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Ernesto Olivera Castro, el camino de la novela

Ernesto Olivera Castro, el camino de la novela

Ernesto Olivera Castro, el camino de la novela
julio 28
01:22 2014

 

Conocí a Ernesto Olivera Castro (La Habana, 1962) a poco de llegar a Miami, si la memoria no me falla a través del también poeta Joaquín Gálvez. Y me impresionó enseguida el talante abierto y la sicología emprendedora que, sin abandonar su hedonismo connatural, caracterizaban, y caracterizan, a este escritor e ingeniero. Luego admiré su literatura, en la que se mezclan lo conversacional y lo experimental con audacia y sabiduría.

Olivera ha recibido, entre otros reconocimientos internacionales, el Premio Nacional Paula de Allende, de la Universidad de Querétaro, en 1991. Su poesía ha aparecido en antologías de México, Cuba, España y Estados Unidos. Ha publicado poemarios como Habitante provisional (1994), Cuarto menguante (1998) y Largo aliento (2013), entre otros. A propósito de la inminente aparición de su primera novela, Donde crece el vacío (Neo Club Ediciones), el escritor tuvo la gentileza de concedernos esta entrevista:

Armando Añel. En tu novela Donde crece el vacío, que Neo Club Ediciones publicará este año, regresas a Cuba y vives en un container de hierro en el medio de La Habana. Cuatro paredes sin ventanas en un país sofocante como Cuba. ¿Esto es ficción o realidad?

Ernesto Olivera. La ficción por la que apuesto es aristotélica, y un clásico en la lengua española con las posibles lecturas del Conde de Lucanor, y sin duda encuentro el mayor gozo en la experimentación estética de El mundo alucinante de Reinaldo Arenas, en la intertextualidad donde se mueve fray Servando Teresa de Mier, una historia contada con diferentes elementos de la voz narrativa. La prefiguración de Arenas se manifiesta en la contingencia del personaje: la herejía y disidencia que traen la fuga y la persecución. Es una ficción que termina hecha realidad, donde intervienen esos rasgos autobiográficos, y las acciones en su vida son la consecuencia en su narrativa. Su novela era y fue su vida, una ficción hecha realidad. Antes que anochezca es una prueba inverosímil.

Y vuelvo al principio con Aristóteles, el ser humano es acto y potencia, realidad y posibilidad. En parte somos y en parte podemos ser, es decir, la ficción por la que apuesto es una realidad latente, un rencor vivo como diría Pedro Páramo. Incluso en este mismo momento en que ejercemos la mayéutica, ¿no sobreviven escritores en El Plátano, ese viejo barrio insalubre cerca de la Plaza José Martí, o acaso cualquier mansión de La Habana no es una cuartería hoy día? La memoria de Navigio, mi narrador personaje, es un container en medio de La Habana, fumando un mocho de tabaco y escupiendo una maceta de Flor de Pascua. ¿Es posible? Entonces es una ficción que la realidad acecha, esencia de lo Real Maravilloso, lo increíble pero cierto, contrario al Realismo Mágico, que es lo creíble pero imposible. Cualquier ficción puede ser tan provisoria, o no, si su realidad es la consecuencia de las acciones y los conectores lingüísticos de la narración. Y tocando al cine, Corre Lola, Babel, Amores perros, son ejemplos cinematográficos donde se funde la ficción con la realidad al tener como sustento la probabilidad. Y claro, en Cuba hay una realidad más asfixiante que un container.

AA. ¿Pudieras resumir brevemente Donde crece el vacío para los lectores de Neo Club Press, en el sentido de un bosquejo de los personajes y de la trama?

