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Había una vez trece millones de Cubas

Había una vez trece millones de Cubas

Había una vez trece millones de Cubas
Junio 09
02:01 2015

Había una vez trece millones de cubanos. Había también patriotismo, que es el primo mencionable del patrioterismo, y que es una idea obsoleta.

Patriotismo, que es ejercer la condición de patriota. Y para ser patriota, hay que tener Patria. Yo no tengo Patria. No soy patriota. No creo en el patriotismo. Mucho menos en el patrioterismo.

Tengo país de origen. Eso sí. Soy cubano, habanero, hasta la médula. Ni siquiera en mis momentos de mayor desapego he considerado que haber nacido otra cosa que no fuera cubano hubiera sido mejor para mí. Pero eso no me hace patriota. El lugar donde nací no es patria: es tierra y yerba. Porque patria es donde uno es feliz.

Martí, que debe haber pensado mucho sobre el asunto, decidió escribir “Abdala”; lo puso a decir, al nubio Abdala, que el amor a la Patria no es amor a la tierra ni a las plantas, sino el odio a quien la agrede. Después de eso, todos hemos repetido el mantra martiano; algunos, hasta se lo creyeron. Otros –ya se sabe quiénes– clonaron la idea, y sintetizaron aquello de Por la Patria La Revolución el Socialismo, la Patria Muerte, las cosas tintas en sangre y todo ese apocalipsis vinculado a una idea pésima y fracasada, no la de la Patria, sino la del socialismo; la patria al cabo, según Abdala y Martí ,no es un sufrido pedazo de tierra y yerba que según ellos no hay que amar, sino otra cosa que a mí no me interesa: a mí, tiempo ha, me gustaban mi tierra y mi yerba. Allá Martí, Abdala y su abstracción.

Es difícil, imagino entonces, el oficio del nostálgico patriota; el amor a la Patria, madre, no es otra cosa que la cahnepuerco, la chusmería y sudar como un animal, diría Abdala XXI. El oficio de patriota nostálgico, ingrato oficio, recuerda la ansiedad de la piel que le sonríe al latigazo, el alborozo del rostro que se alegra del gargajo que le corre por la mejilla; es creer, a pies juntillas, que la mierda de perro pegada a la suela del zapato es buena suerte, si es mierda de allá. Es añorar agua con gusarapos, las paredes carcomidas, la patada por el culo. Es extraño ese oficio, además de difícil: es extraño extrañar a la patria.

Martí, por razones obvias, no pudo concebir que el patriotismo cubano pudiera tener vertientes más pedestres, otras que no fueran sacrificarse por una Causa. Imposible que pensara que patriota pudiera ser nostalgia por la suciedad, la arenga tres veces al día, una botella de ron tibio en el Malecón y las noches de reguetón, por ejemplo; una suerte de patriotismo a posteriori pasado por agua de un aguacero vespertino.

En todo caso, de haberse centrado en el patriotismo light, quizás hubiera escrito Martí algo así como que cada cubano debe saber bailar danzón, y bailarlo bien. ¿O sería contradanza? No sé: el Apóstol nunca me ha dado la impresión de que fuera del tipo bailador, y eso que era bien cubano y se sabe que todo cubano debe saber bailar, y bailar bien; reguetón, no contradanza: arriba, patriotas, que la nostalgia se baila en un ladrillo –roto y sucio–. La verdad –diría quizás Martí–, el patriotismo ya no es lo que era.

Entonces sucede que cada cual elabora su idea de patriotismo y cubanía. Muy respetable. Yo, por ejemplo, decía que soy cubano y no patriota porque, ¿qué tipo de patriota sería yo, si en cuanto tuve la oportunidad salí huyendo de la patria, ese ridículo pedazo de tierra y yerba –conmigo no, con Martí–, dejándola en manos de unos que, por lo que se ve, la odian, la oprimen, la atacan y en ese afán, hasta la han hecho mierda? Es decir, martianamente, Usted, si es patriota, debe por carácter transitivo odiar al gobierno cubano; por ende, debió quedarse por allá a liberar a Nubia de sus opresores, y no estar acá afuera rumiando patológicas añoranzas. Lo que digo, yo no soy patriota, pero sí soy consecuente.

