Neo Club Press Miami FL

El preso de la celda 45

El preso de la celda 45

El preso de la celda 45
marzo 02
17:08 2014

Éramos como hombres que a través de un pantano
de inmunda oscuridad a tientas van.
No osamos murmurar una plegaria
ni tampoco alentamos nuestra angustia,
algo muerto se encontraba en nosotros
y eso muerto era la Esperanza. 
 
Balada de la cárcel de Reading, Oscar Wilde

 

Dicen que en una celda las dimensiones, tal como las conocemos, se ven alteradas por la falta de espacio y la prolongación del tiempo. También escuché que la soledad extrema nos acerca a las bestias. Recordé ambas observaciones cuando me contaron la historia del preso de la celda 45.

A pocos meses de mudarme aquí una vecina me habló de él, a partir de una pregunta que le hice.

Todo empezó por una gata que se infiltró en su celda cuando estaba en el sector común con el resto de los reclusos. Estaba completamente prohibido tener animales en la cárcel; pero el preso de la celda 45 decidió no cumplir con la regla y escondió a la gata. Dicen que la escondía entre las sábanas, o en el inodoro, o debajo de su catre. Según la hora del día.

La gata no aullaba, como si supiera que abrir la boca le habría costado la vida. Quizás era muda, no lo sé.”

A los efectos, es lo mismo: la gata guardó silencio.

El preso comenzó a bajar de peso. Fue llevado a enfermería donde le realizaron una serie de análisis. El médico no encontró motivo alguno de alarma; halló que el preso de la celda 45 estaba en relativo buen estado de salud y dio el diagnóstico por definitivo.

El preso volvió a su celda y siguió bajando de peso. La gata, en cambio, estaba cada día más gorda. Y el preso creyó que su aumentado volumen se debía al exceso de comida. Pero una madrugada la gata tuvo crías. El preso, que no había visto gato a la redonda, lo consideró un milagro divino.

El milagro no tardó en convertirse en maldición cuando las crías, que no eran mudas ni supieron comprender la situación a tiempo, comenzaron a maullar. En la cárcel no tardaron en descubrir a los nuevos inquilinos. El centro penitenciario dio orden inmediata de desalojo a los siete cuadrúpedos (seis crías y la gata-madre). Y así hubiese concluido la historia si el preso de la celda 45, condenado a cadena perpetua por doble homicidio, hubiese aceptado la situación; cosa que no ocurrió: se opuso a la extradición de los felinos como si fueran su propia familia. La gata fue deportada de la prisión a la Asociación Protectora de Animales junto con sus crías (según se comenta, uno de los oficiales de la prisión que estaba al tanto de lo sucedido, conmovido por las circunstancias, decidió adoptarlos días más tarde) y el preso de la celda 45 fue castigado a dos días en la mazmorra por desacato.

“Dicen que cuando regresó a su celda ya no era el mismo, que desde que le quitaron la gata no volvió a ser el de antes, que ya no se comunicaba con nadie, que empezó a perder el equilibrio mental,  y que cuando le hablaban cerraba los ojos con fuerza como si quisiera desaparecer; murmuraba cosas extrañas, inentendibles. Otras veces se quedaba largas horas sentado en su cama, acariciando la vieja frazada con la que había escondido a la gata durante el tiempo que compartieron celda.

Lo volvieron a llevar a enfermería y el médico volvió a decir que estaba en buen estado de salud. “¡Pero si hasta ha aumentado de peso!”, dijo cuando lo revisó. Y dijo que no había ningún inconveniente en enviarlo de regreso a su celda.”

La celda 45 estaba vacía y un fuerte olor a orina de gato comprimía el aire hasta volverlo irrespirable. Indagaron a los presos de las celdas contiguas y cercanas; pero, como si la ceguera fuese algo contagioso, todos dijeron lo mismo: “no vimos nada”.

Unos meses más tarde el preso de la celda 45 se arrancó los ojos con una cuchara en el comedor, a la vista de todos. Nadie comprendió cómo alcanzó a quitarse los dos antes de que alguien lo detuviera. Porque quitarse un ojo sorpresivamente es una cosa; pero quitarse los dos ya pone en duda la condición humana de los observadores.

Estuvo varias semanas en recuperación en un hospital. Luego volvió, ciego, a la prisión.

Unos días más tarde, ya entrada la noche, se escuchó un estridente maullido a lo largo y ancho del recinto. Hicieron sonar la alarma y contaron los reclusos. La celda 45 estaba vacía y un fuerte olor a orina de gato comprimía el aire hasta volverlo irrespirable. Indagaron a los presos de las celdas contiguas y cercanas; pero, como si la ceguera fuese algo contagioso, todos dijeron lo mismo: “no vimos nada”.  La falta de clarividencia en el asunto resultó evidente.

“El oficial que adoptó a la gata y sus crías contó que la gata quedó ciega ese mismo día y que murió poco más tarde. El director de la prisión dio orden de tapiar la celda 45 y hasta ahora no la han vuelto a abrir.

Y por eso hay tantos gatos ciegos en el pueblo; porque siguen buscando al preso. Cuando lo encuentren, dicen, todos los gatos volverán a ver.”

Respondió mi vecina.

Sobre el autor

Maia Losch Blank

Maia Losch Blank

Maia Losch Blank (Montevideo, 1971). Ganó el concurso internacional de poesía “Versos de la Torre del Reloj” en España en 2011, y al año siguiente obtuvo primera mención en el X Certamen Literario Gonzalo Rojas Pizarro (Chile) con el relato "Presagios". “Allí donde el viento espera”, su primera novela publicada (Editorial Sinerrata), apareció en España en 2013. A los 25 años se trasladó desde Uruguay a Israel, donde reside actualmente con su marido y sus dos hijos y edita el blog Errante y errata (http://maialoschblank.wordpress.com/). Tiene estudios en Letras y Antropología y ha incursionado en las artes plásticas (maiablank@gmail.com).

Artículos relacionados

4 comentarios

  1. Callejas
    Callejas marzo 03, 19:43

    una metáfora sobre la percepción. Los ojos humanos son nada mas que instrumentos para la observación.

  2. Lusito Rodriguez
    Lusito Rodriguez marzo 03, 20:34

    tremendo! Bestial!

  3. Blue
    Blue marzo 04, 09:34

    Cuando se estrecha el cerco y estamos solos, un gato puede ser familia, y una telaraña, y cualquier objeto incluso.
    Muy bueno, Maia.

  4. Mariluz GH
    Mariluz GH marzo 04, 13:01

    Cuando se pierde la fe en el género humano los llamados animales irracionales nos devuelven la humanidad con su incondicional entrega. Su fidelidad inquebrantable. Un gran relato…

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Jorge Olivera Castillo

Pan (de yeso) y circo

Jorge Olivera Castillo

                El circo no es el pasatiempo donde lavamos las llagas del hambre con sonrisas espontáneas y puras. Tampoco es el lugar para

0 comentario Leer más
  Juan Carlos Recio

Para desalmar un cadáver

Juan Carlos Recio

                Si no estás dispuesto a perdonar y todo lo que das es sombras cómo pudieras ser el amado cómo irías hasta el

0 comentario Leer más
  Luis Jiménez Hernández

En primera persona

Luis Jiménez Hernández

                no escribo versos en primera persona, ser decadentes es un oficio cruel como el de jugar a ser Dios. Pero hoy escribiré

1 comentario Leer más

Festival Vista Miami