EO. Un escritor narra sus memorias en un container (alquiler ilegal) en medio de un patio del barrio de El Vedado, cerca del malecón habanero. Su regreso ilegal a Isla Tabú (lugar de origen) después de 20 años sólo se explicaría con su salida ilegal hacia la guerra de Angola como la única vía para escapar y llegar con su tía gallega en Orense, y por encargo de su padre entregarle las cartas, fotografías, actas de nacimientos, papeles de propiedades confiscadas por el gobierno, y aparecer en el árbol genealógico de los Folgosos. Pero su tía muere, dejándole a cargo Temple Bar y una antigua biblioteca (con Delfus, el encargado). Y volará el tiempo narrativo entre imprescindibles digresiones y microhistorias, hasta que un devastador incendio desencadena la persecución a Jean, un traficante de arte que al parecer ha robado el árbol genealógico, (pasando por Yucatán) hasta poder enfrentarlo en el Cementerio Colón de La Habana. Y sin darse cuenta está de vuelta en la Isla, donde alquila un container y se pone a rescribir, reconstruyendo su nuevo árbol a partir de entrevistas, cartas, diarios, de la gente, de la calle, desfilando entre muchos personajes (Clarita, una jovencita cómplice de sus conversaciones, Petra Dos amantes es la anti heroína, presidenta de los CDR, y tiene un negocio de alquiler ilegal, La Lóbrega, La Gran Lesbiana, El Flaco de Nuez, Asunta la loca, Julio, El Curvo, Tony Denegro, Rogelio el tuerto, Rigo, Fernando Folgoso y su madre Mariana).

Finalmente queda atrapado no sólo en el container de hierro (con un calor del carajo, escupiendo una flor de Pascua), porque al salir ilegal tras el origen de la familia (y regresar ilegal) ha perdido su otra familia, la cotidianeidad. Caer en el vacío es no tener en qué pensar. Es caer en un hueco enfangao, ni una cosa ni otra, Mijo eso es malo, pero no te mates, relájate, al cabo no te salvarás, le dice el tío Fino desde su gallinero en Güines.

Navigio es mi personaje, y sólo aparece su nombre en el árbol genealógico al final de la obra, como acertijo para ese lector que busca en la novela un instrumento de indagación.

AA. En la novela llamas a Cuba, insistentemente, “Isla Tabú”. ¿Cuál o cuáles fueron los tabúes más significativos que padeciste en tu país de origen?

EO. Es verdad, no menciono la palabra Cuba en más de 48 000 palabras que contiene la novela, ni tampoco el nombre de Navigio, mi personaje protagonista (que sólo aparece en el árbol genealógico). A cambio digo Habana, habanero, cubanía, Isla, etc. Pero Isla Tabú es el referente. En Cuba hay muchos, No estoy de acuerdo es una frase prohibida, la homosexualidad estuvo castigada mucho tiempo en campamentos de trabajo, también los testigos de Jehová, la bolita (lotería), la mona (la policía) y muchos otros eufemismos y disfemismos que han sido parte de ese choteo cubano entre la represión y la sobrevida.

En lo personal, padecí no poder expresarme sobre las condiciones de trabajo en El Escambray, para ese entonces era un joven ingeniero con problemas ideológicos (con pitusa, melena y pulovitos Scorpio). Entonces supe que nunca podría expresarme (lo Absoluto también es un Tabú) ni disentir del tráfico de la Roystonea regia (desde la montaña hacia París, como muebles exclusivos de La Habana). La Isla es un Tabú, una metáfora simbólica, porque todo es ilegal. Ilegal es otra palabra recurrente dentro de mi novela Donde crece el vacío.

AA. Hay en esta novela un componente fuertemente experimental. ¿Piensas, a partir de ahora, volcar tu poesía dentro de la prosa o solo se trata de un “accidente en el camino”?

EO. Más que un accidente en el camino es nuestro estigma literario. Lezama, Loynaz, Lichi, Julio Travieso, Carlos Díaz, Zoe Valdés, Abilio Estévez, son ejemplos rápidos de algunos novelistas cubanos que han incursionado con la poesía en la prosa. Pero no soy yo, sino el lector, quien debería juzgar (leyéndome) si consigo un lenguaje persuasivo en mi Narrador personaje. Mi ambición es apostar por la épica y la reivindicación de la poesía en la lógica narrativa, sin dejar caer la novela en un mamotreto histórico (sin subestimar buenas novelas del género histórico como La fiesta del chivo, por ejemplo). Entiéndase por poesía no sólo la metonimia y la aliteración constante que profeso, que pude asimilar de Cabrera Infante y los ciclos celtas Ulster y Fianna antes de Cristo, deleite del origen poético indoeuropeo, sino también ese lirismo sucio, esos bajos fondos, llamémosle así, que desencadenan emociones, engendrándose en los suburbios del corazón, que convierte el dolor en metáforas. Sin poesía no hay novela.

