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Guillermo Rosales, en qué regiones de la muerte

Guillermo Rosales, en qué regiones de la muerte

agosto 29
03:47 2011

1-Angel_Liliane_HassonNo sé dónde se encontrará ahora Guillermo Rosales (1946 – 1993), un escritor cubano nacido en La Habana, autor de Boarding Home, una breve novela que ganó el premio Letras de Oro (1986 -1987), de la Universidad de Miami.

No sé en qué medida sus posibilidades de escritor irreverente (enloquecido de amor por la vida y, al mismo tiempo, abrumado por el dolor del ser humano, atormentado por la alienación existencial que padecen los poetas de este mundo) se han podido seguir realizando después de la publicación de este libro que tal parece un mínimo —pero profundo— grimorio para locos. No sé cuán grande será ahora su desgarramiento por el infortunado destino de su isla, que aún sigue desencadenando ilusiones y desilusiones. No sé por qué nunca pudo superar las crisis espirituales y materiales de todos los escritores y artistas cubanos (y no cubanos) que han tenido que exiliarse y venir a Estados Unidos o a cualquier otro país del planeta, con la esperanza de hallar siquiera el sosiego en un contexto que permita el desarrollo cabal de la sensibilidad en libertad.

No sé muchas cosas de este hombre que  debió sentir el estremecimiento de su espíritu ante un medio adverso —por irreal— que nos oprimía en Cuba y esta sociedad extrema y extraña a la que hemos venido a parar con la aspiración de recobrar nuestro perdido aliento creativo; sociedad y sistema que, aunque a veces nos estimulan con el asombro de sus opciones, aperturas y tecnologías, aún no comprenden que el hombre necesita tanto y más de la belleza del espíritu que de la materialidad y el poder del dinero. No sé  por cuáles regiones de la muerte andará ahora Guillermo Rosales. Espero que, al menos, esté disfrutando de una buena conversación, quizás eterna, con mi perenne amigo Guillermo Vidal.

Lo que sí sé es que “Boarding Home” destaca como un grito desesperado que viene repitiéndose desde que el ser humano comenzó a enfrentarse a su propia contradicción de materia y espíritu. Es el clamor y la denuncia ante el desengaño de lo que para muchos ha significado el hecho de haber logrado huir del encierro en una isla realmente oscura y detenida en el tiempo (que desde un inicio se convirtió en los cantos de sirena de una utopía mal concebida), para entrar entonces en el laberinto de lo inesperado y de otro extremo canto de sirena. El ámbito de acá es el mundo real, objetivo y diverso, donde corren todos los tipos de tramas y dramas. Ciertamente es la realidad concreta, tal como puede ser la lógica (¿ilogicidad?) de un complejísimo mecanismo de intereses económicos y políticos, a veces matizado por la buena suerte de hallar la anhelada puerta que conduzca al sueño de un artista, o siquiera al de su estabilidad existencial.

Porque para el protagonista de “Boarding Home”, William Figueras, el mundo es un camino que va de extremo a extremo ocultando, en esencia, la misma desfiguración humana. En efecto, este hombre no es solamente un exiliado político (salido de Cuba y llegado a Miami), sino también, y aún más, un exiliado total. Es el eterno poeta, incomprendido por su inconformidad, rechazado por el orden establecido, también en este lado de acá (que de igual forma es el mundo total), tildado de loco, borrado de entre los seres comunes; un creador del que hay que develar, ese, su sentido continuador de Proust, de Hermann Hesse, de James Joyce, de Henry Miller, de Tomas Mann, escritores que fueron para él “como los santos para un devoto cristiano”.

Seguramente William Figueras dejó de escribir, pero William Rosales sí continuó escribiendo, gracias a que en 1979 pudo salir de Cuba y residir en Florida, donde terminó dos novelas más: “El juego de la viola” y “El bunker fantasma”; y hasta quién sabe si también le dio fin a otra voluminosa narración que aspiraba tener como personaje central la ciudad de Miami.

Lo que quiero decir es que William Figueras (el poeta fantasma) viene a ser uno de los desdoblamientos de William Rosales (el autor). En “Boarding Home” se habla —como en una confesión casi autobiográfica— de la deshumanización en cualquier lugar del mundo y de la mediocridad social que estigmatiza. Y el discurso narrativo se logra bien, con la transparencia de un lenguaje visceral, fluido y lacerante. El autor aquí rompe la distancia y se funde con el protagonista en el “yo” de la intimidad, como se ha venido haciendo en la mejor narrativa desde Marcel Proust hasta la fecha. Discurso que no por su estructura novelística deja de ser poético. Por otra parte, esta novela es, precisamente, una confirmación más de que el comunismo totalitario, las dictaduras de derecha y los regímenes fascistas (incluyo los regímenes religiosos) han sido engendros (variantes) de las peores degradaciones en la historia del capitalismo mundial.

“Boarding Home” es así una casa donde van los defenestrados por la sociedad, en la ciudad de Miami. Allí se mueren en vida, en la inmundicia que los familiares les han impuesto como destino. Son seres que estorban en la vida de vanidad y consumismo de sus parientes; simplemente, “es la casa de los escombros humanos”. Hasta el amor entre William y Francis se frustra y no se les permite a ambos vivir juntos, humildemente, como seres “normales”. Son separados, y el protagonista termina en la más terrible soledad e impotencia.

Sin embargo, el principal propósito paratextual de esta novela, su premio en el concurso Letras de Oro y su posterior publicación por la Universidad de Miami, revelan, indiscutiblemente, que aún entre el submundo irreal (de espejismo y absurdo) del castrismo en Cuba y el mundo desconcertante y obscenamente real que también subyace en Estados Unidos hay diferencias sustanciales; y es que, a pesar de las inconsecuencias aberrantes del “American Way of Life”, aún su sistema endemoniadamente consumista permite que el hombre se exprese, y que un talento como el de Guillermo Rosales pueda obtener un merecido premio como éste, haciendo que su novela sirva de denuncia y lección en cuanto a lo que hay que erradicar de una sociedad que, a fin de cuentas, ¿avanza porque sabe exorcizar sus propias iniquidades humanas?

http://palabrabierta.com/

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