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Historia de una pasión cortesana

Historia de una pasión cortesana

Historia de una pasión cortesana
Junio 20
11:42 2017

En artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, ‘El periodista que buscó el poder’, Tomás Eloy Martínez sostiene que ese muestrario de contradicciones que fue Jacobo Timerman “buscó el poder, lo aduló, se alió con él, pero nunca le fue sumiso”. De Gabriel García Márquez puede decirse otro tanto, menos lo último.

A muchos nos intriga que García Márquez asuma gustosamente, como un privilegio, las faenas de escriba y recadero de un déspota que arrastra una historia pavorosa de delitos y delirios. Para encontrar las razones o sinrazones de esta disfunción moral, el profesor Ángel Esteban, de la Universidad de Granada, y la investigadora belga Stéphanie Panichelli se dedicaron a hacer una meticulosa pesquisa, cuyo resultado ha sido la historia de una pasión cortesana.

Que esa pasión ha resultado más fácil de historiar que de explicar es lo primero que advertimos en Gabo y Fidel, paisaje de una amistad.

Singulariza las relaciones entre García Márquez y Fidel Castro la amistad íntima que los uniera desde hace un cuarto de siglo, tanto más rara cuanto que el dictador, según lo que se sabe, no ha profesado una amistad semejante a ningún otro intelectual, ni cubano ni extranjero. El enigma que Esteban y Panichelli han intentado desvelar a lo largo de las trescientas y tantas páginas de su libro –con las que han incrementado nuestra perplejidad– radica en estas preguntas que tantos nos hacemos: ¿cómo puede García Márquez ser amigo entrañable de Fidel Castro, al extremo de haberse convertido en impúdico falsificador de la realidad cubana, propagandista del dictador y agente diplomático de éste para misiones especiales? y ¿por qué Fidel Castro, un hombre que no cree en la amistad y que ha dado múltiples pruebas de despreciar a los intelectuales, no oculta su devoción por García Márquez, al extremo de concederle privilegios y prebendas, más que irritantes en un país plagado de carencias?

En un texto citado por Esteban y Panichelli, García Márquez afirma: “Mucha gente tiene dificultades en creer que mi amistad con Fidel Castro se basa casi por completo en nuestro común interés por la literatura”. Y más adelante añade:

“En cierta ocasión, no sin cierto aire de melancolía, [Castro] me dijo: En mi próxima reencarnación yo quiero ser escritor”. Quizás lo que anime la estrecha relación entre el dictador que quiere ser escritor y el escritor seducido por el poder sea un intercambio de ilusiones. Dicho de otro modo: el deseo de ambos de “vivir” la experiencia del otro.

Por supuesto, Castro tiene otras querencias menos espirituales a cuya satisfacción se entrega su gran amigo. En Gabo y Fidel… se cuenta que Raúl Castro le dijo a un ministro soviético, refiriéndose al sonriente hijo de Aracataca: “por fortuna no es comunista, porque si lo fuera no nos sería tan útil”. Lo mismo pudo haber dicho Goebbels de Leni Riefenstahl, quien se murió negando haber sido nazi.

Lo históricamente trascendente no es, en fin de cuentas, con quién un creador importante intercambia libros y sale de pesca, sino a quién le es útil y para qué. Y esto, en el caso del creador de Macondo, queda claro en Gabo y Fidel, paisaje de una amistad: le es útil a un dictador para defender su dictadura.

Texto originalmente publicado en el año 2004. https://diazmartinez.wordpress.com/

 

Sobre el autor

Manuel Díaz Martínez

Manuel Díaz Martínez

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936). Poeta y periodista. Fue primer secretario y consejero cultural de la embajada cubana en Bulgaria, investigador de la Academia de Ciencias de Cuba, redactor jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba. Fue director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y pertenece al consejo editorial de la Revista Hispano Cubana, editada en Madrid. Ha publicado catorce libros de poemas, el último de los cuales es “Paso a nivel” (Editorial Verbum, 2005). Ha obtenido el Premio de Poesía “Julián del Casal”, el Premio “Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria” y la medalla “La Avellaneda”. Reside actualmente en Canarias.

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