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Haití baila por la paz

Haití baila por la paz

abril 05
04:51 2011

1-Jean_Aurel_MauriceUn año después del terremoto que acabó con la vida de miles de personas, el pueblo haitiano sigue sumido en la miseria. El coreógrafo franco-haitiano Jean Aurel Maurice denuncia la falta de solidaridad que existe en su pueblo en el espectáculo Jacmel dance pour la paix.

Una entrevista con Jean Aurel Maurice

La luna llena ilumina el patio de la Alianza Francesa de Jacmel (Haití). Tres focos apuntan sobre el escenario desierto. Poco a poco, el público ocupa sus asientos. Todo está listo para que dé comienzo el espectáculo pero, de repente, el sonido de una desconexión da lugar a una oscuridad total; incluso la luna parece haberse escondido tras alguna nube. Los espectadores no se lo pueden creer, están acostumbrados a los apagones, pero los cortes respetan rigurosamente la franja horaria de 6 a.m. a 12 del mediodía. Acto seguido, el coreógrafo Jean Aurel Maurice (Saint Martin, 1975) pide al público que ilumine el escenario con sus celulares y entona la mítica “Stand by me”, de Ben E. King: ¡Jacmel dance pour la paix acaba de empezar!

“Yo no creo que ningún país pueda construirse en la inestabilidad, y por eso, esta coreografía es un llamado a la paz”, afirma rotundamente Jean Aurel. Para este artista franco-haitiano, la violencia es el principal problema al que se enfrenta el país caribeño. “Necesitaba desahogarme, desde hace 200 años, desde nuestra independencia,  la sangre no ha dejado de derramarse, siempre tenemos conflictos”, explica. Según el bailarín, el terremoto no fue la mayor tragedia que vivió la ex colonia francesa, “siempre hemos sufrido, por un lado, la inestabilidad política y por otro las catástrofes naturales”, y recuerda que ha vivido otros terremotos, y huracanes. “El agua llegaba hasta el techo de mi casa, el barrio estaba inundado”.

Además, Jean Aurel, quiere enviar un mensaje de unidad al pueblo haitiano. “No importa que seamos hijos de blancos, o de negros, o de verdes, ni la clase social, debemos unirnos, lograr un momento de calma para reflexionar y mirar en otra dirección”.

Mientras tiene lugar esta entrevista, la principal carretera que da acceso a Jacmel está cortada. Un grupo de manifestantes quemó un viejo autobús para usarlo de barricada. El pueblo está furioso porque, unos días antes, durante las celebraciones del carnaval, un policía disparó a bocajarro contra un joven, que falleció en el acto. Desde entonces, las protestas se intensificaron y los manifestantes impiden el tránsito en la principal carretera de la ciudad.

“Aquí estas cosas pasan a menudo, sabes cómo empiezan pero nunca cómo terminan”, aclara el bailarín, que se solidariza con la causa. “Los invité a ver el espectáculo gratis, pero no hay forma de dialogar”, añade. Debido a las barricadas, muchas personas que habían adquirido la entrada para ver Jacmel dance pour la paix no pudieron asistir, “intentaron pasar pero fueron atacados con piedras y botellas”.

El diálogo y la solidaridad son otros de los valores que pretende transmitir esta coreografía. Durante más de una hora, al ritmo de tambores tradicionales haitianos y de dos melodías clásicas (de Bach y de Mozart), los alumnos de Jean Aurel escenifican los males y problemas de la sociedad haitiana. Perfectamente sincronizados, la coreografía logra mezclar a la perfección bailes típicos, danza clásica y moderna. Una de las partes más impactantes es cuando Jean Aurel realiza un solo en el que representa su muerte sobre el escenario. Los movimientos clásicos, acompasados, con una gran dosis de improvisación, logran transmitir el sufrimiento de un pueblo que se convierte en polvo, en el mismo polvo que embadurna su cara y su cabeza, hasta que, envuelto en una capa negra, es retirado del escenario.

“Sí, gran parte de mi performance es improvisación, lo vivo, me sale de las entrañas”, explica. También enfatiza en la importancia que tuvo en su creación la coreógrafa francesa Maguy Marin, con la que pasó un mes durante el último verano. “Ella me explicó que hay verdades que no se deben decir, pero que a veces no te queda otra alternativa que decirlas y es lo que hago, ahora me atrevo a expresar lo que llevo dentro”.

A pesar de que, en un principio, asegura que su coreografía no  tiene “nada personal”, que sólo transmite un mensaje de paz, poco a poco va desvelando una serie de experiencias que le llevaron a crear este llamado a la concordia. Recuerda cómo, el primero de enero de 2004, mientras actuaba en la celebración de los 200 años de la independencia haitiana ante el ex presidente Jean Bertrand Aristide, en el Palacio Nacional, en la calle se escuchaban disparos; “casi se me caen las lágrimas mientras bailaba”, dice emocionado. Pero Jean Aurel no sólo fue testigo indirecto de la violencia: también la sufrió cuando asesinaron a su hermano mayor en Puerto Príncipe.

La creación de la coreografía Jacmel dance pour la paix, no fue el mayor reto para el artista, lo más complicado fue llevarla sobre el escenario. Si bien la coyuntura social y política del país no ayudó, también tuvo problemas para que participasen los componentes de su agrupación. Entre sus pupilos hay albañiles, estudiantes y dos taxistas que realizan su trabajo en moto, una práctica muy común en Haití. Sin embargo, los dos taxistas no tienen moto; para trabajar alquilan una, gastando así gran parte de sus ganancias. Por lo tanto, Jean Aurel decidió donar los beneficios del espectáculo a estos dos músicos, para que comprasen una moto. “No fue fácil convencer al resto de la agrupación, no querían, incluso pensé en cancelar el espectáculo”, explica; pero tras muchas discusiones, accedieron a actuar. “Por eso insisto tanto en la importancia de la solidaridad; si ellos, que se conocen de toda la vida, viven en el mismo barrio y actúan juntos desde hace casi cinco años, no se ayudan, es imposible avanzar”, dice.

“Ahora tengo que centrarme para enfocar mi futuro ya que aquí es muy difícil vivir del arte”, reflexiona. Así que decidió instalarse en Miami. “Seré más útil desde allí”. La ciudad de Miami le abrió las puertas para que cree una escuela de baile y él no piensa desaprovechar la oportunidad. “No sé qué me depara el futuro porque soy un hombre del presente”, pero aclara que seguirá “ayudando y aportando todo lo que pueda” a su país. Además, tampoco descarta la idea de volver a actuar en la Isla que lo vio nacer: “he vivido en varios países, pero nací en Saint Martin y siempre que pueda y las condiciones lo permitan volveré allí para hacer lo que mejor sé: bailar”.

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