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Héctor Maseda, hacia la luz del futuro cubano

Héctor Maseda, hacia la luz del futuro cubano

junio 03
17:18 2012

1-0_ambos_laura_masedaPara continuar nuestra serie sobre el futuro que aguarda a los cubanos, y gracias a la coordinación en Cuba del Dr. Darsi Ferrer, contamos en esta oportunidad con las respuestas de uno de los opositores más lúcidos con que cuenta la sociedad civil isleña, Héctor F. Maseda Gutiérrez, presidente del Partido Liberal de Cuba (PLC) y uno de los 75 prisioneros de la Primavera Negra de 2003 excarcelados en los últimos meses.

Maseda perdió recientemente a su esposa Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco fallecida en extrañas circunstancias.

Neo Club Press. ¿Qué posibilidades tiene una transición hacia el neocastrismo en Cuba, algo por el estilo del modelo chino, en la que participen la jerarquía de la Iglesia Católica, un sector del empresariado cubanoamericano, determinados académicos e intelectuales y el gobierno de los Castro, excluyendo a la oposición? En un escenario así, ¿concibe que estos actores podrían ignorar exitosamente a la oposición interna y al exilio anticastrista?

Héctor Maseda Gutiérrez. La pregunta que me propone encierra una verdadera ensalada en politología activa. Vayamos por partes.

Yo no concibo ninguna fórmula  para Cuba basada en la transición neocastrista cuya esencia consista en un modelo al estilo chino. Las condiciones entre ese país y el nuestro, en sus primeros cuarenta años de convulsión social y consolidación de sus respectivas tiranías mediante el empleo del Terrorismo de Estado y el control absoluto del pueblo, se movieron en direcciones opuestas, tanto por sus condiciones socio-económicas como culturales, históricas, psicológicas y sociológicas, entre otras. A pesar de que tanto los líderes asiáticos como los cubanos pretendieron similares resultados: imponer un régimen totalitario de ultraizquierda en sus respectivos países, pero por diferentes caminos.

Los líderes chinos  actuales y de la anterior generación han demostrado estar de acuerdo en reconocer la propiedad privada, la economía de mercado, respetar las leyes económicas; la libre competencia, reducir el desempleo, elevar la calidad de vida de sus ciudadanos y otras medidas en determinados niveles intermedios de la sociedad (provincias y regiones económicas) que garantizan un desarrollo social acelerado, gracias al acceso de capitales frescos y tecnologías de punta de origen foráneo si a éste le sumamos la mano de obra barata nacional. A pesar de mantener –al máximo nivel de dirección– un gobierno y partido únicos y una gestión multidireccional centralizada, podemos observar que los resultados no podrían ser otros que los logrados. Por otro lado, no olvidemos que a los inversionistas extranjeros les interesa el inmenso mercado de ese enorme país asiático. Constituye, desde todas las ópticas a tener en cuenta, un negocio redondo para ellos.

Los dirigentes cubanos, por su parte, faltos de sentido económico y de pocas luces, no están de acuerdo en seguir los pasos de sus colegas de ojos rasgados. Tampoco Cuba inspira la misma confianza que China a los inversionistas extranjeros, que temen arriesgar sus capitales en el microscópico mercado cubano por las decisiones absurdas que puedan adoptar los Castro en un momento dado, como ya han hecho en diferentes oportunidades. Pasemos a la otra parte de la pregunta.

Tampoco considero que la jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba se proponga y menos acepte integrarse a un programa de corte netamente político con participación gubernamental, lo que llevaría implícito abandonar la línea universalmente trazada por el Estado Vaticano, basada en su Doctrina Social y otros dogmas clásicos esgrimidos a través de los siglos. Actuar de esa manera estaría fuera de las fronteras, intereses y línea de conducta a seguir que, con toda seguridad, le fueron indicadas por el Santo Padre al Cardenal Jaime Ortega Alamino y al resto de los obispos católicos cubanos.

