Escritor independiente en Cuba, una medalla de honor - Neo Club Press Miami FL

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Escritor independiente en Cuba, una medalla de honor

Armando Añel

Escritor independiente en Cuba, una medalla de honor
agosto 18  12:43 2014   

Víctor Manuel Domínguez (Bayamo, 1957), escritor, guionista y crítico literario, está de visita en Miami. Vicepresidente del Club de Escritores de Cuba y uno de los periodistas independientes de más largo recorrido, es también una presencia entrañable en el día a día, entre sus colegas y amigos. Esta es ocasión especial para nosotros, pues  no solo se trata de disfrutar de su invaluable compañía sino que, además, celebramos un lanzamiento: Neo Club Ediciones ya tiene en el disparador su poemario Café sin Heydi frente al mar, y estaremos junto al autor este jueves 21 de agosto, a las ocho de la noche, con Zona Franca en la Casa del TéAtro (752 SW 10th Avenue). Allí será la presentación, a cargo del también escritor y periodista Luis Felipe Rojas.

A propósito del acontecimiento, Víctor Manuel tuvo la gentileza de concedernos esta entrevista:

Armando Añel. Neo Club Ediciones presentará el próximo 21 de agosto Café sin Heydi frente al mar, un poemario que, salvo un poema, está dedicado por entero a una sola mujer. ¿Se siguen publicando libros de amor en Cuba? ¿Uno se puede quedar a vivir en Cuba por amor?

Víctor Manuel Domínguez. La poesía de amor nunca dejará de existir y en Cuba no va a ser la excepción. Más allá de corrientes literarias pasadas o presentes,  como conversacionalismo, coloquialismo, vanguardia y otras tendencias formales del acto de la escritura, en todas cabe el amor mientras seamos capaces de creernos mortales y prioricemos  los sentimientos por encima de nuestras vicisitudes personales, la marca de la ropa, el precio del perfume o el de la carne de un lechón, entre otras necesidades prácticas o suntuosas.

En Cuba y en cualquier otra parte del infierno social creado por los excesos o las limitaciones de los seres humanos, uno se puede quedar a vivir por amor. En la isla, los que tenemos la dicha de sentirlo estamos bajo una especie de protección sentimental que no penetran –y si lo hacen se afronta con dignidad– el ojo y la voz del delator, las miserias humanas, las ruinas económicas y cuanto mal se acumula en Cuba por más de medio siglo de totalitarismo y represión. El amor es un talismán  contra todo tipo de mezquindad o dolor.

AA. En Cuba, te han rechazado varios libros en las editoriales del Estado, que son todas. A la luz de tus muchos años como periodista y escritor libre, con varios libros inéditos, ¿habrías seguido el camino de la independencia marginada si pudieras decidir de nuevo?

VMD. Claro que sí. Esta independencia marginada, como tú denominas certeramente al acto de no claudicar frente a las presiones y estratagemas de la censura oficial, es como una medalla de honor. Estar seguro de que tus libros no fueron publicados por falta de calidad, sino por revelar o enfocar con opinión propia los hechos de la realidad que irritan o atemorizan al omnipotente señor de mentes, expresiones y editoriales, causa una sensación de triunfo y autonomía dentro de la cárcel grande cubana que es bueno experimentar.

AA. ¿Cuáles son tus principales influencias literarias? ¿Lamentas que algún clásico no haya estado localizable en las librerías cubanas, o en el mercado negro en Cuba, en los últimos 20 años?

VMD. Mis principales influencias literarias fueron, como un hecho casi natural para los poetas cubanos, un poco la forma estructural de un Vallejo, un Gelman, un Guillén; el lirismo de un Neruda y el desenfado de un Raúl Rivero y un Wichy mezclados con la hondura metafórica tallada con palabras de todos por Manuel Díaz Martínez, Fayad Jamis, Oscar Hand, Eduardo Langagne y Jorge Boccanera, entre otros poetas que aportaron a mi pequeño laboratorio de mezclas poético, hasta llegar a la luz con las armas del que soy, Víctor Manuel.

Lamento mucho que hayamos crecido como poetas o lectores sin los textos de Gastón Baquero, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Delfín Prats, Lina de Feria y otros escritores cubanos condenados por las autoridades del país al exilio o al insilio por razones extraliterarias que algún día los censores y los correveidiles mediáticos tendrán que pagar. De nada vale para mi generación y las anteriores que haya comenzado una especie de exhumación necro-literaria  con escritores ya fallecidos que no pueden protestar.

