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Hoy habla Fidel

Hoy habla Fidel

Hoy habla Fidel
enero 11
23:31 2014

Otro día estaba también sentado en un banco del Prado, igual que la vez anterior, igual que casi siempre, de blanco impoluto, con las piernas abiertas y los brazos extendidos por sobre las tablas del espaldar; de manera que configuraba una cruz pagana, expandida en la horizontal, olvidada del cielo o, mejor, que tomaba la tierra por el cielo. Pero esta vez no esperaba una puta y no estaba en estado de lúcida embriaguez, sino que esperaba que terminara de hablar Fidel para ponerme en estado de lúcida embriaguez. Nunca le decía Fidel, sino Castro; que pariente mío no es. Lo de Fidel es de una confianza descarada e inducida. Fidel el confianzudo. Fidel representa el arquetipo de uno de esos cubiches confianzudos, pariente o amigo, amigo de un amigo o pariente de un pariente, que entra en tu casa y, cuando vienes a ver, está en la cocina, abriendo el refrigerador, sirviéndose de los calderos, pasando al baño, defecando, durmiendo la siesta, quedándose esa noche, y la siguiente y… unos días, unas semanas, unos meses… hasta terminar apoderándose no ya de tu casa, y de tu mujer, y de tus hijos, sino de tu cuenta bancaria y de tu vida; y de los sueños en tu vida. ¡Coñoesumadre, va a ser eso pariente mío!

Mientras los parientes del Pariente meneaban el trasero en señal de salutación, por su pronto arribo, en un baile enfebrecido detrás de las congas y las orquestas oficiosas, yo, prudentemente, me había refugiado en casa de una amante en la barriada de San Lázaro. Reflexionaba acerca de que el nivel de remeneo del trasero en un pueblo dado vendría a ser inversamente proporcional al nivel de inteligencia e integridad de ese pueblo.

Era un 26 de julio y Cienfuegos se había ganado la sede para celebrar la infausta fecha; fecha como un hacha. Esa en que Castro y sus afectos asaltan un cuartel para echarle la culpa a Martí; tan campantes. Era un problema, porque cada vez que Cara de Coco venía a la ciudad, a mí y a otros desafectos nos encerraban por unas horas hasta que se marchara. Así, seguimos con el tema de la cosa confianzuda, familiar forzada. Nos encerraban por no ser confiables, afectos al proceso, y el proceso no era otro que el mismo pariente; El Pariente. ¡¿Así que hoy habla Fidel, no?! Esa vez había evadido la encerrona. Mientras los parientes del Pariente meneaban el trasero en señal de salutación, por su pronto arribo, en un baile enfebrecido detrás de las congas y las orquestas oficiosas, yo, prudentemente, me había refugiado en casa de una amante en la barriada de San Lázaro. Reflexionaba acerca de que el nivel de remeneo del trasero en un pueblo dado vendría a ser inversamente proporcional al nivel de inteligencia e integridad de ese pueblo.

Bajé por Prado desde San Lázaro y me senté allí en aquel banco a la altura de la calle Saldo; a esperar tranquilamente a que Castro terminara el discurso en la plaza. Una vez matada la perorata, y partido El Pariente, empezaría el expendio en las pipas de cerveza y la liberación de mis amigos desafectos. Moría de sed. Mataría la sed bebiendo unas cuantas jarras con mis desafectos. La tarde caía a plomo sobre la ciudad. La camisa abierta hasta la mitad del pecho. En mi pecho la Santa Bárbara de oro nadaba en sudor; con su espada prodigiosa cortaba en dos las aguas antes que descendieran hacia mi entrepierna. Me licuaba. Recordaba la última felación de mi amante. La felación, el recuerdo de la felación un antídoto frente a la voz rajada de Castro que salía por los altoparlantes para, confianzuda y afecta, meterse en cada una de las casas de la ciudad; un miasma, un mar de mierda manando, matando la ciudad…

