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Escoltas para los nuevos ricos cubanos

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Escoltas para los nuevos ricos cubanos

N.G. la Banda en el Palacio de la Salsa

Escoltas para los nuevos ricos cubanos
noviembre 23
16:15 2016

 

En La Habana de hoy, si eres un músico popular de ranking o cualquier otro tipo de hombre de éxito que mueve dinero (da igual si es lícito o no), no estarás a la moda si no llevas escolta. Algunos les llaman representantes, ayudantes o sencillamente amigos, por más gracioso que suene esto de cobrar por ser amigo del jefe, abriéndole el paso y mediando entre él y los rivales, los fans o la policía.

El trabajo como escolta personal se puso allá de moda con los inicios del año dos mil. Y ha llegado a ser uno de los más pujantes y rentables. Cualquiera que aspire a ser escolta de uno de los nuevos ricos habaneros necesitará haber invertido mucho tiempo montándose un talante -y una historia en los mejores casos- como guapo de barrio. Además, tendrá que demostrar dominio sobre las armas de fuego y sobre artes marciales, técnicas que allá pueden aprenderse mediante dos conductos, fundamentalmente: las películas del sábado en la noche o habiendo pertenecido a las llamadas “Avispas” o tropas especiales del régimen.

El empleo de escoltas personales por civiles sin vínculos con el gobierno estuvo en desuso en Cuba durante casi medio siglo. Únicamente los caciques de más alto rango, junto a algunos de sus parientes y protegidos, parecían ser merecedores de gastar en seguridad personal una cuota de la plusvalía obtenida en la explotación del trabajo del pueblo. A propósito, algún día los historiadores, ¿o tendrán que ser los frenólogos?, debieran analizar el motivo por el cual los dirigentes del régimen apenas utilizaron a negros como escoltas personales a lo largo de casi cincuenta años, teniendo el país una tan elevada población de afrodescendientes y constando, como consta tan notablemente, el arrojo de éstos en la historia de nuestras guerras independentistas del siglo XIX.

Actualmente se observan ya algunas moscas entre la nata blanca que les precede, pero la ausencia de negros entre sus huestes de seguridad personal configuró en decenios anteriores otra de las ambiguas propensiones de los caciques. En cambio, entre los escoltas de los actuales nuevos ricos sí abundan los negros. Y no es que en su actitud no haya también sustancia para el estudio de los frenólogos, pero al menos revela una dosis mayor de racionalidad.

El empleo en nuestro país de escoltas digamos de nuevo tipo, fue reintroducido tal vez por algunos famosos directores y cantantes de la música popular bailable. En su éxito y en los “altos” beneficios económicos que empezaron a recibir por sus presentaciones en el Palacio de la Salsa, del hotel Riviera, allá por los años noventa, podríamos hallar el origen. Sin descontar la influencia de las películas del sábado. Vestir con sobretodos en medio del tórrido verano habanero y rodar automóviles de marca que ningún particular poseía allá, aunque hubiesen salido al mercado 10 o 20 años antes, fue algunas de las novedades que sacaron a la calle aquellos adelantados de la clase de los nuevos ricos. Y como valor añadido, las escoltas personales. Pudo haber sido esa la génesis de uno de los fenómenos más pintorescos que hoy adornan La Habana.

Por lo general, estos escoltas habaneros no son meros matones, sino sugerentes mediadores entre el peligro y sus patrones. Están ahí, junto al jefe, representando una advertencia, aún más que una amenaza. Confían en que su talante de tipos duros, junto a su argot de presidiarios, sean suficientes para persuadir, que es mucho más saludable que repeler. Son guapos de pañuelo, como los chipojos, pero por suerte más amables que los de gatillo, especialidad que sigue siendo exclusiva entre la nata blanca que precede a los caciques del régimen.

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Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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