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El salto múltiple: De lo mortal a lo inmortal

El salto múltiple: De lo mortal a lo inmortal

junio 19
05:26 2011

1-angel_y_angelNo sólo un contra sí (en el sentido evolutivo), sino más bien un contra todo  y contra  todos. Y un ataque frontal y multilateral contra la inmovilidad del pensamiento, las “vacas sagradas” y lo que se pudiera considerar como “el panteón divino”.   Si acudimos a los a menudo eufemísticos términos diplomático-militares, esta beligerante embestida está repleta de “fuego amigo” y “daños colaterales”. En lenguaje religioso, no dudaríamos en calificarlo de herético y blasfemo: un verdadero “Pandemónium”.  Remitiéndonos  a vocablos de terrífica actualidad, la analogía sería un sismo cosmológico seguido de un tsunami parnasiano.

Quizás esa sería la manera más precisa de catalogar el libro El salto interior, que  Ángel Velázquez Callejas nos lega bajo el sello  de Neo Club Ediciones. Una incisiva incursión con punto focal en lo cubano, pero que rebasa ampliamente el ámbito antillano hasta penetrar en el plano existencial. Es ciertamente transgresor, como se sostiene en el prólogo. Pero aún más: es iconoclasta y, acudiendo al lenguaje  popular, diríamos que no deja “títere con cabeza”. Barroco, sí; aunque más cerca del conceptismo que del culteranismo.

Se trata de una colección de ensayos dividida en cinco partes que mantienen una unidad orgánica: El rechazo a todo  canon establecido, la sublimación del vacío, de la nada, de la muerte. Y desde allí se pretende, como consumación teleológica, la aparición del “poeta en actos”.

Los actos nacen del interior, pero su accionar se manifiesta en el exterior.  Nacen de una voluntad o de una imposición. En el primero de los casos, fluyen armoniosamente, aunque pueden crear conflictos externos;  en el segundo, puede o no haber conflictos externos, pero los internos son consustanciales. El ser humano, cuando no es compelido por una fuerza ajena, tiende a actuar de acuerdo con sus deseos, con sus intereses propios, para quedar bien consigo mismo. No confundir lo dicho con la connotación que se le da en sentido lato a la palabra egoísmo. Un solo ejemplo extremo: no son iguales los intereses de un filántropo a los de un genocida.

El autor propone el salto interior. Es evidente que  –en términos matemáticos– de acuerdo con la mística implícita en el conjunto expositivo,  éste sería condición necesaria y suficiente  para el accionar poético. Tal vez  habría que interrogarse si es necesaria una tripleta o sucesión  de saltos: el salto al interior (¿imprescindible?), el salto interior (vital) y el salto al exterior (¿necesario?). Y no nos limitamos a rejuegos semánticos y peripecias verbales. Consecuentemente, para que la poesía actuante se convierta en acción es preciso un salto al exterior, en el sentido no de su génesis, sino de su manifestación.

En  el mundo de la Física, en el cual (queramos  o no)  estamos inmersos, el avance es por saltos. La continuidad  es sólo aparente: la discontinuidad –continua–  es la que prima.  El salto es vida, existencia, continuidad  hacia el futuro,  discontinuidad  con el pasado (¿o con el presente?). Entendidos estos  conceptos no en términos absolutos, sino en el sentido de un movimiento, que ya de por sí constituye una paradoja.

El  Universo  constantemente tiende al colapso. Es paradójico, y la primera paradoja  –considero–  es  la existencia, o quizás la creencia en o la percepción de esa existencia, en un universo infinito pero no ilimitado. En perspectiva, asistimos sólo a un escenario, inmerso en los infinitos universos múltiples paralelos.

La propuesta  definición de algo: un objeto, un hecho, una acción, un proceso o una idea como “irreal”, no presupone “per se” que esa  supuesta  “irrealidad” le reste  connotación  a los efectos que lo así designado pueda ocasionar sobre el plano objetivo o subjetivo.

Con esos presupuestos, acercarnos a las paradojas que nos propone Ángel Velázquez no nos aparta un ápice del sendero que –conscientes o no– recorremos en nuestra experiencia vital. Aceptarlas o no, concederles validez o denegársela, entender que mueven el pensamiento o lo confunden y enrevesan, es prerrogativa de cada cual. No hay respuestas colectivas, sino individuales.

Al decir del bardo español Gabriel Celaya (en versos magistralmente musicalizados por Joan Manuel Serrat), esa poesía (cito de memoria) “es lo más necesario/ lo que no tiene precio/ es un grito en el cielo/ y en la tierra son actos”.

Vale.

Texto leído durante la presentación del libro de ensayos “El salto interior”, el sábado 18 de junio de 2011 en Delio Photo Studio.

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