Pero también considero que los Castro no le concederían ese rol a la Iglesia Católica a través de Su Eminencia Ortega. Los tiranos utilizan a quienes, al menos en apariencia, se les someten en un momento dado, por resultarles de utilidad, pero luego los desprecian. Es cierto que la Iglesia Católica asumió un papel de mediador entre la oposición política y el gobierno cubano, pero seguro estoy no se produjo por iniciativa de la jerarquía católica, sino de los Castro. También es verdad que no fueron los únicos. Las Damas de Blanco (LDB), con su sacrificio diario frente a los tratos crueles, inhumanos y degradantes a que fueron sometidas por la policía política, las huelgas de hambre realizadas por Zapata (que le costó la vida) y Fariñas (que por poco la pierde), fueron hechos y circunstancias que los convirtieron en los verdaderos héroes de esas jornadas inolvidables. Claro que solamente les permitieron a representantes de la Iglesia mediar con el Estado cubano.  Su Eminencia resultó el símbolo  utilizado por los dueños del poder absoluto, en un inédito proceso de excarcelación,  acompañado  del destierro de los prisioneros de la “Primavera Negra” (la otra opción que jamás dejó de existir, era mantenerse en prisión hasta el final de la condena) que en junio/2010 aún permanecíamos en prisión. Este proceso fue apoyado por el gobierno español de Zapatero (PSOE). Pero los pasos dados por las autoridades eclesiásticas con posterioridad demuestran que no sólo fueron mediadores, sino que se convirtieron, conscientes o no, en voceros indirectos del régimen. Indudablemente un triste e infeliz  desempeño.

Por supuesto que nuestro Cardenal ha tratado de mejorar la pésima imagen del régimen cubano a nivel internacional y, a no dudar, supongo se le impusieron algunas tareas. Eran los compromisos complementarios que seguramente asumió con las autoridades cubanas: 1ro) negociar y encontrar puntos de coincidencia económica con algunos intereses empresariales cubanoamericanos de grupos seleccionados por los hermanos Fidel y Raúl; 2do) presionar de alguna manera para viabilizar la liberación de Gross a cambio del indulto de los cinco espías que dirigían la red conocida por “Avispa” y que, durante años, obtuvo información confidencial en los Estados Unidos, para entregársela a los servicios de inteligencia cubanos; 3ro) Su Eminencia ha apoyado, de cierta manera, los llamados “Lineamientos Económicos” gubernamentales; 4to) se prestó para oficiar la misa en la que rogó por la mejoría de la salud de tiranos como Hugo Chávez y Fidel Castro; 5to) justificó, alterando la verdad,  las razones por las que autorizó a la policía política cubana a expulsar a 13 opositores políticos que ocuparon un templo religioso, y los acusó públicamente de delincuentes y psicóticos, e hirió profundamente los sentimientos de cubanía que presidieron ese acto de propuesta y reclamo social de sus protagonistas; 6to) durante la reciente visita a la Universidad de Harvard, molestó con sus pronunciamientos a la oposición política cubana radicada en Cuba y otras latitudes geográficas; y 7mo) como colofón, debemos señalar su negativa reiterada a entrevistarse personalmente con las Damas de Blanco y escuchar sus justas demandas en favor de la liberación de los presos políticos pacíficos y ante los tratos crueles, inhumanos y degradantes a que son sometidas periódicamente por las altas esferas del gobierno y su policía política.

El Cardenal, al parecer, está dispuesto a estos y otros sacrificios mayores para mejorar la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad cubana.

Ignoro si esta  conducta suya parte de su iniciativa personal o son orientaciones del Vaticano, pero seguro estoy que jamás se integraría –como parte– en un proceso de transición política en Cuba. Sería el mayor de sus errores.

Sí es posible que los Castro favorezcan la creación de una coalición (cuando no les quede más remedio) integrada por la nomenclatura gubernamental menos contaminada, unida al capital fresco que aportarían  empresarios cubanoamericanos ya elegidos por el gobernante cubano de turno y que, al mismo tiempo, pudieran servir de gancho para atraer a otros desconfiados inversionistas foráneos que aún no se deciden a arriesgar sus recursos en Cuba, así como sumar a su rejuego algún que otro círculo limitado de científicos e intelectuales del país y hasta del exilio.

