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Incomodidad

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noviembre 02
14:58 2013

Resulta muy incómodo soportar la estrecha y permanente vigilancia mientras vives en una sociedad totalitaria, montada, entre otras cosas, precisamente para eso –en cada cuadra un Comité, en cada barrio revolución, el núcleo del Partido, los sindicatos, los chivatones mil, etc., etc.–, pero es sin dudas más difícil asimilarla igual, o quizás con mayor intensidad de control personal, cuando vives en una sociedad que en principio supusiste –y solo lo es en apariencia– liberal y moderna.

Las instituciones político-represivas aludidas más arriba, organizadas y entrenadas para una masiva y sistemática vigilancia, comprendes que en el nuevo entorno no son necesarias, pues cada hombre, cada mujer, con independencia de su edad, de su credo religioso y su orientación ideológica, llevan dentro de sí la semilla de la vigilancia, la costumbre de vivir al acecho, el aberrante hábito de mirar insistente, indiscreta y escrutadoramente, cual un láser, todo lo que no es de su incumbencia.

Resulta asombrosa la socialización de una innata conducta orientada a meterse sistemáticamente en la vida ajena –en la del prójimo, e incluso en la del que no se conoce ni por asomo– para luego dar rienda suelta al chisme, al cotilleo, como se dice por aquí, y/o a la chivatería. Y no estoy hablando desde ningún pueblo de campo, ni siquiera de ninguna concentración urbana de medio pelo. Esto ocurre en plena ciudad y no precisamente en un barrio marginal, pues se trata, al fin y al cabo, del patrimonio “cultural” de todo un pueblo.

Insisto: resulta insoportable desenvolver la vida cotidiana en una sociedad articulada secularmente para esa vigilia perpetua, ese estrecho seguimiento en el que todos participan y al que todos se someten, los unos a los otros y los otros a los unos. Envidias, bajas pasiones, miserias humanas, cainismo ancestral, mentalidades obtusas y pueblerinas, ignorancia supina… en fin, todo mezclado y reproducido a escala macro, consagrado por mayoría absoluta a una suerte de pasatiempo nacional.

Ahora sólo describo. Otro día intentaré referirme a las diversas causas –que son muchas– que a mi juicio provocan este fenómeno.

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Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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