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Gilgamesh y el fin del matriarcado

Gilgamesh y el fin del matriarcado

Gilgamesh y el fin del matriarcado
enero 19
03:25 2014

El último y más famoso de los reyes sumerios fue Gilgamesh, rey de Uruk. Su leyenda se basa indudablemente en el Gilgamesh histórico que reinó hacia el 2700 a. C., pero el Gilgamesh legendario fue situado antes del Diluvio, como era preceptivo. Según la leyenda, fue un héroe valiente que realizó hazañas increíbles.

Aunque las mujeres sumerias disponían de derechos substanciales, como el de poseer propiedades y desarrollar negocios, las leyes de esta nación describen una sociedad avasallada por los hombres. El contrapunteo de Gilgamesh con las diosas establecía las nuevas reglas de juego del poder secular, en lo adelante llamado a apoyarse en el panteón patriarcal de dioses masculinos, rechazando las viejas tradiciones de las diosas madres, estigmatizadas de caóticas, asesinas, lascivas, señoras de las fuerzas malignas escondidas en las entrañas terrestres, creadoras de monstruos.

En el rechazo de Gilgamesh a la diosa Ishtar está implícita la construcción del primer tabú sexual que se consolidaría con las religiones judía, cristiana e islámica.

Varios documentos legales de la ciudad de Elam, en el 2000 a. C., plantean cómo las mujeres casadas disponían de sus propiedades sin contar con el marido; e incluso en el posterior imperio babilónico, las mujeres administraban sus bienes, en especial las sacerdotisas, que practicaban actividades mercantiles.

Gilgamesh se hizo acompañar de Enkidú, creado por una diosa, y al que trató de instruir enviándole a un templo para que se relacionase con una prostituta. La propia diosa Ishtar se enamoró de Gilgamesh y se le ofreció, pero él la despreció. Resistió a las tentaciones de Ishtar conociendo que el amor de una diosa destruye al hombre mortal y más aún cuando la pasión de Ishtar había exterminado incluso a un dios como Tammuz.

Recordando a la diosa la suerte de sus numerosos amantes, desde Tammuz, al que condenó a las lamentaciones, hasta el pastor que transformó en lobo o el jardinero de su padre, al que transformó en rana, la vituperó e insultó: “No eres más que un brasero que se apaga con el frío. Una puerta que no detiene al viento ni al cierzo, Un odre que pone chorreando al que lleva. Una sandalia que muerde el pie de su propietario”. Mortalmente ofendida, Ishtar imploró a Anú que enviase al Toro celestial a desolar a Uruk y a matar a Gilgamesh. Pero en vano.

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Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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1 comentario

  1. lady dice si
    lady dice si enero 19, 19:50

    Con el fin del matriarcado se empezó a joder la cosa

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