Neo Club Press Miami FL

Iniciación de una historia por hurgar

 Lo último
  • Los cuentos de Gisela Lovio Afirma Gisela Lovio en el prefacio de Mundos paralelos (Neo Club Ediciones 2017) que le gusta escribir “cuentos sencillos, sin grandes recursos ni imágenes literarias, como si te sentaras a...
  • Una novela que todos deberían leer Un escritor tiene la obligación primera de radiografiar su tiempo, y de hacerlo con veracidad. En el caso nuestro, dispersados por el mundo, a merced del descrédito por la única...
  • Un libro redondo y abarcador Después de veinte libros escritos, José Hugo Fernández (JHF) llega a esa planicie en que el escritor necesita muy poco para decir y dice mucho. Nanas para dormir a los...
  • Luis Jiménez Hernández, un escritor naif Yo no confiaría nunca en algo que me contara alguien llamado por ejemplo Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar o Luis Jiménez. Gente que se dedica a hacer fantasmas con...
  • Nanas para despertar a los lúcidos Nanas para dormir a los bobos es el cuaderno ganador del premio ‘Reinaldo Arenas’ de narrativa correspondiente al año 2017 en el exilio (compartido con el también escritor cubano Armando...

Iniciación de una historia por hurgar

Iniciación de una historia por hurgar
noviembre 30
07:03 2017

El ensayo no es más que la acción y efecto de ensayar. Escrito, generalmente breve, sin el aparato ni la extensión que requiere un tratado completo sobre la misma materia. Representación de una obra dramática antes de ser presentada al público. Prueba preparatoria. El soberano es el ciudadano (Neo Club Ediciones, 2017) se inserta en tal género, si es que aún se nos permite encasillar el irrevocable arte de escribir en géneros literarios. Libro que, más que ensayar, hace un exhaustivo y aportador estudio sobre la implementación del Estado y el Derecho, sobre la ¿evolución? histórica no solo de Cuba sino también de Puerto Rico, y la actitud como de gerente mediador de los Estados Unidos de América y el papel que ha jugado en tal fin.

El estudio, dividido en tres partes, Un bosquejo necesario, El derecho ante la posmodernidad y El soberano es el ciudadano, reúne, sin el menor rasgo especulativo y alejado de todo posible chovinismo, treinta y seis trabajos que, en un inicio, obligan a cuestionarnos: ¿Son o no ensayos? ¿Podrá el autor mantenernos en vilo ante la veracidad de las distintas historias que asume, en el cuestionamiento constante de la historia? Para descifrar tales interrogaciones es preciso recurrir, con ojo crítico y sapiencia de viejo anticuario, a sus interioridades.

Para lograr despejar cada interrogante, nada más “indebido” para el autor que profanar ciertos documentos, tal vez concebidos previamente –en soledad y urgencia– como goce íntimo, plácido, polémico o tendencioso. En el fondo no le quedan otras alternativas, ya que los asuntos que aborda en cada estudio pudieran dar lugar a múltiples lecturas porque muestran claves (incógnitas) y respuestas que pocos comparten y muchos han esperado a lo largo de tantos años de oscurantismo feroz. En estos estudios prevalecen confidencias, reclamos, el monólogo testimonial del instante de ayer, tal vez de hoy, quizás de mañana. Conviene siempre volver los ojos al pasado y hurgar en la memoria documental con el propósito de que nada desaparezca en una parte esencial de la identidad de las naciones y de los hombres y mujeres que la sostienen, y es lo que el autor, Faisel Iglesias, ha logrado con elocuente facilidad: volver sus ojos atrás y no solo mirar en el vórtice más profundo de cuanto le ha antecedido sino también en esos pliegues de luz que intentan extinguirse, ofreciéndonos las herramientas para evitar que la esperanza naufrague y se nos convierta en esa otra Ley donde, sin derecho a una apelación justa, nos crucifiquen en el olvido.

