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Eutanatrón A 380: La risa o la vida

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Eutanatrón A 380: La risa o la vida

Idabell Rosales, Francisco Alemán de las Casas y Denis Fortún durante la presentación de la novela en el Festival VISTA

Eutanatrón A 380: La risa o la vida
febrero 11
14:00 2016

 

Difícil –todos lo sabemos– es hacer reír. Para llorar solo basta un pescozón.

Si de provocar risas se trata, nada mejor que unas cosquillas literarias en forma de artefactos futuristas como los que desgraciaron –o inmortalizaron, que es una forma de desgracia– al magno protagonista de la novela Eutanatrón A 380 (Verbo Desnudo), el profesor Querubín Cayejas.

El aplanador de malos propósitos, el artefacto contra erecciones públicas o Fortún, el sombrero de la suerte, nada tienen que envidiar al aparatico de cosquilleos que es Eutanatrón A 380. Cuando este artilugio se activa uno cae irremediablemente en la red tendida por Francisco Alemán de las Casas.

El libro que nos ocupa no es la primera obra de narrativa que Alemán –autor de poemarios– escribe, pero sí la que primero llega a una editorial. Ópera prima narrativa y novela de la madurez a la vez, el libro demuestra que Francisco Alemán llegó para quedarse.

Suena raro decir que se trata de la primera novela de Frank, a quien conozco pese a nuestra corta edad desde hace varios lustros, cuando éramos jóvenes lustrosos y trabajábamos para ¿Radio… Urbe? ¿Cómo es que se llamaba aquella emisora capitalina donde el dudoso primerizo desarrolló una vasta, nunca basta, obra confiada al éter?

Eutanatrón, la última, vio la luz primero sin ser la primera. Aunque aquello de quien ríe último no hace más que crear expectativa sobre lo que está en el horno de Brickell, donde el San Jorge de Alemán batalla contra el dragón de su imaginación para evitar que los personajes tomen control del escritor y no al revés.

La primera tentación, desde que se empieza el libro, es presionar al autor para que, al igual que su personaje del Maestro Benemérito, escriba y escriba compulsivamente al punto de que no dé tiempo a las imprentas imprimir y a los lectores fieles fielmente leer. Con kilometraje demostrado y estilo bien pulido, Alemán se mete de lleno en el difícil arte de la novela de humor y sale al aire como en aquella Radio Urbe; sale airoso.

Nada –todos sabemos– es más serio que el humor, y nada –se supone– es más serio que la muerte. Así, el autor, de manera rampante, y tan natural como un desfile por la Rampa, se pasea por varios temas recurrentes en su obra: la vida, el absurdo, especialmente el gran absurdo de la vida, que es la muerte. “En la muerte, cada minuto es una casa”. Esa frase martillea y adorna una novela que sorprende en cada página y que da respuesta a las siguientes preguntas: ¿es posible tratar con humor un tema tabú? ¿Puede haber belleza en las grandes tragedias? ¿Se puede volver con mirada nueva a temas traumáticos de la historia oculta de Cuba como el hundimiento del remolcador 13 de Marzo sin herir sensibilidades y con un respeto absoluto de la memoria de las víctimas?

Las respuestas que nos da Eutanatrón es que la literatura todo lo puede si viene de la mano de una persona talentosa. Un todoterrenos, un apagafuegos, un Alemán. Pocos autores son capaces de burlarse de todo y salir airosos con la dignidad de los personajes intacta.

El libro, con sus diálogos chispeantes y situaciones enloquecidas, pasa todas las pruebas y uno tiene la impresión de que nada le sobra y nada le falta. Una narrativa tan pulida y un sentido del humor tan afilado se convierten en navajazos de desafío lanzados al aire o en agresiones de aparatos electrodomésticos que retan al lector, como es desafiado Querubín en la obra. Se trata de una novela peligrosa porque pone el rasero aún más alto. Alerta ámbar: después de leer Eutanatrón se corre el riesgo de notar lo insípido de tanto texto que se publica hoy en día.

Más que novela del absurdo, Eutanatrón es de un género intermedio, transgénero, e indefinible como la vida, como la muerte.

Hace muchos años, como ya dije, conozco a Frank y siempre he pensado que roza el genio. No el mal genio, que lo tiene. Me refiero al genio de la genialidad. Si alguna duda tenía fue evaporada por el Eutanatrón.

Sin embargo, más allá del elogio, Frank tiene un lado negativo: es culpable. De mis carcajadas imprudentes en lugares públicos. De la impudicia de restregarle a uno en la cara una narrativa redonda, impecable. De secuestrarme la mente al punto de que, mientras leía, no era capaz de alternar actividades como afeitarme, cocinar, sacudir el polvo u otras impostergables. De haber escrito la novela del año (y no del desengaño).

Eutanatrón está llena de códigos internos y personales que muchos podemos descifrar pero como buena obra introduce muchos niveles de lectura de modo que todos puedan reírse y disfrutar. La polisemia es uno de los grandes aciertos del Eutranatón: no es lo que dice sino lo que habrá querido decir el autor, y ese es uno de los grandes aciertos de Eutanatrón.

Cuando se utilizan situaciones, hechos y seres vivos, y muertos, tan dispares –como cucarachas parlanchinas que entierran el realismo mágico, una cabeza culta de Merluza, el escritor y dramaturgo japonés Yukio Mishima, la historia de tribus africanas, Vilma Espín con rolos despreciando a las campesinas cubanas y Raúl Castro tocando el laúd–, se corre el riesgo de destruir el collage y caer en el pastiche. Solo un escritor de raza puede sostener esa amalgama.

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Definitivamente la mejor novela de humor en español publicada este año, Eutanatrón es una obra permeada de destrucción y muerte, y a la vez de carcajadas. Benditas antinomias: es una novela fácil de leer pero difícil de olvidar. Es un texto al que volver. La leí hace un par de semanas pero hay tanta densidad de caracteres y situaciones que ya necesito darle otro repaso. Eutanatrón, en resumen, no aburre ni decepciona.

Obra y autor siempre guardan una carta bajo la manga para sorprender al lector. Por eso insisto en que la novela –con un diseño, además, de lujo– es una trampa. ¡Cuidado! Una vez que uno empieza a leer queda prendido. Y hasta prendado.

Entiendo por qué un par de personas que compraron la novela en Amazon se han quejado de que la obra no les llegó: es un libro de extravíos.

Volviendo a las antinomias, Eutanatrón coquetea con la muerte pero a la vez es un libro de plena vida; exhibe demencia pero es un ensayo de la lucidez. Es una ruleta “risa”; un atraco bien concertado; una aventura en la que te espetan, o te esputan, pistola en la nuca: “La risa o la vida”. La respuesta de nosotros, los lectores, es hasta ahora siempre la misma. La vida. Claro, qué dudas caben: pese a ser máquina de eutanasia, la respuesta es humor y es vida.

http://www.amazon.com/Eutanatr%C3%B3n-Spanish-Edition-Francisco-Alem%C3%A1n/dp/151950151X

Sobre el autor

Rolando Aniceto

Rolando Aniceto

Rolando Aniceto es graduado de Periodismo de la Universidad de La Habana. Además de en Cuba, ha trabajado en medios de prensa de Venezuela, Estados Unidos y Reino Unido. Durante doce años se desempeñó como productor de la BBC de Londres, ciudad en la que reside. Sus relatos y textos han aparecido en los últimos cinco años en medios digitales de varios países.

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