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Hacia una cultura del trabajo en equipo

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Hacia una cultura del trabajo en equipo

Hacia una cultura del trabajo en equipo
Octubre 30
07:47 2015

 

El desastre cubano va más allá de lo político. Está relacionado con los problemas que a nivel cultural dificultan que podamos constituir una nación moderna o madura. Uno de ellos –pero no el único– es el de la incapacidad nacional para aportar no unanimidad sino unión, o puntos de coincidencia, en torno a proyectos de interés general. La incapacidad cubana para trabajar en equipo.

Por ejemplo, la libertad de Cuba constituye un proyecto de interés general que a todos favorece y no tiene un color político determinado. Los judíos han permanecido unidos en torno a un proyecto común durante siglos (el proyecto de su supervivencia) y no por ello puede acusárseles de unánimes o gregarios. O los estadounidenses, que han defendido en masa, a capa y espada, una Constitución que privilegia sus derechos individuales por encima de cualesquiera otros.

Flexibilidad y modernidad implican comprender que ciertos proyectos benefician a todos y están por encima de compartimentos estancos e intereses egotistas como primar, ordenar, “tener la razón”. Porque indudablemente existen temas elementales alrededor de los cuales hacer causa común. Por ejemplo, educarnos en la tolerancia entendida no como ausencia crítica, sino como civilidad para compartir espacios con el diferente y asumir con naturalidad dicha crítica. Por ejemplo, ya yendo a los extremos, unirnos en la construcción de un sistema abastecedor de agua que irrigue la árida barriada en la que –es un supuesto– vivimos. Creo que a nadie se le ocurría calificarnos peyorativamente de “unánimes” porque quisiéramos agua para nosotros y nuestras familias y nos pusiéramos de acuerdo, todos, en torno a ese objetivo.

No se trata de añadirnos a la totalidad sino, inversamente, de burlar la totalidad, el pensamiento único, cacique, que la gran mayoría pretende imponerle al prójimo. Se trata de aprender, paulatinamente, a convivir con la diferencia y desechar el infantilismo cultural que atrinchera en la caverna o en la pandilla. Un primer paso en esta dirección sería, en el caso de los cubanos, alcanzar la capacidad de organizarse en torno a intereses generales. Porque los hay, y muchos, tras más de medio siglo de totalitarismo.

“Es absolutamente imposible crear un espacio urbano habitable en Cuba si antes no se produce el milagro de la revitalización de la conciencia ciudadana y la devolución a esa pobre gente de cierto grado de esperanza en el destino colectivo”, ha dicho Carlos Alberto Montaner. Y ese destino colectivo, se entiende, pasa por la capacidad de trabajar en equipo, de hacer lo que mejor sabe hacer cada quien en lugar de intentar impedirlo recurriendo a mañas coercitivas o presiones excluyentes.

Se trata de aprender a interactuar en el espacio público para alcanzar el destino colectivo del fortalecimiento interior, clave para la liberación de todos y cada uno.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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