Y he aquí lo novedoso de estos estudios. Faisel viaja al pasado libre de tabúes y desprejuiciado de todo el decir insidioso de cuantos –políticos, autodenominados politólogos y otros mal llamados estudiosos de la materia– han abordado el supuesto devenir histórico de las dos islas –Cuba y Puerto Rico–, así como las relaciones de ambas en su afán de independencia y libertad con relación a los Estados Unidos. Y, lo mejor, lo hace con estilo sacerdotal y apoyado en las premisas de grandes pensadores como Madison, Sartre, Rousseau, Lyotard, Norberto Bobbio, Fernández Sessarego, Marta Kordon, Roberto D. Agramonte, Carlos Ripoll, Alexis Jardines, Carlos Franqui, Andrés Bretón, Oscar Dimasovich, Eduardo Galeano y la poeta cubana Rita Martín, entre otros; una relatoría sorprendente sobre las causas incomprensibles de la desaparición física de lo más célebre de la literatura rusa, incluso después que llegara la Revolución Socialista de Octubre, como fueron Blok, Esenin, Maiakovski, Gumiliov y hasta Máximo Gorki, que se vio obligado a elegir el exilio, así como del más grande pensador que diera la historia cubana, José Martí Pérez. Y para el posterior análisis de algunos de los estudios aquí presentes, nada mejor que uno de los postulados del propio Martí: “Los déspotas, si son hidalgos, gustan más del sincero y enérgico lenguaje que de la tímida y vacilante tentativa”.

Y he aquí otra de las novedades, pues estos no son estudios para ser comprendidos por déspotas y sí por hidalgos que hoy, en pleno siglo XXI, sean capaces de apertrecharse de las armas del entendimiento, montar sobre su caballo y, como el buen Alonso Quijano, lanzarse, si así lo requiere el destino, contra los molinos.

Un bosquejo necesario. Este es un fiel testimonio no solo del “descubrimiento” de Cuba en 1492 y su ocupación, para llamarlo de algún modo, por Cristóbal Colón, así como por Diego Velázquez en 1512, sino también de la violenta implantación del Estado y el Derecho y la formación de su nacionalidad. En él confluyen los principales pensadores de la época, quienes, en un momento determinado y aún sin una conciencia lúcida sobre el momento y lo que se debían plantear, asumieron como líderes: Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí Pérez. Martí, el gran pensador en metáforas, el que organizara la guerra necesaria del 1895 y, sin agradecerle a los Estados Unidos de América haberlo acogido en su seno (Nueva York, 1881), haberle permitido organizar a los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso bajo un mismo partido (Partido Revolucionario Cubano, 1892, Club San Carlos, Cayo Hueso, Florida, y del que fuera su Delegado hasta el día de su caída en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895), declarara con cierto cinismo: “Viví en el monstruo y conozco sus entrañas”. También Fidel Castro, como término de formación de una nacionalidad (de)formada desde sus cimientos por sus próceres; quien no se desprendiera de la gobernatura de la isla y de la dirección del Partido Comunista hasta el último hálito de sus existencia y dictaminara a sus antojos, privando de pensamiento, voz y voto a sus semejantes.

El Derecho ante la posmodernidad. Aquí, apegado a la verdadera justicia e insoslayable verdad, Faisel Iglesias logra recopilar, gracias a su sed investigativa y espíritu escudriñador, un grupo de estudios jurídicos donde, a través de una prosa clara y en ocasiones incisiva, pero inobjetablemente aportadora, aborda los fundamentos estéticos, el compromiso con la sociedad del aparato jurídico y hasta las creencias religiosas que por la ley de la costumbre siempre predominaron en el hombre. Este grupo de estudios, más que una conversación o un diálogo, parece una serie de monólogos alucinados, desarrollados con una coherencia digna de envidiar. Analiza, con ojo de buen colimador y conocimiento de causa, la evolución histórica del Derecho Constitucional norteamericano, las causas que provocaron su surgimiento y las que motivaron que se convirtiera en uno de los aparatos jurídicos más completo de la historia moderna, sus principios básicos y técnicas interpretativas y, para darnos muestra de la sapiencia investigativa y no atiborrarnos de frases técnicas, las inconformidades y luchas de los movimientos sociales que reclamaban por la perfección de este aparato jurídico y por el lugar que les correspondía como entes sociales de su nación y la época que les tocó vivir, liderados por los activistas Rosa Parks y Martín Luther King. Transitan por estos estudios instituciones, acontecimientos importantes en el decursar histórico de la gran nación norteamericana, publicaciones prestigiosas que contribuyeron al desarrollo constitucional y la formación del Estado. Estudios que nacieron de un análisis minucioso del cotejo de originales y de la exigencia interpretativa de la realidad.

