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El último hombre en un libro revolucionario

El último hombre en un libro revolucionario

El último hombre en un libro revolucionario
enero 07
21:50 2015

Ángel Velázquez Callejas posee el don, como estudioso de la filosofía, de contar con un sólido background teórico que le permite desplegar su despiadada crítica en contra de muchos de los valores establecidos que conocemos, específicamente en relación al tema cubano, con la simpleza de quien lee un cuento para dormir en una plácida noche de verano. Cuba y el último hombre (Neo Club Ediciones, Miami, 2014) es un ejemplo fehaciente de esto que digo. A veces llegamos a preguntarnos si el autor es consciente de la manera revolucionaria en que visualiza muchos de los tópicos inherentes a nuestra nacionalidad o, incluso, de la forma en que aborda temas más universales dentro del área del pensamiento.

No me caben dudas de que el espíritu de Nietzsche ronda la obra de Velázquez Callejas. Esa vocación por escudriñar desde una perspectiva crítica, pero mesurada, ideales canónicos del pensamiento y de la literatura criolla, lo convierten, sin dudas, en un excelente ejemplo de autor comprometido con su tiempo, de pensador agudo y reflexivo. Sin embargo, quien pretenda encontrar en la obra que nos ocupa respuestas definitivas sobre determinados asuntos, terminará por decepcionarse, pues en sus páginas se propone más que cualquier otra cosa, como si fuera tarea del lector completar cada imaginario desgranado por el autor a lo largo de sus más de 200 páginas.

Velázquez Callejas abarca en esta obra desde el Zaratustra nietzscheano (donde por cierto se anima a hacer una comparación entre las tres metáforas ascéticas del pensador alemán y los tipos morales intelectuales de la isla) hasta el eterno tema del nacionalismo criollo, cuando llega a plantear que el peso de la isla continúa permeando la obra incluso de los creadores exiliados.

El problema nacionalista

El creador cubano es huérfano de la perspectiva psicológica de la geografía insular. Existe una conciencia del espacio físico, más no del etéreo, del mental. Y esto ha llevado, según nos dice Velázquez Callejas en Cuba y el último hombre, a convertir el nacionalismo en una constante de la obra criolla. Nacionalismo que se ha alimentado del trabajo intelectual de filósofos, escritores e historiadores, por ejemplo.

Los filósofos Antonio Correa Iglesias y Ángel Velázquez Callejas durante la presentación del libro en el primer Festival del Arte y la Literatura Independiente de Miami (VISTA)

Los filósofos Antonio Correa Iglesias y Ángel Velázquez Callejas durante la presentación del libro en el primer Festival del Arte y la Literatura Independiente de Miami (VISTA)

Y es que literatura y nacionalismo constituyen un tópico cardinal en las preocupaciones intelectuales del filósofo Ángel Velázquez Callejas. Y lo desarrolla a plenitud en este libro, aportando una cuota de necesaria crítica desde una perspectiva nietzscheana. El gran valor, en este caso, del autor, es que se atreve a arremeter contra ciertos conceptos establecidos y lo hace con meridiana claridad y mucha lógica.

Un punto muy interesante desarrollado por Velázquez, por ejemplo, es el de la insularidad dentro del universo imaginario del creador cubano –como comentaba al inicio–, y en el remanente nacionalista que esto acarrea, ya sea en el análisis del ideario martiano, al que califica como el Zeus del panteón local, o en la propia creación de literatura per se. Para Velázquez este nacionalismo constituye una especie de refugio psicológico e identitario, al cual califica con muchísimo tino como “el peso de la isla”. Lo peor para el autor, sin embargo, ha sido constatar que dicho peso sigue siendo soportable para el intelectual cubano, lo que le impide erradicar ese maligno lastre en que se ha convertido la cubanidad.

También nos habla Cuba y el último hombre de la violencia como base del nacionalismo cubano y de cómo este ha llegado a convertirse en condición inseparable del mecanismo defensivo del individuo, deviniendo así en una ideología sociocultural construida en base a la figura central de un líder o caudillo. “La cultura nacionalista produce y cultiva el fanatismo. Y por ese fanatismo de creer en la absurda idea de que la nación, la nacionalidad, el pueblo, son conceptos que encierran una verdad existencial, se han creado los estereotipos de nuestra culura”, razona Velázquez Callejas en La máscara nacionalista, uno de los excelentes ensayos que componen este ejercicio filosófico repleto de conceptos reveladores y nuevas aproximaciones al tema de Cuba y su intelectualidad.

Es por ello y por muchas otras cosas que ahora se quedan en el tintero, que me atrevo a recomendar Cuba y el último hombre, libro necesario, probablemente imprescindible en el panorama actual de la ensayística del exilio, sobre todo por su invitación constante al análisis y al ejercicio de la crítica. Disfruten.

Sobre el autor

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López, escritor y poeta, es Doctor en Medicina por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1994) y Médico Cirujano por la Universidad de Chile (1998). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Además, es Diplomado en Gestión Pública y Medios de Comunicación (Universidad de Chile), Diplomado en Moral y Espiritualidad (Universidad Católica de Chile), Diplomado en Políticas: Desarrollo y Pobreza (Universidad Católica de Chile) y Diplomado en Responsabilidad Social. (Universidad Católica de Chile). Reside en Miami.

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