Excluir a la oposición política de cualquier maniobra gubernamental no sería de gran complejidad para las autoridades cubanas. La desunión existente entre varios de los grandes líderes de la disidencia política, así como el protagonismo y la corrupción que también se hacen sentir ocasionalmente entre ellos, impiden que la oposición logre consolidarse como una fuerza política a tener en cuenta. Con profundo dolor expongo esta última opinión, pero es lo que realmente pienso por las experiencias que he sufrido reiteradamente luego de mantenerme en esta lucha durante los últimos 20 años, las 24 horas del día.

El exilio anticastrista percibo –aunque no tengo todos los elementos de juicio para emitir criterios– que tiene también sus divisiones internas pero, salvo algunos grupos, con honestidad siente (a pesar de los años de separación y la falta de comunicación real con los cubanos de acá)  un patriotismo sano y rebelde, que lo consume emocionalmente, y no aceptaría ningún rejuego político dirigido abierta o solapadamente por los Castro.

NCP. Se dice que en una eventual reforma migratoria el régimen continuaría impidiendo la salida y entrada al país de cubanos que disienten o se oponen al castrismo, como forma de control y chantaje. ¿Cuán lejos espera que llegue la reforma migratoria en Cuba en caso de ser implementada?

HMG. Las reformas migratorias, si se muestran inteligentes los gobernantes cubanos, ya son impostergables. Tiempo más, tiempo menos, tendrán que legislarlas y concederlas. Pero el quid del asunto no está en otorgarlas o no, sino en el cómo. Sobre esta última cuestión le diré que no todos los cubanos tendrán derecho legal a emigrar sin antes pasar por varias vicisitudes y sacrificios insalvables. Seguro estoy que los profesionales deberán aceptar demoras (que se traducirán en años de servicios obligatorios en el país o fuera de éste, en parajes distantes y en pésimas condiciones). Cuando les autorice el gobierno la salida, tendrán que desembolsar sumas apreciables al Estado cubano para que el exilio se convierta en otro negocio gubernamental lucrativo. Estimo que requisitos y trabas especiales se les impondrá  a los cubanos vinculados a la salud pública, por ser ésta una de las mayores y sólidas fuentes de ingreso en moneda fuerte para las arcas de los Castro, en equilibrio con el turismo, la bioingeniería, la genética y la farmacología. Los Castro no abandonan ningún negocio voluntariamente, y menos si es de los pocos en que les ha ido bien. Pero la Salud y los demás sectores arriba mencionados no serán los únicos que tendrán limitaciones especiales. Pienso que los especialistas en informática, mercadeo, economistas de nuevo tipo y otras disciplinas, sufrirán similares limitaciones.

Con relación a la disidencia política interna, dependerá del análisis puntual del gobierno. De aquellos disidentes que les creen problemas en Cuba tratarán de salir. Los demás permanecerán confinados dentro de la “Gran Cortina de Bagazo” en que se ha convertido el archipiélago cubano.

El resto de las personas pertenecientes a los sectores productivos y generadores de servicios especializados (la educación, la cultura, los deportes… por señalar algunos ejemplos adicionales) tendrán mayores libertades, pero siempre bajo el prisma de una especie de  manumisión (acción de pagar la liberación de un esclavo) al “esclavista” moderno: El Estado. Esta es la situación real.

NCP. La jerarquía de la Iglesia católica cubana ha asumido públicamente su protagonismo en un inédito acercamiento con las autoridades del régimen, llegando a intermediar en el proceso de excarcelamiento y destierro de los presos de la Primavera Negra de Cuba, con el acompañamiento del anterior gobierno español, además de interceder frente a las autoridades de la Isla para poner fin a las agresiones contra Las Damas de Blanco. ¿Cuál es su consideración acerca del rol que está desempeñando la Iglesia Católica en el contexto nacional actual?

HMG. Un elevado por ciento del contenido de esta pregunta (yo diría que alrededor del 85-90%) la respondí al principio. Tocaré sin embargo, puntualmente, algunas declaraciones y porcientos dados por la Iglesia Católica acerca de su influencia en la sociedad cubana, que por supuesto, no responden totalmente a la realidad.