Donde crece el vacio También apuesto por la dulce digresión en la ficción, donde puedo salvar la microhistoria de la egolatría y del héroe transgresor de los sentimientos individuales, salvando al mulato José Domínguez, que decidió muchas batallas de Napoleón; a Emilio, mi vecino de Guanabacoa, que quiso trascender del solar al paracaidismo, y de ahí cayó muerto en Angola; o el Conde Amarillas de La Habana, que contribuyó a la independencia de Estados Unidos. Son las historias menos contadas por la Historia, la otra historia, donde se funde confunde hunde la experiencia literaria con la experiencia de vida, y entra en juego el dominio del entorno del narrador, los varios tiempos que transcurren en ese container (como conector lingüístico). las horas-biblioteca y las palabras. Solo las palabras no caen al vacío, ha dicho el Zohar.

AA. México está presente, tangencialmente, en esta novela tuya. ¿Qué ha aportado ese país, su cultura tan peculiar, a tu narrativa y tu poesía?

EO. ¿Qué puede aportar un país en el que has vivido 23 años? Durango es México para mí, donde tuve la oportunidad de experimentar esa libertad cotidiana, incluso escribir libremente, y aunque la forma más pura de la libertad está en el pensamiento, solo al salir de la Isla pude ejercer ese pensamiento sin temor a equivocarme. Porque puedes elegir, y reelegir. A Durango le debo amigos, hijos, libros escritos durante 23 años, y eso es bastante.

También fui promotor cultural por más de quince años; del otro lado pesaba la sobrevivencia, el exilio, el suvenir utópico o la sutil xenofobia (a pesar de nacionalizarme mexicano, la provincia con raras excepciones no es el lugar idóneo para el desarrollo artístico de un emigrante), entonces se convierte en un trabajo asalariado a cambio de tu vida fabril, que se convierte en tu vida entera sin darte cuenta, sin poder desarrollar la personalidad creativa. La creatividad se vuelve agria cuando te acostumbras a la ubre de los gobiernos; y también como otras ciudades del mundo sufre de la centralización de la cultura, es decir, no se trasciende sino a través de la centralización, de la migaja presupuestal o la dádiva local conservadora, entonces se rompen los filtros estéticos y cualquiera es artista, poeta. Esto significa estar fuera de órbita, o vulgarmente “sangrar para darte a conocer”, lo que finalmente te condena al silencio y el olvido. Es alquilar el alma o emigrar a tiempo hacia las urbes culturales (como el Distrito Federal, Guanajuato, Guadalajara o Mérida, pero eso es discutible), y mi caso es un caso tardío.

México es como un dios, te da y te quita, lleno de contrastes. De magia y dolor. Culturalmente hay que entenderlo por su arraigo, ese que nos mutilaron a nosotros. La paradoja de México es lo diferente a lo que se piensa fuera de este país, hay un mundo intelectual circulando opiniones, ideas, revistas, libros, periódicos, infraestructura y tecnología virtual cada vez mayor que lo transforma, a pesar de todo, el contexto y la leña al fuego, y que no podré deshacer de mi memoria.

Finalmente, de la lista interminable de artistas y escritores mexicanos, en Fernando del Paso encontré la ambición total por la novela, no tengo ninguna duda.

AA. ¿Cuál es su opinión sobre la literatura cubana contemporánea, la de dentro de Cuba y la del exilio? ¿Hay diferencias marcadas?

EO. La literatura cubana contemporánea es una sola. Dentro y fuera nos une la misma esencia: La insularidad mental, esa lógica para todo, esa mezcla de vulgaridad y cultura, el matrimonio indisoluble de lo cubano, ese erotismo peculiar, herejía y discusión, lo hiperbólico, esa belleza que habla, ese barroco unánime. Pero el dilema central –obviarlo sería un desliz imperdonable– es el constante esfuerzo que muchos hacen por dividir la literatura cubana, más por la politización que por la estética. Por otra parte, hay que aceptar que son indisolubles la ideología y la literatura, como el cuerpo y alma que no pudo dividir el medioevo, pero insisto, puedo tener un juicio estético de mayor peso en la balanza, no me importa si un poeta es gay o cobarde si escribe con la sentencia maldita de las palabras. Ni la ideología ni la religión o lo que sea,  garantiza ser buen poeta, sino el sentido poético. Knut Hamsun y Ezra Pound coquetearon con el fascismo y eso no los borra de la historia de la poesía. Hay muchos ejemplos controversiales.

