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‘El son se fue de Cuba’. ¿La nación también?

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‘El son se fue de Cuba’. ¿La nación también?

Cubanos protestan en Miami

‘El son se fue de Cuba’. ¿La nación también?
agosto 17
00:31 2016

 

“Conozca a Cuba primero, y al extranjero después”, versa un viejo refrán cubano parece que ya en desuso. En desuso no sólo por la avalancha de cubanos por el mundo en tiempos en los que, con tantas y torturantes dificultades a cuestas, sigue pareciendo no sólo más tentadora sino más real la posibilidad de cazar leones o cualquier otro animal que considerábamos exótico, que la de cazar nuestras inofensivas jutías.

El refrán nos queda en desuso, asimismo, porque no hay que ser muy sagaces para percibir que el dólar y el euro fueron y quedaron políticamente impuestos al peso. Con suerte, a como dé lugar (lo cual no siempre quiere decir con esfuerzo y menos con las casi extinguidas decencia y honradez) podremos conocer alguna playa lejana o el más a mano Miami Beach… mientras quizás soñemos con Varadero y ni tengamos referencias para imaginar nuestros turísticos cayos.

Hecho mano del viejo refrán, porque si nos está siendo harto difícil hasta casi lo improbable a quienes nacimos en la Isla conocerla físicamente, nos está siendo también cada vez más difícil, para bien o para mal, identificar “lo cubano”.

Para mal, porque lo cubano claro que pasa, ha pasado siempre, por sus negatividades. Algunas, como el choteo, tan magistralmente criticadas por Jorge Mañach. Otras, como la violencia, menos explicitada e incluso en los últimos años, cuando se han alzado voces como las de Juan F. Benemelis e Iván C. Martínez para señalar nuestra violencia fundacional, intelectuales oficialistas con pródiga verborrea prosopopéyica han pretendido negarla y aun justificarla.

Llegado el caso han reconocido, en constreñidos límites, la preocupante extensión de la violencia en la lengua, negando que sea indicador de violencia social… O han reconocido la violencia doméstica, pero… aduciendo que no es privativa “de nosotros, todo el mundo está igual”… (1) En fin.

Identificar “lo cubano” o lo que antes teníamos por tal, identificarlo como debe ser, a partir de características de la cultura, está siendo cada vez más difícil en la Isla y por el mundo. Como toda cultura, lo cubano siempre ha ido de lo sublime a lo ligero, incluidos en ese repertorio ciertos modales y normas de urbanidad, el respeto, algo tan vago como el buen vestir, la valoración del estudio y del esfuerzo propio, etc., lo que también ha convivido con la vagancia y la tendencia a la desmesura, por ejemplo.

El núcleo duro de “la cubanidad”, es decir, “la peculiar calidad de una cultura (…) la condición del alma, (…) complejo de sentimientos, ideas y actitudes” (2), no ha dejado de pasar (también a la fuerza) por la trituradora que ha constituido la añosa estructura absolutista, autoritaria y totalitaria castrista.

Tal vez, en la actualidad el mejor escenario para la visualización de los cambios sociológicos observados desde la identidad nacional del cubano sea Miami, ese “espacio que se reconstruye sin parar” (3). A estas alturas pocos dudarán que aquella ciudad, y no una Habana que nos han hecho legalmente excluyente y que recién nos enteramos que es una “maravilla”, haya devenido en “la capital de los cubanos”. Incluso por la acogida sin distingos, ni siquiera de ideología y de prácticas políticas.

El sujeto identitario cubano allí “transterrado” es en ese espacio más que en cualquier otro donde se muestra en su heterogeneidad. Una heterogeneidad que excede y a su vez contiene “la cubanía”, es decir “la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser” (4), pese a las variopintas y no siempre reconfortantes maneras de serlo.

Pero… ¿quién puede adentrarse, con éxito, en algo tan privado como el sentir? Ni siquiera los castristas con toda su voluntad y su voluntarismo.

Unos cambios de estructura en el país que han penetrado prácticamente todo, no podrían sino incidir a su vez en la cubanidad. Y claro que ese ha sido propósito nada subliminal de la articulación política castrista.

Ese “transterrado”, ese “ser humano desplazado que, en lugar de decidir entre dos culturas, opta por poner patria a medio camino entre ambas, en el centro del puente que las une” (5), confluye en Miami en varias oleadas generacionales, más o menos desiguales en sí mismas y entre estas. Asumiendo aquí el concepto “generación” no en sentido cronológico de fajas etarias, sino de período de salida del país de origen y asentamiento en el territorio poco más o menos que independiente que constituye esa ciudad estadounidense.

En Miami tenemos de lo humano y de lo divino cubano. De los mejor y de lo peor. De lo identitariamente enriquecedor y de lo empobrecedor porque en sí mismo es pobre.

En oleadas sucesivas allí coincidentes, pululan el señor y el vividor, la señora y la compañera. Artistas de todas las manifestaciones caminan por las mismas calles que deportistas allí engendrados o dados en nuestro país por “desertores” (algunos ahora políticamente “reivindicados”) y un sinfín de buscavidas de todo tipo.

Anticastristas y castristas, estos últimos de los oficiales a los oficiosos, sin descartar la pléyade de “patriotas anónimos” que casi gritan su hacer, conviven en mayor proximidad territorial con los familiares de los gobernantes de la Isla que la que tendrían en La Habana, donde ni sabríamos los lugares en los cuales esos pernoctan.

Como en la canción del catalán Joan Manuel Serrat, Miami simula a la noche de San Juan pero… sin que necesariamente el villano y el señor se den las manos, aunque puede que se confundan y hasta fundan en el mismo personaje… ¿Es eso “el cubaneo”?

