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El vacío en Isla Tabú

El vacío en Isla Tabú

El vacío en Isla Tabú
Mayo 27
00:05 2015

 

Un libro, ya se sabe, es su autor. Sobre todo cuando se trata de un libro autobiográfico, o que juega a serlo desde la perspectiva del alter ego, del sujeto vivencial en relación directa con la historia contada. Y si ese libro es una novela y el autor un exiliado que habla sobre su país de origen, ya de regreso pero en tránsito hacia otra parte, esta circunstancia se acrecienta considerablemente. Por eso quiero referirme, antes que todo, al autor Ernesto Olivera Castro.

Conocí a Olivera Castro (La Habana, 1962) a poco de llegar a Miami, si la memoria no me falla a través del también poeta Joaquín Gálvez. Y me impresionó enseguida el talante abierto y la sicología emprendedora que, sin abandonar su hedonismo connatural, caracterizaban, y caracterizan, a este escritor e ingeniero con residencia en México. Luego admiré su literatura, en la que se mezclan lo conversacional y lo experimental con audacia y sabiduría. De esta madera está hecha la novela Donde crece el vacío (Neo Club Ediciones, 2014), la primera publicada del autor tras varios poemarios en circulación.

“Todas las islas son verdes y húmedas. Pero Isla Tabú es una abstracción, una raya en el horizonte, un jinete azul o una botella echada al mar por un tal Crusoe, quizás el salitre en la memoria”. Así comienza esta novela cargada de poesía y maniobras disuasorias, de asombro y renuncia inquebrantable, porque Isla Tabú, como probablemente ya habrá adivinado el lector, es esa Cuba a la que inevitablemente han renunciado, en los últimos 60 años, millones de cubanos marcados por la omnipresencia del totalitarismo. Y esa Cuba planea sobre todo el libro como una presencia insultante y, sin embargo, entrañable, una relación de amor-odio que el autor sostiene con astucia a lo largo de sus trescientas páginas.

Donde crece el vacío aparece como una ráfaga, un torbellino de la imaginación implacablemente conducido por las argucias del lenguaje. Ya desde su mismo planteamiento –tras escapar de Cuba, el protagonista regresa a la Isla y se instala en un container “lleno de agujeros que parecía disparos de AK-M”, a manera de vivienda prohibida en el mismo centro del barrio de El Vedado— este libro mete al lector en una secuencia de fugas, anécdotas y reflexiones de la que emergemos entre el éxtasis y la estupefacción. Porque, como ha dicho la especialista Ivette Fuentes de la Paz, “en este develamiento de la memoria se llega a la palabra única (tal y como dice Olivera: “escribir sobre lo escrito es lengua muerta”, pero “sacar tiempo para escribir es un perdón de la muerte”), que es la tabla de salvación en medio del vacío”.

Con esta obra Olivera Castro, uno de los más destacados poetas cubanos de su generación, se cuela en el pelotón de vanguardia de la narrativa latinoamericana contemporánea.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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