escritor, en todos los géneros en los que ha incursionado, gira alrededor del tiempo y la muerte.

Conocí a Abreu cuando estaba escribiendo Destrucciones (1973), libro que aquí establece un punto de partida para su producción poética. En realidad, para ese entonces ya había escrito Primera sinfonía para Idanita, Los humos de la voz, Nueve nostalgias y El estridente acorde, entre otros. De la sinfonía para Idanita guardo en la memoria los ecos de aquel libro, un poema de gran aliento de cerca de 40 páginas, más por haber escuchado hablar de él que por recordar el poema. Del libro de las nostalgias tampoco tengo evocaciones particulares, unas pocas resonancias de conversaciones entre los hermanos, Juan y Nicolás, hablando del poemario con José. De ese libro solo existe un poema, la primera nostalgia, que Abreu incluyó en Orestes de noche. Sí vi crecer Los humos de la voz, en el que el escritor describía las sensaciones de algunos breves, esporádicos y complicados viajes, que alguno de ellos pudimos hacer juntos. Creo que de todos los “viajes”, el más grandioso lo recreó en Mi viaje a Isla de Pinos, que aparece en su novela El instante, la cuarta novela de su pentalogía ‘El olvido y la calma’.

Pero Destrucciones sí influyó mucho en mí. Cuando le escuchaba leer “la belleza es una debilidad del amor”, me sobrecogía. En ese libro abundan las definiciones provocadoras: “la vida no es más que ese quedarse atrás respecto al tiempo”, o cuando dice: “el hombre es una reiteración de antigüedades”. Yo tan joven, tan comenzando… no solo a escribir, sino también a vivir de manera independiente, encontraba en aquellos poemas, para citar Boris Vian, La espuma de los días.

Luego vinieron Cantos y elegías (Verbum, 1992) y Orestes de noche (Playor, 1985). En la bibliografía de Abreu Felippe aparece publicado primero Orestes…, que realmente es posterior. Aclaro esto porque sé la importancia que para el autor tienen las fechas. Si se fijan, todos sus libros están fechados, estableciendo de manera muy puntual, el lugar y por consiguiente el contexto en que se dio una obra en particular.

En estos dos libros, vuelven sus constantes: La muerte: “La vida pasa y se lleva las cosas que yo amo”. El amor: “un cuerpo parecido al que amo”, con este otro verso: “Tu sexo se levanta/ y es la canción más bella que conozco”. El tiempo: “La vida se agacha y se levanta en mi pecho”. La familia: “Dulce sea la muerte de mi madre./ Así como tan tierno su pelo/ bajo mi mano cede, así su muerte vaya”.

Con El tiempo afuera (Verbum, 2001), Abreu gana el Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero, convocado por la Editorial Verbum, en Madrid. Como detalle diré, que el autor no quería mandar el libro al concurso, como tampoco tenía intención de enviar su novela Siempre la lluvia al concurso Letras de Oro, donde quedó finalista. Lo hizo tras mucha insistencia de mi parte.

En el libro galardonado en España, en la misma portada se establecen dos elementos recurrentes en su obra. En el título, la palabra tiempo, y la ilustración, una hermosa foto de su padre, Antonio Dagoberto Abreu Blanco, vistiendo un traje de marinero en su niñez. Familia y tiempo se conjugan en El tiempo afuera. Este libro toma cierta distancia con las entregas anteriores. Son poemas más descriptivos, rodeados de una aparente sencillez donde se tejen historias familiares, sensaciones que retrata con palabras: “Las paredes están manchadas de silencio”… “Hay silencios que hacen estallar imágenes”… “Acariciando el escaso cabello de mi padre”… “La noche semeja la otra herida”.

Este libro dedicado a su padre, tiene versos estremecedores: “Como en sueño, las blancas olas de la muerte llegan/ a lamer los ojos de mi padre”. Cuando Abreu escribió estas páginas, su padre estaba esperando la muerte que un cáncer le arrimaba. El tiempo afuera termina con tres sonetos, que el autor llama Tres sonetos malditos. Es la primera vez que aparecen sonetos en un libro de José Abreu.

El siguiente libro dentro de este gran libro El tiempo sometido, es De vuelta (Linkgua, Barcelona, 2012). Toma distancia de los anteriores por su forma y manera de trazar la poesía. Abreu siempre ha dicho que pretende que cada libro sea diferente, y lo ha conseguido. Los poemas en De vuelta son en su mayoría breves. Es un libro de exilio. “Un mar subversivo me lame los pies”… “Nunca he sentido nostalgia por La Habana”… “Descubro una ciudad fuera de mi memoria”… “El tiempo es una masa de huesos y nervios/ que yo amaso suavemente”.

