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Erótica o la isla virtual

Erótica o la isla virtual

Erótica o la isla virtual
enero 02
17:27 2015

Armando Añel desmitifica en su novela Erótica (Neo Club Ediciones, 2013) conceptos como revolución, nación, patriotismo, etc., y propone un juego de anti-símbolos (los del Cerdo y el Salmón) para ridiculizar la retórica revolucionaria. Consignas como “Los hombres mueren, el partido es inmortal” alcanzan una significación diferente después de explicarse que la enfermedad de Fidel Castro fue producida por un chaleco antibalas que le protegía el trasero.

El autor no busca iluminar los huecos oscuros de la Historia Oficial, como hace la novela El instante (Editorial Silueta, 2011), de José Abreu Felippe, sino que se burla de ella inventando una isla imaginaria, Thamacun, anclada en la realidad a base de citas bibliográficas, supuestamente históricas. Si la seriedad es lo típico en el discurso oficial, el juego lúdico constituye el rasgo peculiar de esta novela. Añel quiere desinflar mediante la risa lo rígido, automático e inhumano de la palabrería revolucionaria.

A lo largo del libro hay un contrapunto entre el presente y el pasado que pudiera resumirse así: en el presente, la pareja conformada por Idamanda Rosael y Richard del Monte lucha contra la arremetida del colectivismo Punto Con que viene de Cuba. Su pelea va a terminar con la fundación, en la blogosfera, de una isla virtual. En el pasado, el narrador cuenta lo que los historiadores han omitido en sus crónicas sobre Thamacun. Por tanto, el pasado funda las raíces de una isla imaginaria que en la novela tiene su geografía “física” entre Estados Unidos y Cuba. Así, complementando ambos tiempos avanza esta novela, no en la unidad de acción sino en los contrastes reales e imaginarios en que opone a la revolución socialista “la diversión productiva”.

Aunque el pasado tiene esa función ontológica en Erótica, la novela no es una historia paralela a la oficial. Es una historia lúdica que trajina la esencia del socialismo cubano: su chovinismo. El autor no testimonia desapariciones, ni torturas del régimen represivo, prefiere desenmascarar al viejo dictador en el reino del lenguaje, ese en el cual el tirano ha sabido embaucar a media humanidad con promesas de un futuro mejor y la creación de mártires invencibles.

La irrealidad de Erótica es tal vez más real que muchas novelas testimoniales: con la jodedera y el choteo se convierte en una metáfora de la peregrinación de muchos cubanos, que han ido de una isla real a una virtual en el espacio cibernético. Como nómadas, los cubanos, dispersos por el mundo, se reencuentran en ese espacio para conversar, amarse y hasta destriparse. Es en la blogosfera (Lezama hablaba de las “Eras Imaginarias” o de “la insularidad poética”) donde se le pone límites a la Historia Oficial, plagada de sobornos y mentiras.

El mundo de Erótica es un reflejo de la realidad cubana, su reverso repleto de chistes y jaranas con el ánimo de desmentir, de enjuiciar, pero sobre todo de entretener. Porque Armando Añel no pierde de vista que se puede subvertir un orden mediante la risa, sin caer en el panfleto aburrido o didáctico. Vale más una “conciencia lúdica” que una amargada.

Sobre el autor

Jorge Luis Llópiz

Jorge Luis Llópiz

Jorge Luis Llópiz nació en 1960 en La Habana. En 1995 salió de Cuba rumbo a Estados Unidos y en el año 2000 dio a conocer su primer libro de cuentos, "Juegos de intenciones". Su segundo libro de narrativa corta, "Los papeles de Ventura" (2010), vio la luz diez años después. Otros libros suyos son la novela "Tarareando" (2011) y "El domador de ilusiones" (2013), otro cuaderno de cuentos. Reside en Texas, Estados Unidos.

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