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Gala de clausura del XX Festival Internacional de Ballet de Miami

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Gala de clausura del XX Festival Internacional de Ballet de Miami

Adagietto, con Maëva Cotton y Alessio Passaquindici (foto de Carlos Llanos)

Gala de clausura del XX Festival Internacional de Ballet de Miami
Octubre 01
12:32 2015

 

El domingo 13 de septiembre del 2015, la Gala de Clausura del Festival Internacional de Ballet de Miami se inició con la entrega del premio “Crítica y cultura del ballet” a Mr. Jean Pierre Pastori, reconocido crítico de ballet y escritor suizo, quien con sentidas palabras agradeció el importante galardón recibido de manos del maestro Pedro Pablo Peña, fundador y director del festival.

What about Classical Movements, coreografiado por Kim SunHee y con música de Serguéi Prokófiev, fue el ballet escogido por la sorprendente troupé coreana –que debutara el viernes 11 en el festival– para ratificar su clase en esta Gala de Clausura, en la que Lee Sunwood, Yun Byul, Lee Seunghyun, EumJinsol, Cho Heewon, Lee Soobin, Lee Goheun y Park Soyun no escatimaron bravura en lo individual, mientras que en las diferentes combinaciones grupales de la exigente coreografía estuvieron perfectamente sincronizados, realzados por un fondo que cambiaba de color en cada cuadro acorde al vestuario de los bailarines.

Elena Andújar, de la Compañía de Danza Española que lleva su nombre –y de la cual es también su directora artística– sometió a la consideración del público El Vito, con coreografía suya y música de Paco de Lucía; algo que considero un rompimiento con la tónica general de ballet como tal de la gala, pero a la vez, un paréntesis recordatorio de las raíces ibéricas de gran parte del continente latinoamericano, y por ende, de muchos en la audiencia.

Myrna Kamara (International Guest Artist) y Luca Giaccio, del Ballet de la Ópera Estatal Bávara (BSOB) de Alemania, seleccionaron Skin, coreografiado por Luc Bouy y con el Adagio para cuerdas de Samuel Barber como fondo musical, para su segunda presentación en el festival, donde se movieron a sus anchas para convencer con su interpretación. Tanto entrelazados en el piso como de pie sobre el escenario, la pareja bordó la coreografía con gran acople y sensualidad, y su exquisito empaste fue más allá de lo puramente cromático, pues hay que resaltar también el vestuario de ambos, que hacía parecer a Luca desnudo y tatuado y a Myrna más seductora todavía.

Tras varias bellas composiciones corporales, transitaron por el aislamiento y la nostalgia, para luego tener un reencuentro en el piso, donde se fundieron en un dorado abrazo final tan fulgurante como sus intérpretes.

Marizé Fumero, del Milwaukee Ballet, y Arionel Vargas del Ballet Clásico Cubano de Miami (CCBM), se volvieron a acoplar brillantemente –como en la noche del viernes 11– para interpretar el pas de deux del ballet Manon, coreografiado por Kenneth MacMillan y con música de Jules Massenet, donde repitieron su clase magistral de lo que es bailar el uno para el otro –como si estuvieran viviendo la historia y no existiera el público–, con gran sensibilidad, entrega, buen gusto y regodeo sensual, en la mejor tradición de la “Escuela Cubana de Ballet”.

Los bailarines españoles Sergio Bernal, del Ballet Nacional de España, y Joaquín de la Luz, del New York City Ballet (NYCB), interpretaron El último caballero, coreografía de Antonio Pérez y música por Follia Espagnola, con gran bravura técnica y muy requete “majos” los dos, en un duelo dancístico del que ambos salieron de nuevo vencedores.

Sergio Bernal en El último caballero (foto de Carlos Llanos)

Sergio Bernal en El último caballero (foto de Carlos Llanos)

Les siguió el Ballet de L’Opéra National de Nice (Francia), con Adagietto, a cargo de Maëva Cotton y Alessio Passaquindici, con música de Gustav Mahler y coreografía de Oscar Araiz, donde, al igual que en la noche del viernes, “la entrega y el profesionalismo de los bailarines fue un regalo exquisito de elegancia, sensibilidad y sensualidad”.

