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Hispanoamérica y la cultura del acatamiento

Hispanoamérica y la cultura del acatamiento

Hispanoamérica y la cultura del acatamiento
Octubre 01
05:31 2014

Tres siglos y medio antes de Cristo, Aristóteles escribió que las mujeres tenían una costilla más y dos dientes menos que los hombres, y dos mil años después ese evidente disparate se continuaba repitiendo. Pero lo grave es que en España y en Hispanoamérica ni siquiera bastó que Vesalio estableciera la igualdad ósea de los bípedos de ambos sexos. Un siglo después del riguroso conteo de dientes y costillas los hispanoparlantes insistíamos en el error del griego por temor a contradecir a las autoridades. Los maestros, imperturbables, continuaban dictando sus lecciones escolásticas.

Ese es el espíritu de nuestra enseñanza y esa la actitud de nuestro aprendizaje. Nada se cuestiona, nada se duda. Un pobre hombre, conocido por catedrático, dedicado al extraño oficio de repetir en voz alta lo que puede leerse en cualquier libro, se encarama en un podio y dicta su lección magistral. Los estudiantes copian y luego memorizan. No existe en nuestra cultura la urgencia de la indagación inteligente. Respondiendo a un infeliz origen religioso todo se nos vuelve culto y letanía, palabras repetidas ad infinitum que acaban por perder cualquier significación. Todo es bárbara y celare, como todo es Binomio de Newton y geometría euclidiana. Todo es memoria, no inteligencia. Repetición, no innovación. Somos culturalmente incapaces de revisar la información que se nos brinda, alterarla o desecharla, y luego devolverla al mundo modificada.

Una versión más amplia de este artículo apareció en el libro “De la literatura considerada como una forma de urticaria”, publicado en Madrid en 1980.

Sostenemos la superstición de que aprender es el objeto de la cultura, sin darnos cuenta que de lo que se trata es de crear. La cultura es el resultado de la rebelión, no del acatamiento.

Somos víctimas de unos hábitos mentales nefastos. La infalibilidad es de los peores: La infalibilidad del superior jerárquico, la infalibilidad del libro, del padre, del marido, del gobernante. La nuestra es una cultura de gentes infalibles. Una vez que nos atrincheramos en ciertas ideas mal adquiridas, a duras penas somos capaces de rectificar el rumbo. Por eso respondemos a patadas cuando no contamos con ideas. La humildad intelectual –y cualquier humildad– no es una virtud en nuestra extraña cultura de caballeros altaneros. Pertenecemos a una triste estirpe que prefiere la estupidez de “sostenella” antes que “enmendalla”. Esa actitud es una infranqueable barrera para la creación cultural. Esa actitud de hidalgos incorregibles nos impulsa a rechazar los hechos cuando no se verifican con nuestros prejuicios. Esa actitud nos impide ejercer la saludable autocrítica.

Quien contradice entre nosotros, automáticamente es calificado de traidor, de descastado, de enemigo de la patria (de la madre y de las hijas). No hay derecho –afirman– a herir el amor propio de los pueblos. ¿Y qué si ese amor propio está fundado en una monumental tergiversación de los hechos?

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http://www.elblogdemontaner.com/

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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