En una reunión que sostuvo un vocero oficial católico con algunos miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba,  pertenecientes a países miembros de la Unión Europea, afirmó que alrededor del 30% de la población cubana era católica. Cuando uno de los diplomáticos presentes en el encuentro le preguntó cómo habían obtenido esa información, respondió el aludido –quizás para salir de un situación incómoda– que por los controles de los bautizos realizados a los nacionales recién nacidos. Por esos días y en declaraciones públicas del Vaticano relanzadas por las autoridades cubanas en sus medios oficiales, el vocero de la Santa Sede afirmó que poco más del 60% de nuestra población era de formación o fuerte tendencia católica. Ambas declaraciones se realizaron poco antes de la llegada del Santo Padre a nuestro país. Detengámonos y analicemos sus respuestas. ¿Cuántos niños que se bautizan no en Cuba, sino en todo el mundo, al llegar a la adolescencia, o antes, dejan de guiar sus vidas por la enseñanza y principios de las comunidades religiosas y asumen otros caminos, sin que se excluya que caigan en la delincuencia juvenil, la drogadicción, la desviación sexual o la prostitución, entre varias otras opciones? Pero sobre todo existe esa posibilidad en nuestro país, donde la influencia de los padres sobre los hijos es mínima por ser la educación manipulada ideológicamente por el Estado, sin que se observe un patrón de conducta ético-moral apolítico como rasero formador.

A mi juicio fue una respuesta poco seria y no se ajusta a la realidad. Más aceptable hubiera sido que apoyarán sus estadísticas en los controles que existen en las actuales comunidades religiosas, que sí están bajo la esfera de influencia católica. Ésta se encuentra activa en ese medio y  cuenta, entre sus filas, con personas en la tercera edad, adultos y jóvenes formados moral, social y psicológicamente, quienes difícilmente abandonarían esa línea cuasi mística de conducta, aunque también tienen entre sus adeptos niños y adolescentes entre 14 y 17 años que pudieran tomar cualquier otro camino no tan ejemplar en un futuro más o menos próximo. De todas maneras, las estadísticas serían más cercanas a la verdad, porque éstos últimos afectarían un bajo por ciento.

Pero lo cierto es que no basta dar como ciertas las anteriores cifras ofrecidas por una sola fuente, la católica. Consideremos además la suministrada por los religiosos sincréticos (babalawos, paleros, santeros y espiritistas), quienes han afirmado en declaraciones públicas que más del 60% de la población nacional responde a una de esas tendencias religiosas. ¿Quién tiene la verdad en sus manos? Yo considero que ninguna de las representaciones religiosas antes citadas. Estimo, además, que ambas expresan en estas declaraciones oficiales, más que una realidad, el inmenso deseo de influir verdadera y favorablemente en la ciudadanía y que, finalmente, ésta se incline a favor de su particular práctica.

NCP. Se ha sugerido que unas elecciones internas de la oposición en Cuba serían muy útiles para presentar una unión opositora con un líder representativo al frente, algo distinto a la dispersión que se observa hoy. Sucedió recientemente en Venezuela, donde las fuerzas de la oposición realizaron elecciones primarias y eligieron un candidato único para pugnar contra Hugo Chávez en las próximas presidenciales. ¿Opina que en Cuba sería posible repetir ese esquema?

HMG. Como posibilidad, por supuesto que existe. Pero las condiciones que prevalecen en ambos países son diferentes. Al menos en el presente. Veamos algunas de ellas.

1ro) En Venezuela existe el pluripartidismo, elecciones periódicas y se acepta la presencia de candidatos de diferentes partidos con programas de gobiernos distintos; así como se respeta la posibilidad de que cada candidato a la presidencia de la República (en este caso Hugo Chávez y Henrique Capriles) realicen la promoción pública ante los electores de cuál será su programa de gobierno de salir electos en el sufragio electoral. En Cuba nada de esto existe: No hay pluripartidismo, las elecciones son escalonadas y cuando se llega a los niveles de delegados municipales, representativos del Poder Popular (no para optar por la presidencia de la República en ninguna de las instancias de base o intermedias), esta elección la realizan los diputados nacionales que resultan ratificados. Claro que todos pertenecen al Partido Comunista de Cuba, y excepcionalmente, si no lo son, responden al mismo discurso emanado del PCC,  de su Buró Político y su Comité Central. Tampoco se permiten diferentes programas de gobierno  en cada instancia intermedia que no respondan al modelo representado por los Castro a nivel de nación y su nomenclatura dirigente, porque no están facultados para hacerlo. La promoción de los candidatos como delegados se reduce a una fotografía de cada uno y su síntesis biográfica, según la etapa de que se trate: en su circunscripción, municipio, provincia y finalmente nación (esta última elige a los delegados para la Asamblea Nacional del Poder Popular). Posteriormente, serán los diputados elegidos quienes designarán al Jefe de Estado y de Gobierno, siempre respondiendo a los intereses del único partido político: el de los Castro.