AA. De alguna conversación que tuvimos hace poco recuerdo un comentario tuyo sobre cierto escritor institucional que ha empezado a saludarte en las calles de La Habana cuando antes desviaba la vista. ¿Crees que en Cuba, en el ámbito de los creadores de opinión, se está produciendo ya una especie de reacomodo o transición sicológica hacia el poscastrismo?

VMD. Armando, en la conversación que sostuvimos te mencioné varios escritores, y por razones obvias no daré a conocer sus nombres hasta que no se quiten la careta tras la que enmascaran su infidelidad al patrón que les da de comer y algo para viajar. Y para responder a tu pregunta, sí existe una especie de reacomodo de los creadores de opinión ante la inminencia del poscastrismo, te digo que sí. Desde hace rato. Se nota tanto en los textos de publicaciones culturales oficiales como en el comportamiento individual.

No sólo la ruptura de tabúes temáticos como el de la guerra en Angola, cuya desmitificación ahondó tanto y desde tantos ángulos que la sumió en la ridiculez, sino también en asuntos como la homosexualidad en todas sus variantes, que acaparó más del 90 por ciento de trabajos literarios enviados a concursos, o en la violencia de género, la crisis económica, política y social, que supuestamente escritas desde ¨dentro de la revolución¨ muestran un cambio radical en cuanto a la visión que se tiene sobre la realidad cubana.

Eso es en el aspecto creativo. En lo personal, comienzan a saludar y a mezclarse con personas “siquitrilladas  en los medios” que durante muchos años evadieron. Empiezan a saludar y debatir en espacios culturales abiertos como el de la Revista Temas, el último jueves de cada mes, la tertulia poética Aire de Luz, los debates en El Jardín de Dulce María Loynaz, El Cafè Emiliana y otros sitios hasta departir, en los últimos tres años, el Día de la Independencia Estadounidense, en la casa del embajador en La Habana.

Para muchos, entre los que me incluyo, algo se cocina detrás del sofá de esta supuesta reconciliación. Permitir a varios escritores oficialistas –publicados en las editoriales del Ministerio de Cultura–, tiene cola, si vemos que no son expulsados ni caen presos, y se difunden en medios y espacios gubernamentales del país, mientras otros por publicar a un exiliado o unos poemas del Aretino que causan sudoraciones místicas a intelectuales de la UNEAC, o decir que a los negros cubanos no ha llegado la revolución, son separados de sus funciones institucionales, a contrapelo de esa cuasi exhortación a dialogar o compartir con la disidencia del país.

AA. Es la primera vez que presentas un libro en Miami, aunque no la primera que visitas la ciudad. ¿Qué esperas de esta presentación y cuáles son tus impresiones generales sobre el estado de la literatura acá?

VMD. Lo que espero de esta presentación de Miami es un diálogo franco y abierto, un intercambio cultural a través de un puente común que atravesamos cada día, no importa si se escribe desde aquí o desde allí. En un final cruzamos sobre el mismo río de la cultura nacional. Espero comunicación en la diversidad.

En cuanto a mis impresiones sobre la literatura acá, superó mis expectativas, pues, al parecer, la literatura cubana, que murió por una sobredosis de éxodo de los escritores del país, ha resucitado aquí con tremenda vitalidad. Tertulias, veladas, presentaciones, revistas, programas, publicaciones sobre nuestra realidad vista desde aquí o traída desde allá, conforman un mosaico cultural con tanta cubanía que a veces piensas que la verdadera Cuba socio cultural se encuentra  en Miami.

AA. ¿Qué significa Miami para el cubano de a pie en la Isla? Si fueras a definir Miami con una frase, desde tu experiencia de cubano residente en la Isla, ¿cuál sería?

VMD. Miami para el cubano de a pie es la salvación. La tierra desde donde le llueve el maná que les permite vivir y soñar que un día en libertad puedan construir y lograr lo que florece aquí, más allá de ideologías, razas, credos u origen social. Una frase muy socorrida y paródica de un eslogan muy usado en Cuba, es “que si un país mejor es posible, es aquí”. Para mí, Miami es magia. Un lugar donde, a diferencia del Casablanca cubano descrito en un poema, todo puede suceder.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", el poemario "Juegos de rol" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios". Vive en Miami.

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