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Erotismo, el misterio de la seducción

Erotismo, el misterio de la seducción

diciembre 21
19:18 2012

a los cuerpos del deseoEn realidad, puede decirse que no hay amor sin erotismo. Pero también puede decirse que hay erotismo basado en el amor a la belleza, en el sentido estimulante de las formas, en la danza que entraña y proyecta ese misterio profundo de los cuerpos.

 

El erotismo es signo de un deseo inteligente. Se trata de un concepto y una práctica de orden creativo dados en la persona por la pasión sexual, pasión civilizada mediante el rito de la belleza y el misterio de la atracción.

Así se diferencia de la brutalidad instintiva del sexo, de un deseo orgánico y animal que de utilidad o valor solo podría tener la reproducción. En la naturaleza de los cuerpos está la irradiación del deseo sexual, y en nuestra evolución logramos dar lugar al valor de la sensualidad.

En efecto, lo erótico comienza siendo un asunto del cuerpo, y más propiamente de los cuerpos y el deseo entre esos cuerpos. El erotismo, en su intensidad (vertiginosa o delicada) “guarda una relación directa con el tiempo físico”, en palabras de Octavio Paz. Porque en esencia es tiempo, materia sublimada por la belleza además del espíritu.

Esta función del tiempo en el erotismo es uno de las tantos valores que otorga grandeza de humanidad; es decir, que el tiempo viene a ser inherente a él y viceversa (cuando sentimos, comprendemos y llevamos a cabo el ejercicio y el deseo de lo erótico, podemos darnos cuenta entonces que formamos parte de una de las mayores grandezas del ser humano, y digo grandeza porque estamos hablando de “lo humano” a modo de sinónimo de “lo civilizado”). En otras palabras, aludimos a la seducción de las formas para, al mismo tiempo, recomponer el deseo de la entrega y la posesión a través de lo poético, de las expresiones del arte, de los movimientos de la danza, mientras giramos y giramos alrededor de una llama muy roja, intensa, que se hace una formidable energía.

De hecho, reconocemos que el erotismo deviene límite en el tiempo para la persona, para el individuo como tal; sin embargo, es eterno y diversamente infinito para la especie humana. Solo las mujeres y los hombres (incluyo, por supuesto, a los homosexuales y lesbianas) podemos ser eróticos; los animales, naturalmente, no lo son. Y es esta diferencia (entre lo humano y lo animal, lo intuitivo y lo instintivo) lo que —entre otras cosas— permite y fecunda la evolución hacia una especie superior en cuanto a sensibilidad y espiritualidad.

El erotismo —por ser sexualidad intelectualizada y situarse por encima de la vulgaridad de la pornografía— es un rito de la belleza, de la insinuación, de la seducción. Es una “exaltación del amor físico en el arte”, como dice el diccionario de la RAE.

Según Mario Vargas Llosa, el erotismo es también “la desaparición de los prejuicios, algo liberador, en efecto [pero que nunca] puede significar la abolición de los rituales, el misterio, las formas y la discreción gracias a los cuales el sexo se civilizó y humanizó”. Lo pornográfico entonces es lo instintivo y lo vulgar, lo “soez y repulsivo en un acoplamiento sexual exonerado de sentimiento y elegancia —de mise en scène y de rito—, convertido en mera satisfacción del instinto reproductor”. Lo erótico es lo creativo, que “prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de una puesta en escena y unos refinamientos que lo convierten en obra de arte” (La civilización del espectáculo).

De hecho, cuando se intenta escribir literatura erótica es porque se pretende dar testimonio de esta diferencia entre la belleza sensual (inteligencia, misterio e intensidad) y la pornografía (instinto, escatología, degradación y soledad). Un relato logrado —dentro de una alta calidad estética de amor y/o deseo por los cuerpos—, de alguna manera y en gran medida pone de relieve las posibilidades de la naturaleza del placer. Y lo hace dejando entrever una humanidad esencial. Es cuando nos damos cuenta de la potencialidad en la naturaleza de los cuerpos, de la infinitud de registros que contienen, para el deseo, para el goce y hasta para la salud.
 