Cuando, al fin, la rajada voz del Pariente terminó con la consabida frase de patria o muerte, muerte o muerte más bien, respiré aliviado. Pero, por poco tiempo, al rato vi que, contrario a lo que esperaba, la aparatosa flotilla de carros militares enfilaba desde la plaza por la avenida del Prado y que, para mi sorpresa, mucha gente empezó a salir a los balcones y bajar a la calle dando vítores y agitando banderitas de papel. Con tan mala pata que el jeep de Castro vino a pararse justo a mis espaldas. Me estuve quieto, ciervo herido que busca en el monte amparo; sin voltearme o mover un músculo siquiera. Procuraba recuperar las imágenes de la feliz felación. Los guardaespaldas tomaron posiciones en el Prado. Tres se pararon frente a mí apuntándome al pecho sus armas automáticas. No había odio en sus ojos, sino asombro, u odio y asombro a la vez, pero más asombro que odio, la verdad. Era como si viniera a descolocarlos el inusitado hecho de que alguien se atreviera a no pararse a hacer la venia al Pariente. Como si se estuvieran preguntando, mientras apuntaban el dedo en el gatillo, qué especie rara de rata era esa que desaprovechaba sin más su única oportunidad de acercarse a la Historia, de mostrar afecto a Fidel. A mis espaldas, apenas un metro del banco, oía la misma voz rajada de los altoparlantes que ahora, descendida a tierra, y con un matiz paternal, preguntaba por la calidad del pan que consumían, si la leche venía puntualmente a la bodega, si era leche espesa, si les gustaba el chícharo, la mezcla de café con chícharo, si tenían hijos, qué cuántos hijos tenían, que si sus hijos iban a la escuela, que si hacían la guardia del Comité de Defensa de la Revolución, que si estaban vigilantes, que si sabían quién visitaba a quién, a qué se dedicaba cada quien en cada cuadra, que si todos estaban preparados para enfrentar al enemigo y si todos a la revolución amaban. Por mucho que procuraba no podía recuperar las imágenes de la última felación. Entonces por sobre las descerebradas cabezas de los escoltas, más allá de las casas junto al Prado, y rumbo al Muelle Real, divisé una bandada de auras tiñosas que allá en el cielo acerado volaba en círculos concéntricos. Me concentré en el círculo de auras; amé a las auras. En mi campo visual no tuve más a los descerebrados artillados.

La flotilla de carros militares arrancó tan aparatosamente como había arribado hasta mi banco, despedida en aplausos cerrados y gritos de Fidel seguro a los gusanos dales duro; mientras, de entre la manada de afectos algunos secreteaban y miraban hacia mí con recelo o curiosidad, o ambos a la vez. Me levanté lenta, pesadamente, y avancé con rumbo a la plaza. Necesitaba encontrarme con mis desafectos, que ya a esa hora los estarían sacando de los calabozos,  y beber, beber y beber, como beben los peces en el río. Hasta perder el sentido…

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Escrito en Miami, 8 de enero de 2014.

Sobre el autor

Armando de Armas

Armando de Armas

Armando de Armas (Santa Clara, 1958). Escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos “Mala jugada” (Miami, 1996) y “Carga de la caballería” (Miami, 2006), la novela “La Tabla” y el libro de ensayos “Mitos del antiexilio”, traducido al italiano por el sello Spirali. Su último título publicado, “Caballeros en el tiempo”, fue editado por Atmósfera Literaria en Madrid. Es vicepresidente del PEN-CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio (Capítulo del PEN Internacional de Londres). Reside en Miami.

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14 comentarios

  1. Cubano Orgulloso
    Cubano Orgulloso enero 16, 10:34

    Es increíble como se puede hablar tanto “asunto tergiversado”, para no llamarlo de otra forma, en tan poco espacio.

    Realmente el intento de parecer sumamente inteligente haciendo una parábola figurativa y escondiendo entre líneas el desprecio hacia aquellos que si apoyan al gobierno cubano es algo realmente burdo.

    Sin contar de que espero de que no estuvieras casado en esa época, ya que nadie con un poco de aprecio hacia su esposa admitiría públicamente y con tanto orgullo de que le estaba pegando los tarros, hablando en buen cubano.

  2. aclaracion
    aclaracion enero 16, 18:46

    tu no eres cubano orgulloso, sino adulador de un turano. Como se puede ser orgullo asi?

  3. Armando Añel
    Armando Añel enero 16, 18:47

    De lo mejor de este cuento es cómo logra deslizar la descarga política sin desdibujar el hilo narrativo y el ritmo interior de la historia. Todo muy armonioso. ¡De primer nivel!

