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Fallece el gran poeta chileno Gonzalo Rojas

Fallece el gran poeta chileno Gonzalo Rojas

abril 27
12:55 2011

1-Gonzalo_RojasEl libro “7 visiones”, de Jeannette L. Clariond, fue coeditado por Gonzalo Rojas. Mi amigo Manuel Toledo me regaló un CD con los poemas del poeta en su voz, a quien entrevistó para el Servicio Latinoamérica de la BCC de Londres para donde trabaja.

En 2003 inauguró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la maratónica lectura pública que cada año se hace de la novela cervantina sobre el Quijote.

Desde 1992, en que recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile, otros premios y homenajes le colmaron. Le fue concedido el Nacional de Literatura; el Primer Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía, de España; el José Hernández de Argentina; el Octavio Paz de México.

Había nació en Lebu, Arauco, el 20 de diciembre de 1917. Tenía 93 años al fallecer en Chillán, el pasado 25 de abril. Su inmensa obra fue respaldada por la revista Vuelta, de Octavio Paz, que contribuyó a su difusión. Recibió el Premio Cervantes de Literatura en 2003 de manos del Rey de España, con su inseparable gorra de marinero (“esta gorra es el límite de mi conciencia”). Pero su padre había sido minero, quien falleció víctima del gas grisú cuando tenía cuatro años. Al mar lo amaba por encima de todo.  Y al viento.  Le había precedido su amigo, el poeta colombiano Álvaro Mutis.

Sus poemas eran como iluminaciones, flechazos, fogonazos o, como él prefería llamarlos, relámpagos. Eso era para él la poesía: “un relámpago, un fuego, una sacudida”. Desde que conoció a Bretón su poesía supo que el camino era la introspección comunicante. Y su estro temático incluía el más furibundo amor a la ironía. Cuando publicó “Metamorfosis de lo mismo”, un incidente ocurrido entre Nicanor Parra y él los distanció para siempre.

Sin embargo, la imagen de Gonzalo Rojas era la de un hombre comunicativo, asequible y afable. Pero su vitalismo era irreverente y locuaz. En la Residencia de Estudiantes de Madrid su lectura fue lleno total, donde se hospedaba siempre que visitaba la ciudad. Decía sentir por allí el espíritu de Juan Ramón Jiménez, de Lorca, de Alberti, de Altolaguirre, de Moreno Villa…

Era, desde luego, un gran lector de su poesía. Publicó numerosas plaquettes de arte en colaboración con artistas plásticos, entre ellos su fiel Roberto Matta. Era adorado por Emilio Adolfo Westphalen, Octavio Paz, Jorge Eielson, José Emilio Pacheco, Blanca Varela, Nicanor Parra, Olga Orozco, Álvaro Mutis, Eduardo Anguita… Gabriela Mistral fue la primera en reconocer su obra. Amaba a los clásicos Catulo y Ovidio. Una vida siempre llena de incesantes viajes no impidió que hiciera una vasta obra que lo sitúa en la primera fila de los poetas de lengua española del siglo XX. Tuvo el placer de verse reconocido.

Algunos de sus títulos son Fragmentos, Oscuro, Materia de testamento, Zumbido, entre otros. La antología Concierto (1935-2003) incluye una muestra de sus textos en prosa, y poemas El cuaderno secreto, versos anteriores a La miseria del hombre. Era exaltado: “Reto a quien me quiera contrariar para que me encuentre un texto más hermoso sobre el mar que el ‘Monumento al mar’ que escribió Huidobro”.

En una especie de autoresponso escribió: “Fuera con lo fúnebre; liturgia / parca para este rey que fuimos, tan / oceánicos y libérrimos; quemen hojas / de violetas silvestres; vístanme con un saco / de harina o de cebada, los pies desnudos / para la desnudez/ última; nada de cartas / a la parentela atroz, nada de informes / a la justicia; por favor tierra, / únicamente tierra, a ver si volamos».

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