Luana Brunetti y Federico Fernández, del Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires (Argentina), salieron a escena para interpretar el pas de deux del ballet Cascanueces, con coreografía de Vasili Vainonen y música de Chaikovski, donde ambos estuvieron muy acoplados en el adagio y brillaron en sus respectivas variaciones, en un desempeño muy superior al de su debut en la noche del viernes.

Tras un razonable intermedio, Emanouela Merdjanova y Casey Herd, del Ballet Nacional de Holanda, bailaron el adagio del pas de deux del segundo acto de El lago de los cisnes, con coreografía de Marius Petipa y música de Piotr I. Chaikovski, en ese mismo tempo lento que Alicia Alonso marcó para la historia. Una sola objeción: en las cargadas, Emanouela no debió abrir las piernas como compás, sino recoger una pierna y extender la otra, que es mucho más elegante.

Sabrina Brazzo, del Ballet del Teatro de la Scala de Milán, quien les siguió, se arriesgó con un solo más contemporáneo: Steel, coreografiado por Gianluca Schiavoni y música de Sool, que le permitió a Sabrina hacer ostentación de sus extensiones de más de 180 grados y su ductilidad como bailarina.

Eniko Somorjai y Tamas Glogovaez, del Ballet Nacional de Hungría, se volvieron a apropiar de la coreografía de Krzysztof Pastor para “bordar” la música de Kurt Weill en Wie Lange Noch?, “donde se le debió dar crédito a la magnífica soprano que la cantó”, como ya dije en la reseña de la función del viernes 11 de septiembre.

Lee Soobin, del Ballet Kim SunHee de Corea, se arriesgó nada menos que con la variación de Carmen del ballet homónimo, con coreografía de Alberto Alonso y música de Rodion Schedrin sobre la original de George Bizet, y a mi juicio salió airosa e ilesa del gran reto de bailar Carmen en territorio hispano, pues respetó la coreografía sin olvidar ningún paso y su interpretación no rozó en ningún momento la caricatura, siendo un rol tan ajeno a su idiosincrasia.

Claudia d’Antonio y Salvatore Manzo, del Corpo di Ballo del Teatro di San Carlo, Italia, seleccionaron el pas de deux Mia eterna primavera, con coreografía de Francesco Imperatore y música de Giuseppe Verdi, para su segunda aparición en el festival, donde su impecable entrega y su hermosa presencia escénica fue un regalo para los espectadores.

Eum Jinsol y Park Soyun, del Ballet Kim SunHee de Corea, escogieron la coreografía del soviético Vasili Vainonen para el ballet La llama de París, para traernos uno de sus pas de deux “revolucionarios”, con música de Boris Asafiev, en el que derrocharon bravura técnica, tanto en el adagio como en las variaciones y en la coda.

Casi ya finalizando, Sergio Bernal, del Ballet Nacional de España, volvió a refulgir en el solo Farruca del molinero, con coreografía de Antonio Ruiz Soler y música de Manuel de Falla, que ya había bailado en la gala del viernes 11.

Para cerrar la memorable función, Elisa Ramos y Rodrigo Ortega Sánchez, de la Compañía Nacional de Danza de México, se convirtieron en Diana y Acteón, para ofrecernos el pas de deux homónimo, con coreografía de Agripina Vagánova sobre la de Marius Petipa y música de Cesare Pugni, en el cual es evidente la influencia en el ballet ruso de la técnica italiana enseñada por Enrico Cecchetti, con grandes desplazamientos aéreos –sobre todo “Acteón”.

Elisa Ramos, con una hermosa línea y una gran musicalidad, se destacó además por sus sostenidos balances, grandes extensiones, elegantes arabesques, grand jettés, y unos fouettés intercalados con pirouéttes que fueron el apogeo de su interpretación.

Rodrigo, como el desdichado pastor voyeurista, hizo girar a Elisa con total elegancia y verticalidad –como debe ser–, y en su variación logró esos “grandes desplazamientos aéreos” que demandaba Cecchetti para los hombres, pues a sus saltos no les faltaron ni elevación ni volteretas acrobáticas en el aire. Sus vertiginosos giros, a su vez, también resultaron impresionantes; en fin, un final digno para este Festival Internacional de Ballet de Miami en su vigésima edición.

Gracias, maestros Pedro Pablo Peña y Eriberto Jiménez, por su entrega y su devoción por el ballet y el arte en general.

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Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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