El soberano es el ciudadano. “Según los preceptos de Dios, el hombre siempre será el fin de cada obra, de cada sueño más allá de las palpitantes y, en ocasiones, oscuras páginas del cielo”. Con una prosa altamente poética y a favor no del discurso del Estado y el Derecho, sino del hombre en sí, comienza la tercera y última parte del libro. Más adelante continúa, como para reafirmar los objetivos perseguidos por él, y que no son más que el hombre como soberano ciudadano por encima de leyes y preceptos religiosos: “Sin embargo, el surgimiento o implantación del Estado –según haya sido el caso– y la invención del Derecho, en fin, el poder constituido de los hombres, hicieron nacer el concepto de soberanía”. A partir de la Revolución Francesa, la que se reconoce como madre de todas las revoluciones, y de su Constitución de la V República, comienza a hilvanar toda una serie de criterios, bien fundamentados por la Historia, el Estado y el Derecho, sobre el concepto de Soberanía Nacional, las democracias participativas –que ya no son tan participativas–, la Integración Latinoamericana –la que no ha dejado de ser más que contratos entre presidentes para, de una forma u otra, mantener el poder, todo el ego egocéntrico que les ha permitido mantener a millones de hombres y mujeres engañadas– representada por Fidel Castro y Hugo Chávez. A la luz de la más alabada frase de la constitución norteamericana, y la que quizás sea la menos lograda desde el punto de vista del derecho político, We the people (Nosotros el pueblo), llegan, una vez más, las interrogantes de las que hablé en un principio, pero esta vez las interrogantes son del propio autor: “¿Quién es el pueblo?”. “¿Quién dice ser el pueblo?”. “¿Dónde queda el pueblo cuando quien lo representa dice hablar y obrar en nombre del pueblo?”. “¿Quién en definitiva conforma la voluntad política de un país, constituido en un Estado?”. “¿El ciudadano?”. “¿O los representantes del pueblo?”. En realidad, ¿quién es el soberano? Y, ¿quién debe ser el soberano?

Estas son las interrogantes a desentrañar. Nada difícil ante un libro como un logrado intento no de ensayar “hacia”, sino de ensayar “desde”. Libro que demuestra que la memoria es como un relámpago: recrea y compone el tiempo con ánimo de inmediatez y comunicación y, al tocar los acontecimientos y recintos fecundados por quienes transitaron o residieron en circunstancias diversas los predios de antaño, se apega a historias válidas para reconstruir lo que escapó al alcance de la vista.

Un testigo es esencial en la búsqueda de lo prominente y desconocido. Constituye una fuente única que erige el diálogo y rastrea el pasado para mostrar una época que tiende a lo remoto y aviva en lo cercano. La dimensión del juicio acecha, hasta acorrala el olvido, y con las confidencias rompe una barrera de silencio para exhibir las glorias que se podrían ceñir al Estado y al Derecho y al crédito preciso, y necesario, de la Soberanía.

Esa valoración está aquí, en El soberano es el ciudadano, para sustentar la reafirmación de Faisel Iglesias.

Sobre el autor

Luis Pérez de Castro

Luis Pérez de Castro

Pérez de Castro (Pinar del Río, 1966) es historiador, abogado, narrador y poeta. Ha publicado, entre otros, los libros de cuentos 'Nostalgia del cíclope' (Ed. Libre Idea 2004), 'Mientras arde en silencio mi voz' (Ed. Capiro, 2006) y 'Epístolas de un loco' (Ed. Mecenas, 2007), y los poemarios 'Confesiones del Abad' (Ed. Matanzas, 2005) y 'Testimonio del Pagano' (Ed. Unicornio, 2007). Ha obtenido, entre otros, los premios Mercedes Matamoros, 2003; Félix Pita Rodríguez, 2006; Farraluque, 2007, y el Primer Accésit certamen de relato breve LGTBI, Premios Lorca, España, 2013. Reside en Cuba.

Artículos relacionados

Radio Viva 24

Trasladar la embajada americana a Jerusalén contribuye a la paz – por Carlos A. Montaner

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  José Abreu Felippe

El guardián en la batalla

José Abreu Felippe

Una tarde, hace ya muchos años, estaba en casa de uno de mis hermanos y me puse a curiosear los libros que se amontonaban sobre una mesa. Uno de ellos

Leer más
  Juan Carlos Recio

Sonámbulo

Juan Carlos Recio

                  Si fuera el enemigo al que le quebré su corazón cuando lo resucitaba de su propia violencia. Si pudiera mirar en

Leer más
  Manuel Vázquez Portal

Celda número cero (XIX)

Manuel Vázquez Portal

                  Yo asesiné en París a una muchacha, le recité a Verlaine, la llevé a Montparnase, ella creyó que estaba ingrávida en

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami

Lo más reciente: