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Hamas vs Israel: Una historia palestina

Hamas vs Israel: Una historia palestina

Hamas vs Israel: Una historia palestina
julio 21
20:54 2014

Hamas, un ramal de la Hermandad Musulmana, se organizó a raíz de la Intifada, a finales de los años ochenta del siglo XX; sus escuadras terroristas, activas en Gaza y Cisjordania, están financiadas por Irán. Hamas presenta al “sionismo” como la personificación de Satán, y enarbola como prueba irrefutable a los Protocolos de los Sabios de Sión, el texto fabricado por la Ojrana, la policía secreta del Zar. Mientras la OLP aspira a establecer una Palestina secular, Hamas acaricia la idea de un estado teocrático estilo talibán, y ofrece como recompensa a los mártires de sus misiones suicidas un Paraíso de palacios de oro, comidas exquisitas, bellas jóvenes y apuestos mancebos. Hamas mezcla los motivos religiosos con el nacionalismo al propugnar el suicidio por la “causa”, y el deber religioso de liberar la patria árabe; pero el Corán no reconoce ni suicidio ni patria.

En el otoño de 1990, Yasser Arafat se vió apremiado a lanzar su brazo armado, Al-Fatah, contra Hamas, producto de su decisión de participar en la conferencia de Madrid con Israel.

Después de que Siria expulsó a la OLP del Líbano, el liderazgo de Arafat comenzó a resquebrajarse, así como el maximalismo de su política ante Israel, agravándose al abanderarse con Saddam Hussein en la Guerra del Golfo. Durante esta guerra la propaganda de la OLP en Gaza y Cisjordania, y en los campos de refugiados en el Líbano, presentaba a Saddam Hussein como el héroe árabe que desafiaba militarmente a los “cruzados” Estados Unidos e Israel. Arafat sirvió también como emisario internacional del régimen de Saddam Hussein. A raíz del embargo internacional contra Irak aplicado por la ONU, Arafat se envolvió en extensas negociaciones confidenciales con Irán buscando que Teherán permitiese el tránsito clandestino del petróleo iraquí por su territorio.

Esta alineación irresponsable precipita resultados desastrosos en todos los frentes de la OLP, deshaciendo lo avanzado en las negociaciones de paz, y costándole la suspensión del sustancial diezmo que prodigaban los emiratos del Golfo y Arabia Saudita, permitiendo que la balanza se inclinase a favor de los militantes islámicos en los territorios ocupados. Así, los palestinos de los Territorios Ocupados afrontaron dificultades económicas y financieras debido a la precaria situación de los palestinos residentes en el Golfo, que anteriormente enviaban sus mesadas a las familias. Este antagonismo de la OLP con Egipto, Arabia Saudita, Kuwait, y por supuesto con Siria, se mantiene hasta hoy día.

1-israeli_y_palestinoEn septiembre de 1993, en pleno aislamiento, Arafat decidió acudir a Oslo, Noruega, bajo la órbita de la Pax Americana, para resumir largas negociaciones que se habían llevado a cabo de forma secreta por delegaciones de la OLP y de Israel. Allí se suscribió un acuerdo de paz entre Arafat y el premier israelí Itzhak Rabín, a nombre de sus respectivos pueblos, comprometiéndose el palestino con poner fin al terrorismo, abandonando así la diplomacia pan-árabe, y entrando en la política doméstica israelí. De un golpe Arafat perdió su ascendiente con el militantismo islámico, pues los acuerdos de paz fueron atacados tanto por los sectores fundamentalistas judíos como por los palestinos. Los fundamentalistas palestinos, nucleados alrededor de Hamas, declararon a tales acuerdos símbolo del fin de la Palestina islámica, resultados de un complot de los Estados Unidos e Israel, y aceptado conscientemente por la OLP de Arafat, al cual le declararon la guerra. De manera coincidente, los fundamentalistas de Tel-Aviv, organizados en la facción mesiánica de Gush Emunim enarbolaron el mismo argumento, que tales acuerdos significaban la “liquidación” de la nación.

Hamas desafió el liderazgo histórico de la OLP como “representante legítimo del pueblo palestino”, calificando a sus dirigentes de tragones de puerco y borrachos. Hamas se lanzó a una campaña de violencia contra la OLP, mutilando y achicharrando palestinos por “colaborar” con las negociaciones. En ese año de 1993, el sudanés Hassan Turabi logra un alto en esta guerra civil palestina, convenciendo a Hamas para que uniese fuerzas con la OLP. Un año después, los choques entre Hamas y la OLP se propagan en Gaza. En septiembre de 1995 Tel-Aviv se retira de las ciudades de la Cisjordania, y Arafat puede aplacar por el momento a los extremistas.

En un fallo estratégico, Israel dejó correr al fundamentalismo de Hamás porque cuestionaba el liderazgo de la OLP y de Arafat, sólo para verse al final como el blanco de sus extensos niveles de crueldad. Si las tácticas de la OLP eran homicidas, las de Hamás serían suicidas; si la violencia para la OLP era un método, para Hamás sería un fin. Precisado a pactar, pero al mismo tiempo aterrorizado ante Hamas, Arafat ha optado siempre por congelar cualquier negociación, con la certidumbre de que siempre habrá un nuevo día y una nueva oferta de paz, y esperando por que los desmanes de un Hamás romantizado en los cintillos de la prensa europea forzaran a que la Pax Americana redimiera sus irreales reclamos. Perpetuar tales marchas y contramarchas, para balancearse entre la conciencia panislámica y la opinión pública de Occidente, es reanudar una vieja historia de frustraciones: la de inmolar a la juventud palestina contra la engrasada maquinaria bélica israelí.

La retirada de Arafat de Camp David en el 2000 no logró que recuperase la calle, que ya estaba en manos de Hamas y la Jihad Islámica. Entonces no le quedó más remedio que mancomunarse con ambos, ofreciéndoles incluso integrar un gobierno palestino de “unidad nacional”. Su brazo armado (Al-Fatah) y Hamas se fundieron en un ejército clandestino, las Fuerzas Islámicas Nacionales. Al lanzar su segunda Intifada, Arafat rechazó las negociadas concesiones obtenidas por Washington de Tel-Aviv, y retornó a su familiar historia de maximalismo; su todo o nada responde a su inhabilidad de saber lo que puede o no obtenerse en un mundo de naciones, y su desconocimiento de la verdadera escala del poder en el planeta.

Nadie ha logrado explicar –ni los propios palestinos, los árabes, o los israelíes– cómo desde los horrores de Septiembre Negro hasta la actual ofensiva israelí en Gaza, la OLP ha podido sobrevivir a desastres tan terribles. Y ahora, mientras el dilema se ha internacionalizado y el de Israel se ha regionalizado, su incapacidad y no deseo de doblegar la facción terrorista de Hamas en Gaza y Cisjordania ha minado ante la opinión internacional su posición de interlocutor válido de todo el pueblo palestino.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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