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Actitudes y políticas que usted debe adoptar para reintegrarse en Cuba

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1-0_Los_companeros

Con “usted”, permítaseme aclarar por si acaso, me refiero a aquellos cubanos que viven fuera de Cuba. Después de todo, aquí estamos hablando de gente que quiere “reintegrarse en Cuba”, y por lo tanto vive fuera de Cuba, donde el término “usted” es de uso común. Usted puede estar seguro que si finalmente se “reintegra en Cuba” de usted no va a quedar ni rastro, y del “usted” mucho menos.  Usted pasará a ser tildado de “compañero”, y pasará más trabajo que un forro ‘e catre en un solar yermo.

“Compañeras son las nalgas y por el medio está…”. No voy a decir lo que está, pero así me decía mi abuela que le respondió  un “gallego” a un cliente suyo a principios de los años sesenta, cuando éste le pidió un ironbeer. “Compañero, ¿me puede dar un ironbeer?”, preguntó inocentemente el hombre. “Compañeras son las nalgas y por el medio está…”, le respondió, tajante, el bodeguero asturiano. Pero en fin, cada loco con su tema.

Si su tema es “reintegrarse en Cuba”, he aquí la clase de “actitudes y políticas” que deberá adoptar en esa pobre Isla. Menciono sólo tres de ellas para no pasarme de listo (a fin de cuentas esto no pretende ser una conferencia):

1- Mantener la boca cerrada el mayor tiempo posible. Es cosa sabida entre compañeros que “en boca cerrada no entran moscas”.

2- No decir cosas comprometedoras. Si un compañero no puede permanecer callado, que es lo más aconsejable, entonces dirá cualquier cosa menos lo que realmente piensa de determinado asunto. A no ser que sea comunista, claro, o castrista, que para el caso es lo mismo. Los castrocomunistas son los únicos compañeros que pueden expresarse libremente en Cuba.

3- No reaccionar ante la injusticia. Por ejemplo, si a sus “compañeros” no lo dejan viajar y a usted sí, es decir, a ti sí, mira para otro lado y viaja, viaja. Hasta que sólo puedas viajar en tu imaginación (porque llegará el día, muy probablemente, en que a ti tampoco te dejarán hacerlo).

En fin, que si usted quiere seguir siendo usted, debe empezar por cambiar a Cuba –o al menos intentarlo-- antes de pretender “reintegrarse” en ella.  De lo contrario deberá convertirse en un compañero, mala cosa en un solar yermo cubano.

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