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El viaje de Silvia (IV)

El viaje de Silvia (IV)

El viaje de Silvia (IV)
agosto 24
22:35 2014

Un día fuimos a buscar café a una de las dos tiendas de Nespresso que están en Passeig de Gràcia. La incorporé a una parte de mi ruta citadina, para emboscarla en un plan ordinario y, a la vez, espectacular. Emergimos de la estación de Diagonal que está en el cruce de esta importante avenida con la de Passeig de Gràcia, desde donde se ve, en perspectiva, el ancho y largo de la segunda calle más cara de España (después de la madrileña Preciados). A mí me gustan más Rambla Catalunya y Enric Granados, dos vías también afrancesadas aunque más estrechas, pero Silvia sucumbió ante la belleza urbanística de ese Passeig (Paseo, en castellano) que en sus inicios sirvió para enlazar la antigua ciudad amurallada de Barcelona con el entonces distrito independiente de Gràcia, la villa con personalidad propia que curiosamente hoy se ha convertido en una zona muy alternativa de la gran ciudad, donde se posicionan fuertes movimientos antisistema.

Los cuatro o cinco magnos edificios del Modernismo catalán, afincados en Passeig de Gràcia –los que salen en todas las guías del viajero-, los bancos cruzados hechos con el método loquísimo del trencadís (rotura de azulejos para colocar los fragmentos hasta en los bordes redondos donde no se puede trabajar la piedra), las suntuosas farolas de hierro fundido haciendo dibujos antes de llegar al agarre de la bombilla, el ancho de calle en sí mismo, de acera, los árboles que ofrecen algún color y ,luego, los despampanantes escaparates de las más famosas marcas de ropa de todo el mundo hacen de esta travesía un largo camino hacia el más allá, ese lugar innombrable adonde casi nunca vamos pero transitamos por él.

Nadie aquí aspira a comprar un apartamento en Passeig de Gràcia, aunque haya tenido ese sueño alguna vez. Tampoco es estrictamente necesario en una ciudad en general bien acondicionada y con excelente sistema de transporte, bien comunicada por sus cuatro puntos cardinales y con accesibilidad sostenible para minusválidos en la gran mayoría de estaciones de metro y esquinas, porque Barcelona, que creció a golpe de eventos, se ha propuesto estar en el mapamundi como un destino ineludible. De hecho lo es. Tal vez sea por esa inmensa cantidad de turistas –la población flotante que llega en agosto cuando los lugareños se marchan- , se me hace pesado transitar por el centro, más todavía por Passeig de Gràcia, que, aunque ancha, me sigue pareciendo una puesta en escena de una obra de teatro titulada Barcelona, la botiga mès gran del món. El slogan del Ayuntamiento.

Esto que me sucede, sin dudas, forma parte de un prejuicio, de los tantos que solemos tener. O tal vez forma parte de mi sistema sensorial, más cercano a las pequeñas escalas. De manera que Silvia se perdió los detalles de la gran avenida, porque por ahí transitamos solamente una vez, a prisa y de camino a la exclusiva tienda de Nespresso, el nuevo club de los barceloneses donde confluyen los ricos y los obreros en total armonía, todo dependiendo de que queramos o no invertir nuestro dinero en un café aromático envasado en cápsulas. Eso sí, con una crema bien espesa.

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Sobre el autor

Jorge Ignacio Pérez

Jorge Ignacio Pérez

Jorge Ignacio Pérez, periodista, escritor y fotógrafo radicado en Barcelona durante once años, vive actualmente en el sur de la Florida. Reportero y cronista, graduado de la Facultad de Periodismo de La Habana, trabajó durante una década como columnista de teatro en Cuba. Desde febrero de 2007 es el autor de un blog personal llamado Segunda Naturaleza (www.queridobob.blogspot.com), que se ocupa principalmente de asuntos políticos y culturales de España, Miami y Cuba. Trabaja actualmente como editor del portal Cubanet

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