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¿Para quién trabaja Miriam Celaya?

¿Para quién trabaja Miriam Celaya?

febrero 13
02:28 2011

No pertenezco al grupo en Facebook “Por el levantamiento popular en Cuba”. Aunque apoyo cualquier iniciativa que se proponga desmantelar el actual sistema vigente en la Isla, que esclaviza a millones de personas y ha costado decenas de miles de vidas a lo largo de 52 años.

No pertenezco, digo, pero no por ello dejan de llamarme la atención algunos ataques contra ese movimiento, particularmente los de una bloguera supuestamente alternativa, residente en Cuba, que repite en su agresividad contra el activismo anticastrista en Internet: Miriam Celaya.

Ya en artículo publicado el 3 de junio de 2009, titulado ¿En nombre de quién?, la Celaya cargó duramente contra una iniciativa gestada ese mes en la Red por exiliados, desarrollada por cientos de bloggers y ciberactivistas, enfocada en tres demandas elementales: Libertad para entrar y salir de Cuba, Libertad de acceso a Internet y Libertad para los presos políticos. En aquella ocasión no pedíamos ningún levantamiento popular en la Isla, con lo cual el pretexto de que “es muy fácil mandar sin arriesgar el pellejo”, tan recurrente en el debate cubano, no clasificaba. Sin embargo, la Celaya se las arregló para sacarse de la manga, sin ofrecer pruebas ni citar nombres, el conejo de la descalificación: quiso hacer ver que los participantes sólo buscábamos protagonismo.

Digimax A50 / KENOX Q2Ahora, en artículo dirigido contra la iniciativa “Por el levantamiento popular en Cuba”, habla con desprecio de los “ciber Mesías” que “no nos han confirmado que desembarcarán en la Isla para ponerse al frente de la imaginaria revuelta; ergo, la carrocería para la masacre la pondríamos aquí dentro”. Echa mano a la frase hecha: “si no fuera tan serio el asunto, resultaría incluso risible”. Intenta hacerse la graciosa burlándose del grupo: “nuestros aguerridos ciberlíderes del momento” y “supongamos gentilmente que llegara una “orden de alzamiento”, aunque fuera –en un ataque de nostalgia mambisa– enrollada dentro de un tabaco”.

Y termina poniéndose apocalíptica (uno se la imaginaría al borde del pánico si no fuera porque ya estamos “viejos y escamados”): Un levantamiento “sería un golpe demoledor para la incipiente sociedad civil independiente”… “Una revuelta popular en Cuba… desembocaría en actos de violencia, ajustes de cuentas, saqueos y destrucción (…) con la subsiguiente destrucción final y posiblemente el fin de la Nación”.

¿Significó el Maleconazo de 1994 el fin de la nación cubana? Parafraseando a la Celaya, sus argumentos resultarían incluso risibles si no fuera tan serio el asunto. Pero por supuesto, no se trata de entrar en un debate aburrido, ni de pretender acallarla. La Celaya tiene tanto derecho como cualquiera a criticar lo que estime conveniente. Lo que me llama la atención es la saña contenida, latente en este último texto y en el anterior de 2009 que ya mencioné, el tono entre pretencioso y despectivo con que vuelve a cargar contra quienes, se supone, debía considerar sus aliados. Su discurso me recuerda demasiado los tics del castrismo como para que lo pase por alto: la negación del otro, el intento de anular al diferente por medio de la descalificación y la ridiculización, la arrogancia del alfabetizador de cartilla, etcétera.

¿Cuál es el problema de la Celaya con el exilio, o con aquellas iniciativas que piden más espacios de libertad para los cubanos? ¿Por qué salta nuevamente como fiera herida si una vez más no se la ha mencionado siquiera? Afirma que ella es “de los que insisten en buscar soluciones pacíficas y negociadas a los conflictos”, pero no lo parece en absoluto. Su insistencia en descalificar y/o denigrar a quienes piensan distinto, como demuestran los dos artículos citados, la convierte en un “sujeto de negociación” contradictorio, contraproducente, ya de salida. Eso por decir lo menos.

Aquí cabe aplicar cierto lugar común de uso popular en Cuba: “Nadie sabe para quién trabaja”. ¿Para quién trabaja la Celaya?

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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