Que vuestro cuerpo abandone entonces la isla desidiosa –patria, para algunos; calvario para otros; una mierda para los conocedores– y vuestra mente se quede rondando las noches de abulia en el barrio –el cerebro empapado en sudor, con peste a ropa mal secada– es poco recomendable. No estoy seguro del nombre clínico para eso; la palabra dicotomía, tan griega, me viene a los dedos; esquizofrenia big time, tal vez; mala idea, de seguro; tan mala como el socialismo, eso de llevar la nostalgia como bandera y confundirla con patriotismo, que tiende patológicamente al patrioterismo, y termina empantanado en un limbo que, como las rondas, da pena.

Porque Patria, para el que esté prestando atención a lo que le sucede a su vida, es en realidad donde uno se siente bien, y es feliz: Patria, porque es Pater, Mater, protección, amabilidad, cuidado, guía y refugio. Si no fuera así, entonces no es Patria;  es si acaso Madrastra, de las malas, de las de Cenicienta. Tierra árida y yerba seca.

En lo personal, recuerdo el tiempo cuando yo lo fui, feliz: las cosas eran simples; yo era tan feliz que ni siquiera sabía que estaba jodido, muy jodido. Que todo estaba jodido. Áspera la yerba, estéril la tierra, la Patria boqueando, Martí prostituido por los demagogos; no me percataba –no podía– de que la mierda de perro, las moscas y los discursos mesiánicos no eran parte intrínseca de la vida del patriota cotidiano que yo pensaba que era. Extraño esa época de inocencia, ese lugar que ya no existe; regalo entonces, a quien le interese, la Patria contemporánea: Padre-Madre espurio desnaturalizado, que de mí, al menos, no se ocupó. Disfruten el regalo: yo, aun cuando no los comparta, respeto los gustos ajenos.

Patria entonces –lo que queda de ella– es, en todo caso, mi familia y mis amigos. El resto, es otro pedazo de tierra y yerba, diferente, al que ya no pertenezco. No soy patriota. Cubano soy; habanero, por supuesto. Y orgulloso de serlo. Pero eso es todo.

Y de eso escribo aquí, de mi cubanía; de mi percepción de Cuba como cubano, de Cuba país, no de Cuba+patria, porque ya no hay tal cosa para mí.

De eso escribo aquí: de cubanía, de Cuba, a secas; de la mía, una de trece millones.

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Sobre el autor

Alex Heny

Alex Heny

Habanero, hijo, padre, cubano, emigrante, escribidor. En ese orden, más o menos. Heny tiene esposa, tres hijos, un doctorado en Ingeniería y Ciencia de Materiales, y una gran disposición a opinar sin que se le pregunte. Actualmente vive con su familia en Long Island, Nueva York, ciudad donde edita el blog http://havaneroenny.blogspot.com/

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2 comentarios

  1. Victoria
    Victoria Junio 09, 16:00

    Que triste. De verdad ellos han triunfado. Destruyeron y lo que destruyeron en realidad fue el ALMA NACIONAL. Me da mucha pena. No puedo sentir eso porque no vivi la mierda, ni la pudricion fisica y moral. No creo que los que si pelearon por una Patria sana, libre y soberana, puedan descansar en paz. Que bueno que eres feliz. Ese es un estado de animo. Salud! Viva Cuba LIBRE.

    Reply to this comment
  2. poeship runner
    poeship runner Junio 11, 11:39

    MUY BUENO EL ARTICULO, MUY REALISTA, Y ME IDENTIFICO CON EL AUTOR, MUCHAS VECES CUANDO VOY POR AHI DIGO: NACI EN LA HABANA, PERO NUNCA RESPONDO SOY CUBANO. EN CUBA ESTANDO EN LA UNIVERSIDAD DECIA, SOY TERRICOLA ( YA CUBACASTRO ME QUEDABA ENANA ), UN POCO COMO LA CANCION DONDE HAYA LUMBRE Y VINO TENGO MI HOGAR, PERO MEJOR SIN PATRIA PERO SIN AMO. ABAJO CASTRO Y SU PARENTELA

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