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Estados Unidos contra China, innovación vs explotación infantil

Estados Unidos contra China, innovación vs explotación infantil

Estados Unidos contra China, innovación vs explotación infantil
octubre 10
10:33 2014

La economía china es un gigante con pies de barro. Las constantes alusiones a su lugar como primera potencia mundial, que recorren los medios de prensa por estos días –y desde hace ya tiempo—, no son más que expresiones de un deseo irrealizable (lo mismo se decía de la Unión Soviética en el siglo XX y ya sabemos cómo terminó la historia). Como dice el viejo refrán, “el papel aguanta lo que le pongan”. A continuación algunas breves consideraciones directamente relacionadas con Estados Unidos, la verdadera gran potencia económica, militar y política en este tercer milenio.

China está montada en una ficción económica: el trabajo semiesclavo de su enorme población. Un globo que puede estallar en cualquier momento. Los obreros chinos no van a aceptar eternamente los salarios risibles que perciben (la actual crisis en Hong Kong constituye solo una punta del iceberg). Y si percibieran salarios decentes, mínimamente comparables a los usuales en los países civilizados, se derrumbaría instantáneamente el castillo de naipes de esa economía, que está cogida con alfileres. La China “potencia económica” se reduce a una serie de bolsones urbanos de prosperidad, en las costas o aledaños, mientras la población rural, la inmensa mayoría, sobrevive en la miseria.

Los chinos son solo peones en el tablero del ajedrez económico internacional. Los peones son muchos, el tipo de pieza más abundante, hacen mucho ruido con sus baratijas, pero nada más. Los cerebros están en Estados Unidos y otras potencias occidentales, la primera fuerza militar del mundo radica en Washington, las tecnologías punta, junto a las grandes innovaciones, salen de California y otros estados de la Unión. Los chinos solo fabrican en serie, gracias al trabajo semiesclavo de sus obreros, lo que Estados Unidos patenta. Esto es así porque la cultura norteamericana, basada en el riesgo de la innovación y la libertad de empresa, se retroalimenta naturalmente a sí misma.

¡Que ya viene el coco chino! Pero el coco siempre termina chapoteando en la orilla de Estados Unidos. Delante de nuestros ojos está ocurriendo una segunda “revolución industrial”, la de internet y las nuevas tecnologías, ¿y quién la lidera? ¿Quién tiene las patentes? ¿Quién innova y quién inventa? Sin contar con que Estados Unidos cuenta, de lejos, con el ejército más poderoso del planeta. Esto, en última instancia, establece el poder y las distancias. Cuando sumamos los ejércitos y la capacidad de fuego de Rusia y China juntas, ni se acercan a los estadounidenses.

Un tercer elemento adicional, tan persuasivo e ilustrativo como el militar: el factor dólar, la moneda mundial de cambio y referencia. Hasta los enemigos de América la apuntalan. Estados Unidos está en punta en cuanto a creación e innovación. Es, con mayúsculas, la MARCA. Una marca en la que no podrá convertirse China mientras no transforme su cultura miserable de la baratija, la manufactura y la explotación infantil de sus más de mil millones de ciudadanos.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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2 comentarios

  1. Latino
    Latino octubre 10, 18:13

    que estupidez tan grande este digamos “comentario” de arnmando añel no tiene ni pies ni cabeza lo que escribió, como se nota que no tiene ni idea de lo que dice el pobre…

  2. Rubén
    Rubén octubre 12, 14:36

    Si señor, el modelo de explotación infantil, pseudodictadura y corrupción, desigualdad y contaminación extrema, es lo que muchos anelan, mientras disfrutan de las bondades de la democracia y de los productos baratos que fabrican los niños chinos. Vaya un líder mundial, prefiero vivir en Marte a aceptar el “modelo” (si es que tienen) chino

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