Como en la decimonónica centuria, la Cuba profunda con su multiplicidad tipológica y la “revolucionariamente” elitista, mucho más homogénea, marchan al extranjero. Ya no es Nueva York ni Cayo Hueso como entonces. Ahora es Miami la escogida para reproducirnos la Cuba de ayer y la de hoy. Quizás, para anticiparnos a la Cuba del futuro.

Sin dudas les ha gustado la veraniega y paradisíaca ciudad. Aquella donde la bulla tiene control legal más o menos rigurosamente cumplido, si bien parece que no tanto los robos al Estado que, según fecha de llegada de muchos de sus perpetradores, sugieren que fueran importados desde Cuba.

En Miami está la nación cubana. Allí tenemos a Cuba en su mismidad y en sus otredades. Allí están la Cuba apócrifamente homogenizante y sus márgenes, inclusos sus exclusiones… que sin dudas ya es tiempo de repensarlas. Allí se expresan los cambios en la lengua y en el lenguaje. En los comportamientos, en la estética y hasta en la ética. Cambios que no alcanzan siempre una confluencia armónica.

Allí cubanas y cubanos crean y recrean. Incluso, están los que con mayor o menor grado de improvisación, se reinventan a sí mismos. Aquel escenario es la expresión de la existencia de pensamiento que, contra los pataleos desaprobadores del castrismo y pese a todo su esfuerzo manipulador, sigue siendo cubano más allá de la Isla y generando intelectuales y artistas que deberían ser nuestro orgullo. Allí están literatos y poetas, cientistas sociales y políticos de todas las generaciones y de todos los estilos para demostrárnoslo.

Porque Miami no se reduce a la ilusión del bistec con papas fritas y del ron Bacardí… pese a que es eso también. Pero, a fin de cuentas, es mucho más y… por qué no decirlo, es mucho menos. Porque allí además se lucha para imponer la violencia del hábito censurador. Especialmente en tiempos en los que no es garantía de libre expresión ni de liberarnos de la persecución ni de la opresión el salir de la Isla.

Miami es territorio para la manifestación de la hibridez en una multiplicidad de expresiones. Estando en suelo territorial del llamado “norte”, es albergue de una multiplicidad de voces procedentes del llamado “sur”. Más que parte de la norteña nación, enuncia y anuncia el futuro de pequeños espacios habitados por una multiplicidad de naciones dialogantes, porosamente fronterizas o híbridas. Y expresa la riqueza y la pujanza que cultural, política y económicamente ello puede significar.

En Miami llegan a la Santería, y en esta se quedan, cubanos que la desdeñaban en la Isla. Desde allí el chisme desborda fronteras para contarnos a través del teléfono que se vio a la vecina y tiene marido nuevo. También de allí llega a la Isla alguna anunciada política o, en general, cualquier tipo de noticias que envuelve a los cubanos del terruño sin que estos lo sepan.

Miami puede ser y es oportunidad. No sólo económica, no sólo de sobrevivencia. Igualmente lo es psicológica y emocionalmente. Sobre todo y pese a todo puede serlo de liberación si, a tono con el pensamiento de la ex esclava estadounidense, el sujeto fuera consciente de su esclavizante dependencia que alienantemente piensa como su protección.

Siendo oportunidad de experiencias nuevas, Miami puede serlo para la revisión del pensamiento y para la elaboración y articulación de nuevas ideas. Lo cual sin dudas ha venido sucediendo, pero que deberá estimularse y ampliarse a tono con la diversidad de la nación.

En Miami se anticipa la post-colonialidad cubana en la misma medida en que sobrevive la colonialidad y parece estar llegando el coloniaje. En ese espléndido escenario de continuidades y discontinuidades, de endogamia y de exogamia de la cubanidad, de sus expresiones más o menos mesuradas a las abruptas, está hoy el peligro de reelaboración renovada, “modernizada” y “transterritorializada” del castrismo. A fin de cuentas, también desde allá llegó dinero para la revolución de los Castro, aunque mucho menos del que está llegando para su sostenimiento.

Notas

(1) Trabajo de campo de la autora, realizado en La Habana.

(2) Ortiz, F. En: Revista Islas. Santa Clara. Volumen VI. No. 2. Enero-junio, 1964. Págs. 91-96.

(3) Fernández Pequeño, José. “Los transtierros de la memoria”. Palabras de presentación del libro Memorias del equilibrio (cuentos). Centro Cultural de Miami, 24 de junio de 2016. Recibido vía facebook. Sábado, 16 de julio de 2016. Del blog palabrasdelquenoesta.blogspot.com

(4) Ídem.

(5) Concepto del escritor dominicano Keysi Montás. Citado por: Fernández Pequeño, José. “Los transtierros de la memoria”. Palabras de presentación del libro Memorias del equilibrio (Cuentos). Centro Cultural de Miami, 24 de junio de 2016. Recibido vía Facebook. Sábado, 16 de julio de 2016. Del blog, palabrasdelquenoestá.blogspot.com

Sobre el autor

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga (Mimi) es historiadora y antropóloga. Nació en La Habana, Cuba. Investigadora y Profesora-Directora del programa de diálogo cultural e interreligioso de CEHILA-Cuba (para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Fue corresponsal en LH de Radio Única (Miami). Actualmente reside en Brasil.

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1 comentario

  1. Rodolfo
    Rodolfo agosto 25, 23:07

    El tabajo, excelente en forma y fondo. Solo un detalle: Conozca a Cuba primero no es un dicho o refran, sino una cancion de Eduardo Daborit que se hizo famosa desde 1959 e adelante.

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