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Idamanda y el secreto de la dinamita

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Idamanda y el secreto de la dinamita

Idamanda y el secreto de la dinamita
Noviembre 22
15:29 2015

 

“La gente necesita furiosamente atención, para el común de los mortales ser escuchados, atendidos, halagados, es tan decisivo como saltar a un bote en medio de un naufragio”, le recordó aquella noche Idamanda Rosael a Richard del Monte, mientras al fondo del dormitorio, en torno al croquis de la Refundación, Cuba Jr. hacía suines con implacable insistencia. “No importa si quien te entretiene resulta ser un manipulador, lo importante es que te llame diariamente por teléfono”.

Estaban sentados en torno a la máquina y Del Monte intentaba explicarle a Idamanda, ya durante un buen rato, por qué ni Cara’eCoco ni la Morena de la Luna podían compararse con el difunto Torofijo, quien a pesar de su trayectoria de abusador encapuchado había conseguido reunir una pandilla puntoCON en el corazón de La Playa, manejándola durante meses. “Escribía peoenemas, es verdad, pero de su decisión de convertirse en escritor dan prueba no menos de cinco libros publicados, además de otros tantos blogs puntoCON, anónimos o bajo su propia firma, y varios premios en el País de las Mandarinas”, le había dicho a propósito de Troloberto, mas Rosael conocía demasiado bien la naturaleza mandarina como para dejarse enredar por consideraciones adyacentes. “Precisamente, querido, Cara’eCoco, por ejemplo, solo imita, apenas trabaja y ni siquiera… –la sicóloga se detuvo luego de llevarse, con alarma, una mano a la boca–. De ahí que una vez establece la ecuación costo-beneficio tenga todo el tiempo del mundo para supuestamente preocuparse por su presa, halagarla y todas esas cositas”.

“¡Tonto, fue lo que nunca entendiste!”, saltó en defensa de su madre, en tono burlón, Cuba Jr. “¿Quién te dijo que a un Cara’eCoco, o a una Morena, les urgía ser libres? El primer interés es el reconocimiento de los demás, y el segundo el dinero… que te reconozcan y te atiendan es capital, o viceversa, porque en esto tampoco el orden de los factores altera el producto. En cualquiera de las dos variantes muy poco podías ofrecerles… ¡estabas demasiado ocupado con tu mujer, el trabajo, tu obra o jugando fútbol conmigo!”.

Del Monte ensayó una mueca de asentimiento e Idamanda acarició, riéndose, la cabeza de su hijo. Afuera, la cibercomedia de la feisbucosa arreciaba en sus avances –a pesar de que la conocía hasta el gato, la Morena de la Luna insistía en su persecución, empeñada en propagar infundios–, y Cara’eCoco no cesaba de pedirle a todos cuentos, decidido a dinamitar para siempre los caminos que conducían al Club de la Refundación, en el fragor de Playa Hedónica.

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Capítulo de la novela inédita La ciudad bajo los puentes (segunda parte de Erótica). Para adquirir la novela matriz, clic aquí

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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