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Espacio Laical y su posible sendero

Espacio Laical y su posible sendero

mayo 25
00:32 2013

iglesia cHace unos días la revista Espacio Laical volvió a ser noticia. Su editorial “Senderos que se bifurcan” ha provocado serios cuestionamientos a la Iglesia católica en Cuba. Aunque afortunadamente Espacio Laical ya no representa al Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de La Habana, conserva, por el momento, su naturaleza de obra eclesial privada; este estatuto, que la ampara institucionalmente, y la proyección internacional que ha conseguido, hacen que la revista sea percibida como una voz oficial de la Iglesia.

Antes de continuar con mis consideraciones preferiría hacer un repaso de las ideas que los actuales editores de Espacio Laical han expresado, con frecuencia, durante los últimos años:

•         Que es necesario renovar un supuesto Pacto Social que se suscribió entre los ciudadanos y la breve Revolución devenida prontamente en tiranía.

•         Que es necesario impedir el derrocamiento de esa tiranía y confiar en ella, porque los principales causantes de nuestros gravísimos males económicos y sociales, los mismos que han negado sistemáticamente las libertades y protagonizado todo tipo de violación a nuestros derechos, serán los que conduzcan a Cuba por la senda de la prosperidad y la democracia.

•         Que nuestras circunstancias pueden haber justificado y justificar aún la existencia de un Partido Único, sugiriendo el supuesto de que puede haber democracia a partir de un partido único o que el partido único puede representar a la mayoría de la nación.

•         Que de los demócratas cubanos en la oposición no surgen propuestas viables para el reencauzamiento democrático de la sociedad cubana de un modo pacífico.

•         Que la mayoría de la población cubana prefiere una solución “de izquierdas”.

A este resumen de ideas, que constituyen la columna vertebral de la revista, habría que agregar las reflexiones de su editorial más reciente, el ya mencionado “Senderos que se bifurcan”. Un editorial que en conciencia me obliga a sugerir algunas preguntas.

¿Por qué una publicación católica va más allá de la condena al Embargo, que ha realizado la Iglesia cubana durante estos años, y se presta a culpabilizar a los demócratas de la oposición que apoyan dicho Embargo?  ¿Por qué se presta Espacio Laical al juego de aquellos que se empeñan en convertir la adhesión o el rechazo al Embargo en la vara de medir el patriotismo? ¿Es la actitud de Espacio Laical un camino para la reconciliación?

Creo que los editores de Espacio Laical debían meditar sobre sus posiciones, porque a muchas de sus ideas las pone en entredicho la realidad y otras no se corresponden con lo que enseña la misma Iglesia en la Doctrina Social Cristiana.

Pienso, con todo respeto, que los contenidos y el lenguaje que manejan los editores de Espacio Laical son apropiados y quizás legítimos en un proyecto sociopolítico, pero no en un proyecto eclesial. Es por eso que me atrevo a animarlos a que tomen otro sendero, salgan del marco institucional de la Iglesia y se establezcan en el ámbito propio de la sociedad civil y de la política. Un ámbito donde no dañen a la Iglesia con sus controvertidas opiniones, ni la comprometan innecesariamente en unos afanes que no la representan. Un ámbito, además, donde se les pueda someter al escrutinio y a la crítica, sin que se pueda mostrar esa crítica como un ataque a la Iglesia en Cuba.

Por otra parte, me atrevo a mencionar que si la Iglesia quiere ser espacio de encuentro y de reconciliación en su sentido más pleno debe velar por que las palabras pronunciadas en su nombre sean esencialmente reconciliadoras y de este modo evitar el lenguaje que señala enemigos y denuncia conspiraciones, que culpabiliza y separa. Los que hablan a nombre de la Iglesia debían abstenerse  de establecer parámetros definitorios sobre qué cubanos están o no cualificados para participar en ese proyecto de Nación democrática y soberana al que nos sentimos convocados muchos en la Isla y en el Destierro. Si la Iglesia siente que es su deber propiciar ese espacio y consciente de sus límites asume tener fuerzas para hacerlo, debe ser cuidadosa al escoger las personas que atenderán ese espacio y emitirán los mensajes a nombre de tan noble y urgente propósito, porque de la transparencia de estas personas, de su delicadeza y mesura, puede depender el éxito o el fracaso.

En este orden de cosas creo preciso tener en cuenta las palabras de Dagoberto Valdés, cuando afirma que la Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la Plaza Antonio Maceo contiene “una exhortación para que la Iglesia cubana sea fiel a Jesucristo, refleje su verdadero rostro y no le tema a la cruz de su Señor. Colaboración y confianza no pueden existir a cualquier costo. No se puede dejar de ser algo de la esencia de lo que se es para no rozar a los diferentes. La sociedad y la Iglesia no pueden excluir parte de su mensaje, o una parte de las personas que la forman, por ser diferentes, para con ello lograr complacer o dialogar, confiar o colaborar con la otra parte de esa misma sociedad y de esa Iglesia. La confianza y la colaboración es con todas las partes o no son ni colaboración ni confianza creíbles. Lo que está en juego es la autenticidad y la credibilidad de todas las partes”.

Es mucho lo que está en juego y numerosas son las expectativas que se crean con cada actuación de la Iglesia. Es cierto que la normalidad democrática que Cuba necesita precisa de muchos pasos y el primero de los pasos no puede ser el último, pero en todos los pasos de la Iglesia debe haber absoluta magnanimidad, porque está llamada a ser “Madre de todos” y caminar los senderos de la historia con la luz de Cristo.

https://www.facebook.com/eduardo.mesa.5

Sobre el autor

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa (La Habana, 1969), escritor y activista, fue fundador de la revista Espacios y coordinó las publicaciones Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y Aquí la Iglesia. En la Isla formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium, y obtuvo los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal, y edita el blog Cuba Plural. Su libro “El bronce vale” fue publicado por la Editorial Silueta. Reside en Miami.

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