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El Yo Teológico en la obra de Eliseo Diego

El Yo Teológico en la obra de Eliseo Diego

Febrero 10
07:30 2013

Eliseo DiegoDe Cuba traje hace un año un libro que desde entonces vengo leyendo a ratos, a saltos, y que me resulta difícil concluir. Quizás porque son muchas páginas (más de setecientas) escritas bajo un caudal academicista minucioso, que me impide condensar un tiempo y, lo que es mucho más valioso para mí, un espacio de lectura total. Se trata de un estudio crítico, tal vez el más exhaustivo que se haya realizado, sobre la obra del poeta cubano Eliseo Diego.

 

Ráfaga, como se nombra el autor del libro (Rafael Almanza), verdaderamente ha corrido la cortina

(Eliseo DiEgo: El juego De diEs, Editorial Letras Cubanas, 2009) para que una teologizada teoría acerca de la poesía se exprese a través de tres momentos (dimensiones),  uno seguido del otro: un espacio tiempo para contemplar, inventariar y luego nombrar al objeto, es lo que constituye la lógica del “Yo Teológico” en la poética de Eliseo Diego.

Pero, ¿por qué estoy en desacuerdo con la posición central, oculta, de los argumentos que esgrime el autor, aun cuando el libro sorprende por el dominio bibliográfico y teórico-conceptual, por la excelsitud de la prosa y la notable sensibilidad estética? A mi modo de ver, tal y como Ráfaga  defiende una teología ecuménica sobre la obra de Eliseo, ésta no trasciende la naturaleza de la tradición poética de Cuba y el mundo. No es igual, desde luego;  no es la misma de la tradición ateísta, pero no hay una trascendencia sobre ella. Este es el punto que se le escapa a toda prudencia ideológica (religiosa o no) determinista.

El empeño del autor de este extenso libro ha sido, sobre toda las cosas expuestas en él  (teoría, análisis y critica), darnos una sensación de transcendencia, de crecimiento espiritual. De un ir más allá del mero “paisajismo” o “realismo” cubano. Pero ese espíritu trascendente que se entona musicalmente, no es vital ni real; es imaginario, como todas las artes. Está representado como un sueño, una esperanza, dentro de ese “yo teológico” de la poética y el ecumenismo religioso, católico, de los intelectuales en Cuba. El más brillante, quizás, por su ecumenismo, fue Lezama Lima.

Ese ecumenismo religioso es solo un cambio de sueño, un cambio de deseo y esperanza, cuando el soñador sigue siendo el mismo sujeto desgraciado que contempla, enumera y escribe. Un juego en tres dimensiones que oculta la razón de seguir posponiendo la vida. La teología, la creencia en Dios, en este caso poética, no trasciende en nada al ateísmo poético de la tradición cubana. Los dos, tanto el teísmo como el ateísmo, constituyen creencias y sueños sobre un mismo fenómeno cultural: el ego poético. El ego que tiene la capacidad de hilvanar una teoría, una doctrina sobre la representación del arte. El ego que tiene la única capacidad de crear desplazamientos, no transcendencia.

El Yo Teológico o la poética teológica que se describe en Eliseo DiEgo: El juego De diEs es solo un desplazamiento hacia un extremo dentro de la lógica y la estructura (el juego) del yo. Del yo que se resiste a su naturaleza bipolar, a ser trascendido. Si asistimos a una obra que enaltece el sentido católico de una poética, esto no la hace superior y trascendente al ateísmo poético de, por ejemplo, un Nicolás Guillén o un Juan Marinello. La hace diferente en el sentido ideológico, pero en el fondo ambas determinaciones buscan el mismo objetivo: imponer un ideal, hacernos creer en una idea, aquélla en la tierra, ésta en los cielos. Así se crea una dicotomía ideológica disfrazada de trascendentalismo y protagonismo y recibida por posteriores generaciones como respuesta para luchar contra la objetividad del discurso nacionalista-dictatorial. Pero, en fin, se trata solo de otro discurso. Otra manera de pensar bajo la misma estructura del yo y la cubanía.

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