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El Profeta de Alá

El Profeta de Alá

El Profeta de Alá
febrero 20
03:56 2015

Desde el punto de vista historiográfico no existen fuentes alternas al Corán que testifiquen que una personalidad llamada Mahoma existió realmente en el momento que se dice, o que estuvo relacionado con la Meca o Medina.

La historia de Mahoma no puede mostrarse como ejemplo de santidad. Su carácter vengativo, inmoralidad y crueldad no lo acreditan como poseedor de valores morales y éticos para ser un “mensajero” de Dios.

Según sus primeros cronistas, como Al Waqidi, Ibn Ishaq y Al Tabari, el “Profeta” disponía de varias mujeres, entre esposas, criadas y esclavas, destacando sus relaciones sexuales con Aisha, niña de nueve años, y su matrimonio con su bellísima nuera, reclamo que hizo a su hijo “en nombre de Alá”.

Mahoma fue el primer fundamentalista, y su imaginario Alá una deidad intolerante e injusta, que considera a los creyentes de otras religiones como seres inferiores, que nos ha traído al hombre-bomba, la lapidación de la mujer, la ablación del clítoris, la burka, la yijad, la profanación de lugares santos para orinarse en ellos, la sumisión de los judíos y cristianos. Es la huida a Medina y su conversión en una ciudad-Estado teocrática y guerrera, la Hégira, lo que explica la esencia conquistadora, beligerante, la yihad, de esta religión. Mahoma, con la Hégira, condenaba a la sociedad no-musulmana de la Meca y sus vecindades a ser pasada por el sable de no acogerse al Islam.

Es el rechazo de Mahoma a los hijos de Israel y a los cristianos que inicialmente le habían ayudado, como monoteístas también, es su acusación de haber traicionado y repudiado la nueva revelación de ser el heraldo de Alá, lo que decreta asaltar a las tribus judías de los Banú-Nadir y de los Banú-Kurayza, donde matará a los hombres, robará los bienes y se llevará a las mujeres y los niños para forzarles al exilio; es lo que luego determina la conquista de la Meca y de Jerusalén, y lo que eventualmente provoca el cisma futuro entre ambas civilizaciones.

La matanza de judíos “politeístas” a manos de Mahoma, es considerada por este como una “recompensa de Alá”, y de ahí se conforman las suratas que santifican la fuerza y el despojo para ofrendarlos a Alá y a su Profeta. Mahoma, triunfante en La Meca, recibirá de Alá la inspiración de establecer como sublime este mandato: “¡Oh Profeta, lleva la lucha contra los incrédulos y los hipócritas y se duro con ellos… Su refugio será el Infierno!”. En su Pendón conquistador figurarán los judíos y los cristianos y el agradecimiento al Supremo por mostrarle el arma de la victoria.

En la localidad de Tabuk, en 631, luego de una sangrienta degollina de cristianos, los comentarios de Mahoma son recogidos en las suratas 9, 29-30: “los cristianos dicen: el Cristo es el hijo de Alá. Esas son sus palabras. Imitan el dicho de los incrédulos antes que ellos. ¡Que Alá los aniquile! ¿Cómo se encartan de la Verdad?”. Es imposible negar la raíz teológica de la violencia islámica contra el cristianismo y el judaísmo (9, 29-35), y cómo mediante el yihad matar al pagano que se niegue a la conversión se transforma en una obra piadosa.

“¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!”; “se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste”; “cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Alá quien tiraba para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él”; “combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Alá. Si cesan, Alá ve bien lo que hacen”; “cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociados dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!”; “¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Que os encuentren duros!”.

Para Mahoma y los califas omeyas de Damasco y abasidas de Bagdad, no hubo duda alguna de que la yihad implicaba guerra santa; basta con revisar los hadices del Profeta. En la primera aleya revelada al Profeta, en su Hégira, se legitima el uso de la violencia: “A quienes luchen por haber sido víctimas de alguna injusticia, les está permitido luchar y verdaderamente Alá tiene poder para ayudarles”. Así dice la Sura de la Peregrinación XXII, aleya.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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1 comentario

  1. Invitado
    Invitado febrero 23, 19:52

    Exactamente lo mismo que con Jesus:
    Desde el punto de vista historiográfico no existen fuentes alternas a la biblia que testifiquen que una personalidad llamada Jesús existió realmente en el momento que se dice, o que estuvo relacionado con Galilea y Judea.

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