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Entre el sarcasmo y la sensibilidad

Entre el sarcasmo y la sensibilidad

Entre el sarcasmo y la sensibilidad
diciembre 08
18:33 2013

cartas lindenAcabo de releer el último poemario de Augusto Lemus, guantanamero residente en Las Vegas, publicado por Linden Lane Magazine bajo el título de Cartas de odio, amor y de otras nimiedades. Su creador presenta sus composiciones con valentía, atravesando los temas más abruptos con un sentido autocrítico donde el lector se encuentra con la dual comunicación entre creador y receptor, tal como dijera Roland Barthes.

Una cosa que llama la atención al hojear este texto es su título sugerente, cargado de la ironía típica de este autor. Así el amor se torna antipatía y el odio es, por otro lado, una engañosa percepción del cariño.

La pasión se expresa en “Labios perjuros”, donde nos describe como: “Mis besos/ transitan las calles de tu desvergonzada boca/ cuántos postes preservan el hedor de otros perros”. Una postura que alguno podría señalar de antipoética hasta lo más sentimental, como cuando pide a la persona cómplice de su lujuria: “No me detengas al borde del suicidio/ déjame llegar al agridulce mortal de tu lengua”.

También sobresale un poema donde su engañoso comienzo nos habla del ser amado y en el que el sujeto poético está arrancándose los ojos “para que no adivinen su sombra/anudándome la lengua para” para devolvernos al mundo de Onán con un par de versos epatantes: “Extiendo las manos al abismo/ me masturbo”.

De la cotidianeidad de la vida sentimental, Augusto Lemus se evade a mundos en los que lo culterano, el refinamiento y los placeres terrenales se entremezclan con los recuerdos y un cierto devaneo nihilista y autodestructivo.

En el libro aparece también una referencia importante a su formación intelectual. En “A los Egos”, el poeta menciona su incursión en un grupo con el mismo título. Algo de amargura transpira en las estrofas que mencionan su experiencia y el desmembramiento que en muchos terminó en exilio. Así nos recuerda esa etapa de su vida: “Convocados al vesperal del equinoccio / estrictamente tiernos/ tiernos como azahares. / Prestos a oficiar en el amor/ el más duro oficio encomendado al hombre (….) Olvidando/ lo agreste del destierro interior/ el drama atroz del no entendernos.”

En la segunda sección del libro, una serie de poemas describe el crimen pasional y otros temas de literatura negra. En “El amor de Pancracio” nos señala como (…) se siente el placer de Dios/ degollando a la Magdalena.” También se incursiona en el incesto en “EL amor de Prisciliano”: “Sonríe al recordar/ el terror de la sonrisa/ desdiciendo el espanto y el aullido. Salpicadas de sangre, y de semen/ las infantiles ropas yacen /desechas por el suelo. / Dios en cada criatura/ Dios violado en la inocencia de sus siete primaveras/el padre poseyéndola/ en la resaca del vino”.

La brutalidad se entremezcla con el sadismo en los poemas “El amor de Juan” y “EL amor de Filomeno. Veamos las estrofas siguientes: “Cuidadosamente colocó los peces/ en la jaula de las cotorras,/ se deleitó en la versallesca danza del canario/ mientras lo hundía en la pecera”. Ya en el final se evidencia lo señalado antes: “Comprobada la perfección del escenario /le declaró su amor al amado/ hundiéndole el puñal lentamente /en el pecho vacío de pasiones”.

El último poema de esa sección, “Carta del homosexual ofrecido en el altar de la hombradía”, es un documento que denuncia los sufrimientos de aquellos confinados en los campos de concentración en Cuba por razón de esa orientación sexual junto a otros llamados “parásitos sociales”. En la composición se señala como, según criterios oficiales, “el raro” pudo al fin salir de esa tortura luego de la flagelación impuesta. Veamos: “Mis dedos al fin libres/ danzan macabramente junto al lodo / mezclas de sangre, lágrimas y orine. / Mis nalgas, otrora alegres bailarinas/ han sido marcadas a hierro candente/ desechas a golpe de palo”.

El libro concluye con “Nimiedades”, suerte de confesiones, recurrencias e intertextualidades que  se insertan en la incertidumbre de la modernidad luego de una sección demasiada recargada de recurrencias, especie de tributo a sus maestros.

Quisiera terminar con un poema, ya antológico, que confirma la nota de contraportada de Cartas de odio, amor y de otras nimiedades, editado por Belkis Cuza Malé, donde se señala que esa poesía está “llena de belleza y sarcasmo a un tiempo. Lenguaje que refleja la originalidad de Augusto Lemus”.

A las doce

Hay un tufo a carroña en la estancia,
a descompás entonan los grillos
sus cantos quejumbrosos.

Reunidas están las alimañas
para tomar declaración de Dios
por la muerte de los ratones.

Al amanecer
la humareda azul
anuncia que el cabildo terminó en llamas.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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1 comentario

  1. Augusto
    Augusto diciembre 10, 13:37

    Gracias Maestro por sus comentarios y a Neo Club por su difusión.

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