Quizás la interacción entre el recuerdo de su ciudad a la deriva, el recuerdo del primer exilio en Madrid, y su prolongación en Miami, sea también un puente para que los elementos primarios de la poesía de Abreu Felippe se hagan sentir de nuevo. La familia y la muerte asociada a ella, gravita en las páginas de De vuelta, como lo carnal, y el paso del tiempo.

Un detalle demoledor resalta en la blanca portada de El tiempo a la mitad (Alexandria Library, 2015), un pedazo de piedra azul. En el manchón se explica su significación: “Pedazo de la pared de la sala de mi casa en Cuba”. Y ese es el centro del libro, la reconstrucción minuciosa de una casa despedazada en la memoria; y de un pasillo donde, al final, convergen la vejez y la muerte. También es la crónica de un amor, de unos amigos idos y de los golpes del tiempo. Esta nota que escribí para la contratapa del libro la reproduzco, porque en ella están, de nuevo, las motivaciones que giran alrededor del escritor. De este libro sólo citaré estos versos: “El rostro de la madre muerta recuerda/ la vieja canción de los que parten,/ un solo de trompeta que toca con sordina./ Es un rostro exiliado”.

El tiempo sometido, además de Destrucciones que se publica por primera vez, acoge otro libro inédito: Los dedos de la noche (2016). Un libro muy breve, algo bastante inusual en el quehacer de Abreu. Los siete poemas que integran el volumen están rodeados de misterio, y en ellos se hacen sentir también las claves ya destacadas en los libros anteriores, aunque quizás, en éste se manifiesten con otras sutilezas: “Yo me meto en la noche y la piel se me cuartea en los brazos”. Es tal vez, una noche oscura, onírica, donde la soledad de la habitación despierta los fantasmas para avisar que el tiempo “cuartea” la piel, la hace envejecer. Luego aparece las muerte: “la muerte se aplasta contra mi cara/ mientras yo,/ sigo recogiendo cadáveres”.

Ya llegando al final del libro, Abreu Felippe crea una sección, ‘Poemas no recogidos en libros’. Como bien se indica, son trabajos que se fueron publicando de manera dispersa. Lo realmente curioso, hasta revelador, es que El tiempo sometido cierra con Canciones. Y son literalmente canciones, poemas que se musicalizaron y los amigos cantábamos en la sala de la casa de los Abreu, en casa de Raulito, joven guitarrista del barrio que puso música a muchos de los poemas, y en el Parque Lenin, durante las tertulias en las que participaban los tres hermanos, Reinaldo Arenas y yo… Wow, maravillosa época. Era la felicidad misma en medio del castrismo, la persecución y el chantaje permanente. Pero aun así desafiábamos los rigores de la época, y se lograba abrir un espacio propio de libertad.

Además de las canciones sobre textos de José que se musicalizaron, hay bellos acordes sobre poemas de Juan Abreu, de Reinaldo, así como de Lezama. De este último, poemas como Último deseo y los Sonetos a la Virgen.

Las 351 páginas de El tiempo sometido no son la totalidad de la poesía de José Abreu Felippe. En estos momentos escribe otro libro en que también el amor, la muerte, la familia y el paso del tiempo tienen su lugar. Este libro que hoy presentamos en este Festival Vista es un paso sólido en esa confrontación del hombre con su obra frente al tiempo… Hombre y obra, que es el tiempo, y es la vida, que somete, que aplasta. Es también un intento del poeta de someter el tiempo a través de la poesía.

Presentación del libro en el marco del V Festival Vista de Miami. Miami Hispanic Cultural Arts Center. 8 de diciembre de 2016.

Sobre el autor

Luis de la Paz

Luis de la Paz

Luis de la Paz (La Habana, 1956). Escritor y periodista cubano, ha publicado los libros "Un verano incesante", "El otro lado", "Tiempo vencido" y "Reinaldo Arenas, aunque anochezca", entre otros. Entre 2001 y 2008 editó la revista virtual de literatura cubana El Ateje. Es Premio Museo Cubano de Ensayo por "Dulce María Loynaz, tránsito de una gran dama cubana", y Premio Lydia Cabrera de Periodismo en 2011.

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