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Hunter Yelton y la oportunidad perdida

Hunter Yelton y la oportunidad perdida

Hunter Yelton y la oportunidad perdida
diciembre 14
20:30 2013

A ver si entiendo esto. El pasado jueves, 12 de diciembre, El Nuevo Herald publicó la noticia de que una escuela de Colorado había suspendido por dos días a un niño de seis años, Hunter Yelton, por besar repetidamente a una niña sin su consentimiento. También dice que la madre de la menor dijo que el distrito escolar había hecho “una excelente labor” protegiendo a su hija del “acoso” del niño. Peor aún, del acoso sexual. Dice, además, que la escuela hizo constar el incidente en el expediente del niño, aunque aclararon – ¡qué generosidad!– que no se habían presentado cargos penales contra él. ¿Será verdad que en este país un niño de seis años puede ser considerado un delincuente? Pero ¿qué es esto?, ¿Qué está pasando?

Para poder hacerme un juicio justo y equilibrado me faltan datos. Dicen que el niño besó a la niña repetidamente. ¿Cuántas veces: tres, catorce? Dicen que la besó sin su consentimiento. ¿Es que debía haberle preguntado “me permites darte un besito, Cuquita”? ¿Dónde la besó: en la mejilla, en la frente, en la mano, dónde? ¿En qué momento: en plena clase, en el receso? La mamá de la niña califica los hechos de acoso sexual. La mamá del niño, más acertada, dice que es ridículo. Poquito más y estamos hablando de abuso sexual.

No, no hay quien lo entienda. Si es cierto que un niño de seis años puede ser acusado por el sistema de justicia penal, entonces son las autoridades las que no entienden. Yo trabajé muchos años de mi vida con niños de esa edad. Es posible que este niño sea muy cariñoso, o que necesite afecto, o que busque la atención de esta pequeña en particular porque, quizás, ella lo rechaza o no le hace caso, o que lo haga a propósito porque le gusta fastidiar. También es frecuente a esa edad que los niños protesten y den quejas: “Maestra, este niño me está molestando”.  Todo esto y más puede haber pasado, pero me cuesta aceptar que a un niño de seis años se le considere poco menos que un depredador sexual.

Dice la directora que “en la escuela primaria, cuando un niño besa a una niña, la respuesta normal de los demás escolares es una expresión de desagrado”. A menos que el beso haya sido “inapropiado”, eso no es verdad. Y pregunta: “¿Por qué los otros niños se apresuraron a decirlo?”  Y añade: “porque lo vieron una y otra vez, lo han visto meterse en problemas por eso, y han visto a la niña tratar de detenerlo varias veces, ellos saben que está mal”. Siendo así, este niño necesita ayuda y no castigo. Y yo me pregunto, ¿dónde estaban los maestros que no se percataron de estos incidentes? Todo lo que la directora dice hace pensar que los niños lo sabían todo y los maestros nada.  ¿Será que la directora forma todo este revuelo para tranquilizar a una mamá paranoide y así evitar que la señora interponga una demanda que le cueste dinero y prestigio al distrito escolar y a ella su puesto?  No lo sé.

Lo que sí sé es que una niña aprendió que dejarse besar es malo. Que un niño aprendió que besar es un delito. Que una mamá tendrá que explicarle a su hijo, muy antes de tiempo, lo que es la espada de Damocles. Y sé que un maestro (o una maestra) perdió la ocasión del beso para enseñarles a sus alumnos que sentir afecto por los demás es bueno, que golpear es malo, que no todas las personas reaccionan del mismo modo, que debemos disculparnos si hemos ofendido, que rechazar con malos modales una buena intención no es educado, en fin, era el momento ideal para promover el diálogo, para hacerles hablar y saber qué piensan, para dar una lección de vida. Es lo que en pedagogía se llama “enseñanza incidental”, esa oportunidad que se presenta por casualidad y que el verdadero maestro no deja pasar nunca.

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Sobre el autor

Madeline Hernández

Madeline Hernández

Madeline Hernández, traductora, editora, profesora de español, es doctora en Pedagogía por la Universidad de La Habana. Ha sido conductora de diversos programas de radio y televisión orientados a la educación infantil. Es fundadora del INPYL (Instituto Nacional para Párvulos y Lactantes), primero de su tipo en Cuba. Al ser intervenido el negocio por el castrismo, Madeline se dedicó a la enseñanza del idioma español para profesionales y extranjeros. Reside en Estados Unidos (ProfesoraMadeline@gmail.com).

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