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El viaje de Silvia (XI)

El viaje de Silvia (XI)

El viaje de Silvia (XI)
mayo 13
07:04 2015

Mi padre murió sin conocer Sitges. Tampoco conoció Barcelona ni conoció nada de España. Pero sé que en uno de sus mapas tenía circulado a Sitges. La razón nunca me la explicó, seguramente porque no le dio tiempo. La vida no quiso que diera tiempo de reencontrarnos con tranquilidad y hablar sin apurar ni una coma, ni un pensamiento. Desde su balcón, que era un puesto de observación marítima y celeste, cambió las coordenadas de aquel pueblo la última vez que lo vi. Le dije que me había encantado Sitges y le pregunté por qué ese lugar:

–No te lo puedo explicar –me aseguró–, solo sé que está aquí –y señaló el centro de su pecho.

Pero este cuento no se lo he hecho nunca a María ni a Silvia. Hay muchos detalles de la última conversación que sostuve con mi padre en su balcón de La Habana que no he podido siquiera procesar. Primero que todo estoy aún procesando la noticia de su muerte prematura. Su ausencia irremediable que me lleva a todas partes con los puños apretados hasta que logro relajarme. Hace poco estuve en el Cementerio de Colón de vuelta con las despedidas; estuve sentado a su vera una tarde de tormenta calurosa pensando en que volvería a La Habana sin que hubieran tiempos revueltos; o sea, sin esa pauta pertinaz –hace muchos años dejó de ser provisional– que nos ha marcado el mismo gobierno en dos cuartos de siglo.
Me robé una piedrecilla desprendida de su bóveda a causa del tiempo y la traje en mi bolso, para dejarla en Sitges y con esto cerrar un círculo. Pero el día que llevamos a Silvia no la encontré. Para ser honesto, se me olvidó.

Ese día –que fue una tarde– nos hizo un tiempo espléndido e íbamos sobrados de tranquilidad. Nuestro plan era que Silvia conociera un pueblo aledaño a Barcelona con mucha historia nuestra. Es un pueblo de Indianos donde se puede ver la arquitectura colonial –comenzando por la iglesia al lado del mar– y se respira un aire caribeño en el paseo con palmeras. Es un regalo que nos ha hecho el Mediterráneo para que los del otro lado del Atlántico no perdamos las esperanzas de encontrarnos a nosotros mismos, una vez instalados como destino en un lugar que fue un punto de origen. Historias de ida y vuelta matizadas en los barrotes de los grandes ventanales de las casas, en sus patios interiores y en los nombres de las calles.

Sé que hay pueblos mediterráneos más indianos que Sitges –Begur, por ejemplo–, pero el caso es que el que circuló mi padre nos queda a dos pasos de Barcelona. Allí, siempre que voy, encuentro a un cubano gay, Tony, a quien desde estas páginas declaro embajador extraordinario y plenipotenciario de nuestra querida isla. Verlo y tomar un café con él es más que un suvenir: es un viaje en sí mismo. Simpático y hedonista como muchos de nosotros, le contó su vida a Silvia con detalles de conquistas incluidos. María ya conoce estas jornadas y se dedica a observarnos mientras nos remontamos a un ámbito social cubano que ya no existe. Es pura nostalgia desgranada entre copas –como la película-, que vamos bebiendo en cada lugar donde Tony nos presenta. Como si fuera un marqués o, prescindiendo de los títulos nobiliarios, como si fuera un verdadero embajador. Tony descansa su alma allí, apoyado en la libertad de proyectos que se pueden ostentar, porque Sitges, sin lugar a dudas, es una zona de tolerancia sexual que vive del espectáculo. La demarcación también presume de un festival internacional de cine de terror y de uno de los carnavales más famosos de la península, pero su principal atracción al uso está en ser un paraíso gay.

Para pasear y alargar una tarde/noche está perfecto el lugar; para comerse una paella a la orilla del mar, también. Nos habíamos apuntado a la paella antes de llamar a Tony por teléfono. Con él hicimos la sobremesa y terminamos –no me acuerdo por qué razón- en los bares de la famosa Calle del Pecado.

(Continuará…)

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Sobre el autor

Jorge Ignacio Pérez

Jorge Ignacio Pérez

Jorge Ignacio Pérez, periodista, escritor y fotógrafo radicado en Barcelona durante once años, vive actualmente en el sur de la Florida. Reportero y cronista, graduado de la Facultad de Periodismo de La Habana, trabajó durante una década como columnista de teatro en Cuba. Desde febrero de 2007 es el autor de un blog personal llamado Segunda Naturaleza (www.queridobob.blogspot.com), que se ocupa principalmente de asuntos políticos y culturales de España, Miami y Cuba. Trabaja actualmente como editor del portal Cubanet

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