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Hacia una cosmovisión emergente

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Hacia una cosmovisión emergente

Hacia una cosmovisión emergente
septiembre 24
08:00 2015

 

Son muy diversos los problemas que enfrenta la humanidad para continuar creciendo. Un crecimiento ya no tanto en el número de personas o en toneladas de producción, sino en calidad, en calidades. La calidad humana de cada uno y de todos. Tal vez debamos enfocar los sistemas educativos a engordar el espíritu, no la carne. Durante las últimas décadas, ha habido una explosión demográfica y ya somos más de 7,000 millones de individuos “humanos” (incluidos algunos que no debieran adjetivarse así) habitando este planeta, pero estamos lejos de ser 7,000 millones de consciencias conviviendo en y con el planeta.

Una cosa es que cada cual mantenga el derecho a ser individuo pleno y diferenciado de la masa, y otra que cada individuo humano sea ombligo del universo, con derecho a depredar, consumir y degradar a otros y a su entorno de manera irracional e irrestricta. Y a ello llamarle libertad, industrialización e invocar los derechos humanos. ¿Y qué hay de los deberes humanos? Las ideologías y sistemas políticos se han dedicado a resaltar los derechos humanos, poco han intentado hablar de los deberes humanos.

Es más que obvio que es muy comprometido para el planeta Tierra suplir los requerimientos de una humanidad más numerosa, densa y compuesta por individuos que reclaman para sí un alto nivel de vida. Es mucho más difícil de complacer esta modernidad que la poco numerosa y densa humanidad de las épocas barbáricas. La capacidad de carga del Planeta se ha tensado, pero la culpa principal no recae sobre la explosión demográfica (lo cual es la solución fácil) sino por la explosión del egoísmo individualista que irresponsablemente pretende sea aplicable eso de “después de mí el diluvio”. Por otro lado, en la actual situación no se puede pretender emplear las cosmovisiones que funcionaron (o disfuncionaron) previamente, en la tribu o la nación. En primer lugar, eran locales o cuando más regionales. En segundo lugar, se enfocaban en la cantidad, las toneladas, el crecimiento social. Ahora, insistimos, hay que enfocarse en calidad, la sociedad del conocimiento, en el comercio de intangibles.

Cada vez es más evidente que una intensa e indefinida extracción industrialista de recursos naturales, y su alegre consumo, ha desequilibrado los ecosistemas terrestres e incluso el planeta como sistema. La solución de dicha ecuación solo puede transitar por un cambio profundo de la cultura, las concepciones, la moralidad, la filosofía, la política, etc., incluida la forma en que actúa y se percibe a sí mismo cada individuo en el todo funcional, la tecnosfera sustentada por la biosfera.

La evolución cultural humana ha implicado grupos cambiando entornos de naturales a transformados (el campo deviene en ciudad, la bahía en puerto, la biosfera en tecnosfera) y buscando concepciones y estructuras sociales que las adapten a una geografía o medio ambiente específico, de escala local o regional. Hoy se impone la necesidad de una concepción e ideología global y globalizante, que arbole a la humanidad ahora profundamente interconectada y con una nueva estructura en red (ex-local, meta-regional y pretendidamente global).

Antes nos organizamos en grupos con una base en la raza, la etnia, el clan, la nación y los grupos periódicamente chocaban con “los otros” en sus límites y los vencedores se convertían en la casta dominante y más procreada. Ahora, luego que la explosión demográfica y numerosos medios de intercomunicación nos han hecho una manada invasora de proporciones planetarias, la organización de la cultura no puede ser otra que la de una civilización conectada con el Cosmos. Y la casta dominante tiene que ser la de los más inteligentes, es decir, la civilización planetaria se hace una meritocracia o nos degradamos.

Es absolutamente imprescindible una concepción o utopía que confiera estabilidad al imparable proceso mundializador. Que éste deje de ser un experimento a partir del empuje de determinados intereses históricos, finacieros, especiales o polos tecnológicos. Y ese es tal vez el más grande problema de los tantos que tenemos: nos hemos mundializado sin plan maestro alguno, improvisamos, crecemos hinchándonos, no es la mente prospectiva la que nos conduce.

El histórico subdividido mundo que se impuso como “el exitoso”, a partir de una cosmovisión europea y europeizante, el iluminismo y el “Siglo de las Luces”, debe y tiene que dar paso a una concepción humana y humanizante, en la que los remanentes de tribalidad y territorialidad estén convenientemente preteridos, acotados y balanceados por los nuevos contrapesos mundialistas en el “Siglo del Conocimiento”.

La Humanidad Globalizada no es una teoría, es un hecho, y no comprenderlo, solo puede llevar a que la masa mucho mayor sea cada vez más ingobernable, más impredecible y sus estampidas más aplastantes, porque primero se ha globalizado el consumismo y el stress. Los experimentos sociales históricos, aún en su diversidad natural, pueden ser considerados como dos versiones extremas: Individualismo o Colectivismo. Ambos extremos han mostrado su incapacidad como solución impuesta desde el poder.

Si los problemas del mundo se acumulan sin resolver, es porque las soluciones históricas, que pudieron ser apropiadas para un contexto cronológico previo, ya son parte del problema no de su solución. Se impone una enérgica evolución cultural, en la que la Ecología tendrá que jugar un rol muy activo, proponiendo a todos los niveles que se consideren los sistemas funcionando como todos (lo holístico e integral por sobre lo reticulado y focalizado) y no se pretenda más que se puede diseccionar la naturaleza y alimentarnos de sus miembros. Eso lo hicimos como horda, llegábamos a la presa y la descuartizamos. En el futuro ya no habrá presa, ya no estaremos presos en nuestra historia.

Sobre el autor

Andrés R. Rodríguez

Andrés R. Rodríguez

Andrés Rodríguez (Santa Clara, 1952) es licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Biología Marina. Es autor de los libros "Manual de campo del Atlántico Noroccidental", "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Breve Diccionario Pesquero", “Ecología actual, conceptos fundamentales” y "Fábulas vivas", entre otros. Actualmente es consultor para varios proyectos de pesca, turismo y medioambiente, periodista para TV Radio Miami y asociado de Leader Media Group en Miami, la ciudad en que reside.

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