Pero lo erótico asimismo es mente, imaginación, alma, sublimación. De aquí una gama cultural que propone sus propias expresiones del erotismo, si bien estas formas resaltan en su diversidad todo lo que puede darse entre la carne y el espíritu, ya que sabemos que la connotación de lo erótico en la evolución humana alcanza diferentes trayectorias entre lo corpóreo y lo divino. En este sentido, todos estos conceptos se encuentran dentro de las proyecciones, formas y contenciones de los relatos seleccionados para la antología Los cuerpos del deseo.

Así, puedo decir además que toda obra literaria intenta la persuasión (que es aquí como decir la seducción) al lector, aún más cuando se trata de una narrativa de esta categoría. Y es que la seducción —por la belleza y el misterio— está en la naturaleza del erotismo y, por ende, en la esencialidad de estos magníficos relatos.

En específico, al hablar de los cuentos de este libro es necesario añadir que he experimentado su intensidad, de una manera explícita o implícita, directa o gradualmente dada, fundamentalmente desde tres aspectos que surgieron como calidad de lo erótico: la seducción, la experiencia humana y la intensidad narrativa, por supuesto, a la par del dominio de la palabra.

En la seducción resalta no solo la belleza de los cuerpos y el lenguaje, sino además el misterio y la sugerencia. El arrobo de una imagen que por su propio origen creativo se va fusionando con la trama. Misterio y belleza son dos funciones connaturales no solo de una estructura del cuento (si habláramos de género, claro), sino también de aquello que esencialmente tiene que identificar al erotismo: la experiencia, que es vital para demostrar que lo que se cuenta convence. En cuanto al misterio, en éste radica la intriga y la ocurrencia de cómo decir algo verosímil fundido a la propuesta de la acción, al darnos un tiempo cónico (de menor a mayor intensidad) en nuestra sensualidad de receptor y en nuestro deseo de sentir más deseo (y valga muy bien aquí la redundancia) en la medida en que nos identificamos con los relatos.

La belleza es, más allá del arte de los escorzos, de las formas que se entrelazan en las imágenes de los cuerpos, el sentido poético que subyace en los trasfondos, en los recovecos de cómo concebir el sexo, las atmósferas, de cómo deben ser los encuentros, los contactos y tactos con la piel del otro, las proposiciones, las tramas. Pero todo ello no a través de un manual: los conocimientos del erotismo deben estar interiorizados por la experiencia misma, en la sensibilidad de los narradores, en la vida y las circunstancias, en las acciones de los amantes protagonistas y, de hecho, presentarse como una conducta natural, espontánea, durante la relación entre los cuerpos (y valga decir asimismo en la relación entre los protagonistas de los relatos).
 
Otra cosa que quiero señalar es que la belleza que encontré en la mayor parte de los textos de Los cuerpos del deseo, en buena medida estaba (está) fundida a la sugerencia y al misterio, y ello es clave en la buena literatura. En este sentido, el misterio (o sugerencia) de la belleza a veces es muy difícil explicarlo con una perspectiva lógica. En ocasiones, cuando la narrativa se nutre de un profundo vuelo poético, ese misterio no puede ser explicado, sino que debe ser sentido, connotado en las propias imágenes que crean las palabras, porque sencillamente el conjunto de la belleza y el misterio es pura creación, pura sensibilidad.

La intuición sensual es así, en felices ocasiones, como el olor de un perfume extraño, increíblemente penetrante, que se siente y no se ve; que se sabe dentro del cuerpo espléndido o altamente electrificado que nos embriaga y pone a latir los poros y nervios de nuestra imaginación.

Podría escribirse todo un tratado sobre la fuerza creadora del sexo como seducción, pero, a grandes rasgos, hablar de misterio y de belleza en el erotismo es citar solamente dos de las funciones inherentes a esta selección de relatos, proveniente de un concurso, Los Cuerpos del Deseo, que ha revelado la potencialidad imaginativa de varias regiones de habla hispana en Estados Unidos, y en general en el mundo.

El resultado ha sido entonces el cuerpo de este feliz deseo de hacer un libro que perdure; un grimorio quizás que por mucho tiempo haga sentir a sus lectores la magia de una bella experiencia, de un misterio profundamente humano.

La antología Los cuerpos del deseo se presenta en Miami este viernes 21 de diciembre, a las 7:00 p.m., en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras

Café Demetrio
300 Alhambra Circle, Coral Gables
(305) 448-4949

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