  4. Cubano Orgulloso
    Cubano Orgulloso enero 17, 12:19

    En serio?,”Aclaración”, apoyas la libertad de expresión,pero desprecias a los que no comulgan con tus ideas.Menudo demócrata.Y para aclarar, que yo sepa yo no adule a nadie,solo remarque una perspectiva evidente en el escrito.Y como todo es relativo en esta vida,para unos es un tirano y para otros fue y es el líder indiscutible de Cuba.Pero sin caer en esa discusión, eso no quita nada de veracidad a mi planteamiento.

  5. ordetx@yahoo.es
    ordetx@yahoo.es enero 17, 17:02

    Fidel Castro no ha dejado nada positive a Cuba.

  6. Yuyo
    Yuyo enero 17, 17:08

    Armando de Armas no te burles así de Reina Maria y su poema al coma-andante.

  7. Lina de Feria
    Lina de Feria enero 17, 17:10

    Qué clase de taruga fue la Reina Maria esa. Premio Nacional de Literatura por taruga.

  8. para El Cubano Sin Orgullo
    para El Cubano Sin Orgullo enero 17, 22:27

    “escondiendo entre líneas el desprecio hacia aquellos que si apoyan al gobierno”? Hombre, no hay nada escondido, el desprecio e evidente y lógico. La gente que apoya a un gobierno que mata, encarcela y expropia a quienes disienten es despreciable porque sí, no hay nada que ocultar, faltara más. Lo cual no quiere decir que la gente no tenga derecho a ser despreciable. Ciertos reptiles y mamíferos también son despreciables y tienen derecho a vivir, y que yo sepa nadie se queja porque se les desprecia. Por qué entonces se queja usted de que se desprecie a los cómplices de un régimen sangriento?

  9. Cubano Orgulloso
    Cubano Orgulloso enero 20, 12:22

    Aclaro que sin orgullo estará usted,porque yo me siento muy bien por ser cubano. Y por favor, la idea de demonizar a alguien porque apoya al gobierno de cuba es algo de por demás ya muy manido y siempre usado; o sea,parafraseando, mi punto es el correcto y pido que me acepten,pero claro,solo mi punto,cuando yo tenga el poder , solo mi punto valdrá(ese es el mensaje entre líneas de esos defensores de la democracia). Y no me quejo,solo que me parece muy irónico ese doble rasero en el mensaje.

    Y en cuanto a lo de los pobres animalitos, no sé de ninguna criatura de la naturaleza que sea despreciable.¿ Acaso le ha preguntado usted a alguno de ellos de como lo ven a usted; y si los seres humanos(que están acabando con la naturaleza) les parecen despreciables o no?

    Al final vuelvo a decir,mi planteamiento inicial sigue tan válido como al principio. pero claro, allá el que no quiera ver y apoye a todo, sea lo que sea,solo por el hecho de hablar mal del gobierno cubano.

  10. Ania
    Ania enero 21, 14:37

    Cubano Orgulloso, usted llama gobierno cubano a la tiranía de Cuba. Creo que de Armas hace muy bien en burlarse del tirano, del tirano, di todo, di más, dijo nuesro José Martí.

  11. Juvenal
    Juvenal enero 21, 14:48

    oigame Cubano sin Orgullo, yo desprecio a las serpientes y les huyo, y no por eso les quito la vida, que es lo que hace el despreciable asesino de Fidel con quienes disienten, apoyado en la despreciable complicidad de quienes lo aplauden!!!! TODO MI DESPRECIO

  12. Apolineo
    Apolineo enero 22, 21:56

    Todo mi aprecio a de Armas. Todo mi desprecio a Castro.

  13. Un Cienfueguero que conoce a Armando
    Un Cienfueguero que conoce a Armando marzo 29, 12:41

    Brother, creo que ese 26 de Julio nos tocó a nosotros recibir en la universidad a los atletas olímpicos… fue todo un desmadre de segurosos, de compinches, de porquería. Nada más te pido que no te enganches con el Cubano orgulloso, es un gatito más de los que no han abierto los ojos…
    Abrazos Mandy…

  14. La O
    La O abril 24, 18:07

    Reina María es poeta ??

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