2do) Recordemos la situación que impera en Cuba entre varios líderes de la oposición política pacífica. Los que ya están no le conceden espacio a las nuevas generaciones. El falso liderazgo campea por sus respetos y la corrupción también está presente en estos niveles, aunque en casos puntuales, por suerte para nosotros.

3ro) Para los Castro, una dirección de combate contra la oposición política pacífica ha sido, es  y será hacer todo lo posible y emplear cuantos recursos sean necesarios con tal de impedir que ésta llegue a unirse. Para ello emplea todos los medios de desinformación posibles: levanta calumnias y lanza versiones falsas para  enfrentar a unos contra los otros, penetra con sus agentes policiales encubiertos y confidentes la base de los partidos y movimientos políticos opositores, de la naciente sociedad civil y de los sindicatos independientes. Les cuelga el cartelito, a unos y a otros, de ser agentes o soplones de la policía política cuando no es verdad, y los protege de ser ciertas tales versiones. Y como éstas hay muchas otras modalidades que guardan los gobernantes en sus respectivas “cajas de Pandora”. Esta estrategia ha logrado abortar varios intentos unitarios de la disidencia política. Ejemplos sobran: “Concilio Cubano”, “Todos Unidos”, “La Agenda para la Sociedad Civil”, “El Proyecto Varela” (éste último se limitaba a una consulta al pueblo, o referendo, para exigirle a la Asamblea Nacional del Poder Popular que modificara la Constitución  vigente en el país e introdujera cambios en su articulado con el objetivo de llevar adelante un proceso de elecciones libres, pluripartidistas y transparentes, así como las transformaciones que permitirían establecer la democracia en Cuba, presidida por un Estado de Derecho y apoyada por la población).  Estos sólo son algunos de los métodos desinformativos que emplea para combatirnos. Explota nuestra idiosincrasia para que nos devoremos mutuamente y nosotros, por regla general, como resultado de cierta falta de experiencia como líderes, inocencia ideológica, reservas personales de unos con otros –o por el extremismo vulgar y autosuficiente que dicta “se está conmigo o contra mí”–, le seguimos el juego y, de ese modo, generalmente, perdemos combates que debíamos haber ganado.

4to) Pero cuando un opositor se destaca por su honestidad, inteligencia, dedicación a la causa, trabajo sincero que avanza y no se deja confundir, entonces las autoridades cubanas lo neutralizan mediante provocaciones o creándole una causa judicial, y lo envían a prisión  por medio de un proceso amañado.

5to) La doble moral que existe en el comportamiento de la inmensa mayoría del pueblo, que le impide actuar públicamente en contra de los que ostentan el poder político. Amén de que son estos últimos los únicos empleadores en un 85-90% a nivel nacional.

Por todas estas razones no creo posible que se repita en Cuba el mismo esquema que en Venezuela.

NCP. Recientemente se han observado importantes diferencias de opinión entre los blogueros oficialistas respecto a las limitaciones de acceso a la Red en Cuba y el impacto de estas modernas tecnologías en la realidad nacional. En el corto o mediano plazo, ¿constituirá Internet un factor significativo en una eventual desaparición del sistema vigente?

HMG. Por supuesto que el acceso a la Red de Redes (Internet) para todos los cubanos, sin excepción, sería un golpe de gracia al modelo de gobierno totalitario impuesto por los Castro en Cuba y le crearía a éste varios y nuevos frentes de confrontación con su ciudadanía. Estar informados es equivalente a disfrutar de un poder real importantísimo en las decisiones que deben asumir los pueblos. Esto significa que el futuro inmediato de Cuba (a pesar de los escollos y sacrificios que estamos y estaremos obligados a enfrentar en el futuro), de cumplirse esas condiciones y adquirir semejante poder informativo, será dirigido por la voluntad popular y los gobernantes elegidos se convertirán en servidores de quienes los designaron como sus representantes.

No entraré a discutir los diferentes puntos de vista que pueden tener los blogueros oficialistas. En realidad, sus opiniones son parcializadas y favorables a quienes detentan el poder en la Cuba actual. Esa condición les resta seriedad e imparcialidad en la emisión de sus puntos de vista. Yo no los considero fuentes informativas confiables.

Ahora bien, lo cierto es que tener la posibilidad de consultar Internet abriría nuevos y superiores campos del conocimiento humano. Disponer de ese medio informativo dispararía la iniciativa, creatividad e inteligencia de los que piensan bien, con los pies sobre la tierra y el corazón en el futuro de su patria.

Deseo plasmar un comentario que ya es del dominio público. En medios oficiales y por diferentes fuentes de la empresa gubernamental ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.) que no desean ser identificadas, se insiste que en breve el gobierno instrumentará mecanismos para permitir el acceso a Internet a los ciudadanos cubanos residentes en el país, sin excepción. Hasta aquí la noticia puede considerarse buena, si respondiera a la realidad. Pero… viene acompañada de una coletilla, según las mismas fuentes: Los costos para recibir esos servicios, de llevarse a vías de hecho, serán millonarios. Al punto que hará imposible para el 95-98% de los cubanos de a pie disfrutar de las ventajas que ofrece tan novedosa tecnología. En Cuba, desde hace algunos años, las tiendas recolectoras de divisas ofertan variados artículos electrodomésticos y otros que hacen la vida más placentera. Son de libre adquisición… ¡pero a qué precios! Es la bochornosa filosofía gubernamental del “puedes mirarlos, pero no podrás comprarlos”.

NCP. ¿Cree que el totalitarismo dejará un lastre insalvable a la hora de reconstruir, de modo progresivo y firme, una Cuba libre, democrática y próspera? ¿Cuáles desafíos imagina serán los más importantes a enfrentar? ¿Qué impacto geopolítico, económico y social tendrá esa Cuba futura en las naciones de la región?

HMG. El postotalitarismo dejará un vacío momentáneo amplio, complejo y con variados orígenes en la vida cotidiana de la sociedad cubana. La Cuba que deseamos crear requerirá esfuerzos y sacrificios titánicos en el camino hacia el encuentro de la democracia, la reestructuración de la sociedad y a la hora de sentar las bases para la reformulación de un Estado de Derecho, restablecer la armonía pueblo-gobierno y la felicidad ciudadana. Cumplimentar lo anterior requerirá enfrentar situaciones complicadas y riesgos en principio muy difíciles o casi imposibles de sortear. Sobre todo económicos, ético-morales, geopolíticos (éstos por la decisión futura de ganarnos un nuevo espacio en el mundo actual en todos los órdenes, donde debamos y tengamos –por derecho– que ocupar el lugar que nos reserva la Historia, y que aún está por escribirse) y de proyección social. Esta realidad no es ni desconocida ni evitable, pero tenemos que aceptar los retos que nos impone la multilateralidad económica, política y social presente. Cuba, por desgracia, se encuentra con respecto al primer mundo desarrollado por lo menos con un siglo de atraso, y para salvar esta barrera tendrá que avanzar con pasos de gigante y aceleradamente.

Por otro lado, la experiencia vivida por los países  de Europa del Este, que hace unas pocas décadas se sacudieron el yugo opresor, así lo demuestra. Pero es superable. La reconstrucción es real y alcanzable. Es una realidad innegable ante cualquier meta valiosa que nos propongamos obtener. Nos costará cara, muy cara y requerirá el esfuerzo y sacrificio de todos los cubanos. Los desafíos se producirán en todos los órdenes, como ya señalamos. En algunos casos los cambios serán traumáticos, pero no deben preocuparnos y, si esto ocurre, tendremos que mirar hacia adelante, fijarnos en los buenos ejemplos que provienen de las sociedades que eligieron cambiar (la Europa del Este y también la ex URSS) y que marcaron el camino a seguir: Continuar hacia la luz del futuro que deseamos, con bríos renovados. Pero, sobre todo, con fe en el mañana y en nuestra ciudadanía.

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