Las instituciones en Cuba, en sus publicaciones, omiten la literatura del exilio. Bastaría echar un ojo a los aportes a la literatura mundial del exilio para desmantelar esa vulgar falta de criterio. Empezaríamos citando a Martí, Heredia, Avellaneda, Sarduy, Infante, Arenas, Florit, Baquero, Lydia Cabrera, etc., imprescindibles en la literatura cubana.

Las diferencias habrá que estudiarlas en un orden estético, sin charlatanerías. No podemos caer en el servilismo de algunos compinches de la UNEAC, ni en los neopoetas de alguna diasporita intelectual. Dividir lo que tenemos no es ético. Sin José Lorenzo Fuentes o Rafael Alcides encuentro un vacío. Todos no son los que dicen que son. Primero escribo, luego existo. Puedo parecer un escéptico, pero prefiero el vacío. Desgraciadamente, es el mar y las malditas circunstancias lo que nos separa, Virgilio lo dijo primero.

La falta de libertad (el miedo ambiente digamos, el  temor a equivocarte) para escribir será sin duda lo que nos pueda distinguir. Ahora, por ejemplo, en la poesía del exilio encuentro una carga de nostalgia, intimismo, individualidad, y aunque sea otro espacio, esa poesía de guerra, ágil, en posición araña se va diluyendo, no la veo por ningún lado salvo en algunos poetas. Y dentro de Cuba surge entre el terror y la incertidumbre un lenguaje encriptado, una simulación. Como una emboscada o la máscara de Blue Demon. No hablo de favoritismo, sino de posibles diferencias. En lo particular, mar adentro y tierra fuera, mi oficio es sobrevivir bajo las patas de los caballos.

AA. ¿Planes para el futuro?

EO. El futuro no existe sino en la contingencia de la vida, la familia y los amigos, algunos nobles, otros ególatras, ambiciosos, rencorosos, pero inmortales todos. Por otro lado, quiero dejar claro que mi literatura no trafica ni con la izquierda ni la derecha, sino con la cabeza, porque la literatura no es un animal político sino un pensamiento estético. Ahora escribo otra novela, Justos por gusto, y un par de ensayos, La estética del aplauso y La cultura del engaño, y ya sabes, reivindicando la poesía todo el tiempo. Ojalá podamos intercambiar el sustento literario que promocionas con el surgimiento de Editorial Los Cínicos en Playa del Carmen. Muchas gracias.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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5 comentarios

  1. Lic. Ricardo carrillo herrera. Vicepresidente del colegio de Abogados de durango ac.
    Lic. Ricardo carrillo herrera. Vicepresidente del colegio de Abogados de durango ac. julio 28, 02:32

    Tengo el gran honor de conocer y ser amigo del ingeniero Ernesto olivera castro y de raiza su esposa. Y puedo decir con todo honor a la verdad, que son unas grandes personas y un gran escritor!!!! Les enviamos un servidor y su familia un gran abrazo!!!!

  2. Ernesto Olivera
    Ernesto Olivera julio 28, 10:55

    Hermano, me da gusto que me escriban, eres mi abogado preferido. Saludos a la familia

  3. Joaquín Gálvez
    Joaquín Gálvez julio 28, 22:38

    Creo que esta novela será otro aporte de Neo Club Ediciones al difundir una literatura cubana con una mirada diferente. Felicitaciones a Ernesto por esta nueva entrega y a Armando por entrevistarlo.

  4. Carlos Ramos
    Carlos Ramos julio 29, 06:33

    Talento desbordado,disciplina,bondad y rrabia,esfuerzo escrito sin medias tintas,una conversacion desde donde estamos,que somos?.La voz del poeta y un estilo particular,como alguien que a vivido mucho y desde su lugar,protagonista de este juego que es o vivimos todo o nos morimos,ademas,lo cuenta. todas las bendiciones para ti.

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