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Hija de Eva

Hija de Eva
junio 26
13:40 2016

 

Cuando María Elena Cruz Varela expresó a The New York Times, en 1994, “soy una balsera que se ahogó en tierra”, resumía el sentir de miles de cubanos que tras décadas de una fallida revolución enunciada con todos y para el bien de todos entendían que era sólo una balsa improbable en medio del océano, en espera de un inevitable naufragio.

La poesía, el tiempo, la cárcel y el exilio le dieron la razón. Cuba hace aguas por todas partes. Los millones de náufragos de arena caminan como zombis bajo el sol, mientras aguardan poder cruzar por sobre el mar. Las marejadas políticas, los vientos ideológicos y la falta de brújula la impulsan contra los arrecifes de una utopía que ni el más avezado timonel puede salvar. Marineros en tierra, grumetes de solar, sueñan con huir del país.

Afuera está lloviendo

Desde su poemario Afuera está lloviendo (1987), María Elena Cruz Varela denota ese caudal lírico acrisolado de imágenes certeras, metáforas suntuosas en su equilibrio métrico y su ritmo interior, que fluyen como ríos sobre temas abruptos, sosegados o íntimos, y van camino al mar de la sensibilidad humana en versos de elevado valor.

Ya en el poema Fuera del paraíso, se puede ver esa mirada irreverente, desmitificadora del entorno social y de sus dogmas, que desde un contrapunteo crítico devela en su hondura la otra cara de la realidad, al escribir: “Y era mentira. / Indefensa mentira de cobardes. / Ni siquiera verdad pintarrajeada/ epitafio de vieja prostituta / (…) Era mentira / piadosa / ficción para el agonizante / que dijéramos mar / y saltaran los peces”.

En Ni penas ni olvidos, se acrecienta el sentir del fracaso individual y colectivo, se activan las alarmas de la desesperanza y es entonces que brotan esos versos con filos que aseguran: “Esperaba razones poderosas / que aparecieran pidiendo sus servicios / llorando sus torpezas / su humanidad cetácea verdinegra / y no inspiró ni lástima / Nueve veces se aproximó a la orilla / y regresó hacia el fondo (…)”.

Más adelante, en Abajo era la vida, el desencanto se enseñorea del poema que, hurgando en las entrañas de la realidad, le canta sus desastres en tono de que ya no existe regreso: “Ya no quedan más hojas en que darnos / si no ésta comunión / gélida / desamparada / unida a las más claras estaciones. / Ya no quedan más que buques de papel a la deriva. / Remover los escombros / no es una solución contra el desastre”.

Según el escritor y ensayista Juan F. Benemelis, este “poemario se funda en el temor y temblor, en la angustia, en el remordimiento perpetuo de nunca ser bastante lo que quería ser. Quizás una conquista de la reflexión. O la irreflexión de lo inmediato”, una especie de ejercicio catártico, un ritual de exorcismo contra los maleficios de la nación.

Por eso no es extraño sentir esos latidos de angustia que cruzan el poema Se fue tu compañero: (…) El ya no más   no más   no más / delimita la burla del silencio / y sólo riesgos hoy en la hojarasca / y sólo asombro al recoger el eco / y sólo brutalmente en la página en blanco. / Se fue tu compañero / y no sabemos dónde se llenará de helechos”.

El ángel agotado

Luego de las experiencias vitales de angustia, remordimiento, de temor y temblor que muestra María Elena Cruz Varela en su poemario Afuera está lloviendo, escribió Hija de Eva, Premio Nacional de Poesía Julián del Casal (1989), que otorga la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (Uneac) y que, sin embargo, dos años después sería proscrito y su autora vilipendiada por liderar el grupo disidente Criterio Alternativo.

Al firmar junto a otros intelectuales la denominada “Carta de los Diez” (31 de mayo de 1991), que pedía transformaciones al régimen cubano, se desató una campaña de descrédito contra la galardonada poeta, y el 19 de noviembre de ese mismo año fue golpeada por turbas gubernamentales, encarcelada, y el día 27, tras juicio sumarísimo, condenada a dos años de prisión junto a otros tres integrantes de su proyecto político.

De ahí que su poemario tenga un tono distinto, desafiante a veces; otras escéptico, siempre revelador de una violencia física y espiritual sufrida que, no obstante, no varió su estilo, mermó su alcance imaginativo ni desaló a ese Ángel agotado que voló desde Cuba hacia el exilio con la mirada firme de quien cumplió su misión aquí en la tierra.

En textos como Poema del hondero, esa convicción y resistencia a no detener el vuelo se afianza y multiplica cuando dice: “Estoy lanzando piedras contra la oreja sorda / (…) Estoy lanzando piedras: soy la loca del parque. / Soy el tonto decrépito que yace en la colina. / Soy la canción fatal de Eleanor Rigby. / Y soy la antología de los que mueren solos. / Sin traspasar el túnel. / Sigo lanzando piedras. / Estoy cansada y sigo”.

Y el poema concluye con versos desafiantes como estos: “Le digo que me espere. / No es hora de morir a la sombra marchita de los álamos. / No resisto esta paz de abrevadero. /Ni la culpa redonda pendiente del manzano. / Ni la flecha buscando su centro en mi cabeza. / Estoy lanzando piedras. /Quizás encuentre ecos. / O las devore el fondo”.

En otros poemas de El ángel agotado, como El circo, la parodia de la realidad cubana es un fino sonido de violín salido de unas cuerdas frotadas con cuchillos: “Pasen, señores, pasen. / No se detengan. / Sigan. / Verán como transmuto en oro sus cristales. / Y travestí del odio daré los puntapiés con alegría. / Juro solemnemente no serán dolorosos”.

Ya en Despedida del ángel todo el dolor, las frustraciones y las cenizas de un sueño preterido por María Elena Cruz Varela se elevan y caen como serpentinas sobre una multitud humana indiferente, pasiva, que mira desde el estrado pasar los cadáveres insepultos de sus ídolos, sin siquiera un aplauso, una lágrima o un grito de rebeldía:

“Enfermo de traición. / De realidad. / Contemplo desde lejos la intensa llamarada de las naves. / Todo lo limpia el fuego. / Todo lo purifica. Un alarido grave sujeto a la garganta. / (…) Me robaron las notas del Canto a la Alegría. / Si soy hombre. / O mujer. Ya no me importa. / Tampoco ser un ángel. / Me acuchillan la fe / Me acuchillan la carne. / Se reparten las sobras del festín de palabras”. Y concluye el poema:

Sólo tuve palabras.

Para nombrar dolores.  Para nombrar los males.

Y palabras de amor que

magnifican. Qué caro cuesta todo.

Qué caro cobran todos los ritos celestiales.

Enfermo de traición el ángel se despide.

La realidad comienza a destruirse

en la siniestra pira de sus naves.

Por eso y tanto más, hablar de la obra poética de María Elena Cruz Varela sería interminable. La lucidez, el brillo, su registro real e imaginativo, sus vivencias, el recorrido amplio por todos los rincones de la vida, la convierten en un referente ético, beligerante y transformador en la historia de la literatura cubana de todos los tiempos.

No por gusto la poeta norteamericana Debora Diggs asegura que “los poemas de María Cruz Varela desafían la genial gravedad de los ríos, al igual que los de Yeats y Walt Whitman. En una lírica que trasciende el tiempo presente y que nada debe a la historia”.

No es gratuito que diga: “María Elena Cruz Varela, por sus imágenes, visiones, voces y lenguaje, por la calidad de sus ecos pertenece a los eclécticos, a los universales, a los legendarios: a Dickinson, a la Atmátova, a Leví y Celan y, en especial, como su precedente, a la inmensidad de la Tsvetaeva”.

Poesía inasible por su suavidad y alcance polisémico, que se vuelve caricia y estremece, o dardo que aniquila, o ese sueño feraz de ver la vida tal cual es. Versos únicos, inimitables, mágicamente ciertos en su original visión y su devenir sonoro que hacen de la poética, la actitud y la vida de María Elena Cruz Varela esa voz que titila con luz propia en el cenit de las letras hispanoamericanas y anglosajonas.

Autora de múltiples poemarios, testimonios y novelas premiadas, y galardonada por prestigiosas instituciones políticas y culturales alrededor del mundo, María Elena Cruz Varela, ese “ángel agotado” por la vida, puede posar sus alas sobre este Puente de Letras que tiende desde Cuba y Miami un grupo de escritores que la sigue y admira. Clic sobre el siguiente enlace para leer el Dossier completo: https://en.calameo.com/read/004629645a9ac1c00b660

Sobre el autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez (Bayamo, 1957), escritor, guionista y crítico literario, es vicepresidente del Club de Escritores de Cuba, director de la revista Puente de Letras y uno de los periodistas independientes cubanos de más largo recorrido. En Cuba su poemario “Puntos de vista” alcanzó el Primer Premio en el concurso Mangle, con derecho a publicación, pero por razones ideológicas no fue publicado. Por igual causa su novela “Operación Caldosa” y los libros de relatos “Canción de los olvidados” y “Pasaporte para las estrellas” fueron retirados de la editorial Letras Cubanas. Ha publicado "Café sin Heydi frente al mar" (poesía) y "Revolución a la carta" (crónicas), ambos con Neo Club Ediciones (vicmadomingues55@gmail.com).

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2 comentarios

  1. Francisco Escobar
    Francisco Escobar julio 05, 09:19

    La poesia de Maria Elena a medida que pasa el tiempo va penetrando en la carne y la sangre de nuestro pueblo…como Mikiewicz se convierte en el himno sordo pero profundo que vibra en las entranas de nuestra autoconciencia nacional….solo no entiendo por que se habla de remordimiento porque si alguien no tiene ningun remormiento es ese espiritu libre que como Marti no solo le puso su poesia sino tambien su propia vida a favor de la libertad de su patria y salvo ella sola en medio dr sus despojos la dignidad del arte en un pais donde la poesia el arte el pensamiento ultimamente ha sido el ultimo tefugio de cobardes y oportunistas

    Reply to this comment
  2. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías julio 15, 23:30

    Excelente, estoy de acuerdo con el artículo de Víctor y con los comentarios que se han hecho aquí. María Elena Cruz Varela es una gran mujer que lo dio todo en su momento en Cuba. No solo es una muy buena escritora, sino además es una gente transparente y una ferviente luchadora por las causas de los derechos humanos y, en general, de los valores humanos. Gracias a Víctor Manuel por este artículo tan necesario.

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