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Hablar por boca de ganso

Hablar por boca de ganso

Hablar por boca de ganso
mayo 23
03:41 2014

A fines del siglo XX, un escándalo sacudió al mundo académico, y fue conocido como el “affaire Sokal”. Alan Sokal, profesor de Física de la Universidad de Nueva York, envió para su publicación a la revista científica Social Text (editada por la Universidad de Duke) un artículo con el título Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hemeneutics of Quantum Gravity (La transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica).

Simultáneamente, Sokal declaraba en otra publicación, Lingua Franca, que el artículo (que sostenía, entre otras cosas, que la ley de gravedad no existía) era una acumulación de citas grandilocuentes fuera de contexto, apoyada en citas estúpidas hechas por filósofos sobre matemáticas y fenómenos físicos mal entendidos.

El hecho originó una larga serie de réplicas y contrarréplicas, incluyendo a premios Nobel y filósofos posmodernos, especialmente Lacan, Derrida y otros franceses. La discusión se extendió por varios años, con Sokal dando conferencias en el ámbito universitario, como en la Universidad de Buenos Aires, donde enfrentó en la facultad de Filosofía a un embravecido estudiantado lacaniano. Como corolario, publicó su libro Impostures Intellectuelles, presentado en Estados Unidos como Fashionable Nonsenses.

Para muchos de nosotros fue una brisa de aire fresco, y además divertida, que dejaba al descubierto la posición falsamente posmodernista de un lenguaje incomprensible.

No he podido menos que recordar este episodio frente a la reciente confesión de Eduardo Galeano (un Sokal involuntario) sobre su libro Las venas abiertas de América Latina, publicada en el diario El País, de Uruguay, donde nació y vive actualmente.

Galeano ha dicho, entre otras cosas, que “no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí, esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”.  Mucho más grave que su idea sobre el estilo, lo que ha sido contundente es su confesión: “Yo no tenía la información necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito, pero fue una etapa que, para mí, está superada. El libro fue escrito sin conocer debidamente de economía y política”.

Eduardo Galeano ha dejado así a la intemperie a quienes creyeron que “Las venas abiertas…” era la biblia latinoamericana y la mejor explicación sobre el estado de la América Latina y su expolio por parte de los Estados Unidos. No me refiero ya a Hugo Chávez, de quien era razonable esperar algo así cuando se lo entregó a Obama, en el año 2009. Me refiero a los intelectuales, académicos, periodistas, quienes hicieron del libro un best seller y creyeron en sus explicaciones antiimperialistas como la causa del atraso de nuestros países. De acuerdo con un viejo dicho, “han hablado por boca de ganso”. Es decir, repitiendo argumentos de terceros sin comprenderlos cabalmente (recuerdo que alguien que concurría en esa época a las reuniones del Instituto, me reprochaba no invitar a Galeano a exponer y discutir el libro en Miami. Yo le conté que, efectivamente, lo había invitado, pero que me había dicho que no le interesaba ese tema, sino sus libros sobre fútbol. Ahora me explico esa respuesta).

“Las venas abiertas…” tuvo numerosas respuestas. La primera y más conocida fue seguramente la de Carlos Rangel (Del buen salvaje al buen revolucionario, traducida al inglés como The Latin Americans: Their Love-Hate Relationship with the United States). A ella siguieron los estupendos libros Manual del perfecto idiota latinoamericano y El regreso del idiota, de Carlos Alberto Montaner, Alvaro Vargas Llosa y otros. Recientemente, Osvaldo Hurtado, sociólogo que fue presidente de Ecuador, también refutó las tesis primitivas de Galeano sobre las causas de la pobreza en la región y la simpleza nefasta de sus explicaciones.

Todos ellos pusieron el acento en el tema cultural para entender los problemas de América Latina, en la misma línea que la corriente de Harvard que se dedicó a rastrear el peso y la importancia de los valores en la predisposición al desarrollo económico. En forma paralela, estas últimas décadas de economía regional han mostrado cuáles son las causas del crecimiento de algunos países y cuáles las trabas para que otros no crezcan. Y eso no tiene nada que ver con la tesis de Las venas abiertas de América Latina.

Galeano pasa a integrar la ya larga lista de pensadores que se han arrepentido de un pasado de izquierda juvenil y que integran hoy un pensamiento distinto, entre lo cuales se cuentan Fernando Henrique Cardozo, Mario Vargas Llosa, Raúl Prebisch y tantos otros (es sintomático que sea difícil encontrar algún ejemplo de camino inverso).

En algún momento habrá que evaluar cuál fue el daño real que esos intelectuales han provocado, daño que el cambio tardío no alcanza a compensar. Sea bienvenido el arrepentimiento de Galeano, que deja al descubierto a los innumerables seguidores que tuvo y que ahora quedan en ridículo.

Sobre el autor

Guillermo Lousteau

Guillermo Lousteau

Guillermo Lousteau es argentino. Doctor en Ciencias Jurídicas, licenciado en Filosofía y abogado, ha sido profesor en las Universidades de Buenos Aires, Católica Argentina, Católica de Chile y del Salvador. Ha publicado, entre otros libros, "El pensamiento político hispanoamericano", "La revolución argentina" (en colaboración) y "Democracia y control de constitucionalidad". Es miembro de la Academia del Plata, del Instituto de Cultura Hispánica y de la American Political Science Association. Profesor de la Florida International University, es presidente del InterAmerican Institute for Democracy.

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